Hu Jia
Por Lucía Aragón
El Parlamento europeo concedió el pasado jueves el premio Sajarov por la Libertad de conciencia, al disidente chino Hu Jia, la víspera de la cumbre Asia-Europa en Pekín, que expresó su “gran descontento” después de que ejerció en vano fuertes presiones diplomáticas.
El presidente del Parlamento Europeo, Hans-Gert Pöttering, declaró en Estrasburgo que el premio se le concedía a “Hu Jia a nombre de todos los que no tienen voz en China y el Tíbet”.
Hu Jia nació el 25 de julio de 1973, en una familia que tuvo disputas con el régimen comunista desde los años 50. Sus padres en ese entonces estudiantes en la Universidad fueron victimas de la campaña anti derechista de 1957, lanzada por Mao contra los intelectuales después de haberlos incitado a criticar al Partido Comunista durante el “Movimiento de las cien flores”.
Dos años antes, su tío paterno, acusado de ser un contrarrevolucionario fue condenado a 25 años de trabajos forzados.
Siendo adolescente, Hu Jia asistió a las manifestaciones por la democracia en Tiananmen, reprimida sangrientamente la noche del 3 al 4 de junio de 1989. Ha explicado en entrevistas que debido a la violencia se volvió budista.
“Es un budista que no mataría una hormiga, un vegetariano que ama proteger el ambiente y la vida, un altruista que se compromete por llevar la justicia a la gente sencilla. No perjudica a la sociedad, al contrario contribuye con nobleza”, escribió su esposa sobre él.
Con sus inconfundibles lentes y su delgadez acentuada por la cirrosis hepática, Hu Jia es un joven que denota fragilidad pero ha demostrado firmeza en sus compromisos frente el régimen comunista.
A mediados de los años 90, pasa por formar parte de ONG’s, primero en defensa del medio ambiente; contra la desertificación viajando a Mongolia a plantar arboles como una medida de frenar el avance del Desierto de Gobi y en defensa de especies en peligro como el antílope tibetano.
Luego, trabajó en defensa de las victimas del virus del SIDA, particularmente por los campesinos de Henan, quienes se infectaron al vender su sangre, lo que le valió su primer arresto en esta provincia en 2002.
Al lado de su esposa Zeng Jinyan, que encontró cuando era voluntaria de la Cruz Roja, Hu utiliza las nuevas tecnologías como el internet y el celular, para mantener a los periodistas extranjeros informados sobre otros disidentes, entre ellos su amigo Gao Zhisheng.
“China siempre ha sido una dictadura” expresó en una entrevista concedida a la AFP en 2007.
“Ahora existe la posibilidad de democratizar este país por primera vez en 5000 años de historia. Por lo que me siento privilegiado de vivir esta época y ello explica lo que hago”.
Desde abril del 2004, Hu Jia ha sido privado de su libertad de diferentes maneras, primero en arresto domiciliario en su apartamento al este de Pekín con el nombre irónico de “Bobo ciudad libertad”.
En noviembre del 2007, fue arrestado después de participar en una teleconferencia desde su departamento vigilado, en una reunión del Parlamento europeo sobre los derechos humanos en China en vistas de los Juegos Olímpicos, presidida por la eurodiputada ecologista Hélène Flautre.
El gobierno chino multiplicó estos últimos días las presiones en el Parlamento europeo, como ya lo había hecho en octubre cuando Hu Jia fue nominado al Premio Nobel de la Paz.
Estas intimidaciones fueron “contraproducentes”, comentó un portavoz del Sr. Pöttering. En una carta del 16 de octubre, el Embajador de China ante la Unión europea, Song Zhe, advirtió al Presidente del parlamento que si Hu Jia era el laureado 2008: “Contrariaría inevitablemente al pueblo chino y deterioraría seriamente las relaciones entre China y la Unión europea”.
Pero esta vez, el Sr. Pöttering hizo caso omiso y el Parlamento europeo en pleno saludó la noticia con aplausos, una victoria de los presos de conciencia y por qué no también del gran pueblo chino.


