Por Lucía Aragón
El nuevo presidente de Rusia Dimitri Medvedev finalizó su visita oficial a China, su primer gran viaje al extranjero, donde las cuestiones de energía y apoyo a su “socio estratégico”, fueron sus principales objetivos.
Inició el viernes con la firma de un contrato nuclear de mil millones de dólares. Este acuerdo trata de la extensión de una fábrica de enriquecimiento de uranio en China y el abastecimiento de combustible, anunció Serguei Kirienko, jefe de la agencia rusa de energía atómica Rosatom. “Rusia y China son socios estratégicos. Es importante que no haya ninguna pausa en nuestras relaciones”, declaró M. Medvedev.
Por su parte el presidente chino, Hu Jintao, indicó apreciar “lo que está por hacer para desarrollar las relaciones chino-rusas”.
El presidente ruso que comenzó sus funciones el 7 de mayo, visitó antes Kazajistán, antigua república soviética de Asia Central, rica en hidrocarburos. Su visita por Asia muestra el interés particular de Rusia, gran exportador de gas y petróleo, hacia la marcha asiática, en el momento en que las relaciones entre Moscú y Washington atraviesan un periodo de enfriamiento, según los analistas.
El viernes, al final de un encuentro entre los dos presidentes, hicieron parte de sus inquietudes sobre el proyecto americano de desplegar un escudo antimisiles en Europa del Este. Este proyecto “impide reforzar la confianza entre los estados y la estabilidad regional y expresar nuestra inquietud sobre este tema”, indicó una declaración conjunta. Los Estados Unidos afirman que el escudo es para protegerlos de ataques eventuales de países como Irán, pero el proyecto es considerado por Moscú como una amenaza a su seguridad.
“La creación de un sistema global de defensa anti-misiles (…) en ciertas regiones del mundo, o el desarrollo de cooperación en ese sentido, no contribuyen a mantener el equilibrio estratégico y la estabilidad impide los esfuerzos internacionales por el control de armamento y la no proliferación”, según el texto conjunto China-Rusia.
Los dos países igualmente proclamaron el papel de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) de la cuál son miembros eminentes y que reúne igualmente a Kazajistán, Kirguizistán, Tadjikistan y Uzbekistán. Un organismo que serviría de contrapeso a la OTAN. La OCS “se ha transformado en un factor extremadamente importante de refuerzo de la estabilidad estratégica, de mantenimiento de la Paz y de la seguridad y del desarrollo de una cooperación económica y humanitaria diversificada en Eurasia”, afirmaron las dos potencias en una declaración conjunta.
Miembros permanentes del Consejo de seguridad de la ONU, Rusia y China tienen acuerdos comunes en varios asuntos internacionales, por ejemplo los nucleares norcoreanos e iraníes y el veto a cualquier sanción al gobierno sudanés de al-Bechir.
La cooperación económica ruso-china está en lo más alto. Los intercambios comerciales entre los dos países, en 2007, alcanzó la cifra récord de 48,16 mil millones de dólares. Actualmente es el petróleo la principal exportación rusa hacia China (41.7%) seguida de la madera y la celulosa (21.3%) mientras que China abastece a Rusia de equipos técnicos, telas, ropa, productos químicos, y alimentos.
El crecimiento de las exportaciones chinas hacia Rusia fue de 15 veces entre 2002 y 2007, mientras que las rusas hacia China crecieron 3 veces en el mismo periodo, según fuentes rusas.
Probablemente no guste a mucha gente esta cooperación estratégica, pero para los dos países es clara su unidad al defender sus intereses comunes, como vender armas a Sudán, Zimbabwe, Birmania, y su cooperación en cuanto a energía nuclear, lo que haría temblar a cualquiera.


