Novruz en Azerbaiyán

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Lucía Aragón

Novruz, el año nuevo persa, es una fiesta de la primavera que se celebra en varios países y es patrimonio cultural de la humanidad. La Asamblea General de la ONU lo incluyó en la lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO, aprobado en la 71º sesión plenaria el 23 de febrero de 2010.

Novruz significa “nuevo día” y se celebra el 21 de marzo. Es el principio de año para más de 300 millones de personas en todo el mundo, como Asia Central, los Balcanes, el Cáucaso, la cuenca del Mar Negro, Medio Oriente y otras regiones.

Jóvenes de Azerbaiyán celebrando el Novruz (Wikipedia)

Esta festividad data de tiempos prehistóricos, en algunas regiones desde hace más de 3000 años. En Azerbaiyán, sólo en su capital se han organizado más de un centenar de actividades para celebrar el Novruz este año.

La gente siempre ha celebrado el despertar de la naturaleza, el resurgimiento de la vida. Por eso se ha mantenido desde la antigüedad, incluso en la época en que estuvo prohibido, cuando Azerbaiyán era parte de la Unión Soviética.

El nombre mismo del país, Azerbaiyán significa “tierra de fuego” y el simbolismo del fuego es parte integrante del Novruz. No lejos de Bakú, se encuentra una maravilla de la naturaleza, Yanar Dagh o Montaña de Fuego, una colina en llamas alimentada por el gas natural que se filtra en sus laderas, que nunca se apaga llueva o nieve.

Antes de que llegara el cristianismo y el islam, la religión principal era el zoroastrismo, el Templo del Fuego fue testigo de la época dorada de esta creencia.  A lo largo de su historia, los azerbaiyanos han celebrado el culto al fuego de sus antepasados. El fuego era una comunión con dios, ahora es algo sagrado que los une con su pasado.

Generalmente la preparación para Novruz empieza un mes antes al festival, cada semana se consagra a uno de los cuatro elementos. Cada martes se celebra el día de uno de los cuatro elementos; agua, fuego, tierra, aire. La gente limpia su casa, planta árboles, confecciona vestidos nuevos, pinta huevos, hace pasteles tradicionales como shakarbura, pakhlava y una gran variedad de cocina nacional. El trigo se fríe con kishmish (pasas) y nueces (govurga). Como un homenaje a la adoración del fuego, cada martes durante las cuatro semanas antes de la fiesta, los niños saltan sobre pequeñas hogueras y encienden velas. En la víspera de la fiesta se visitan las tumbas de los familiares.

Los organizadores tratan de preservar sus características tradicionales, a pesar de que el arte popular no se mantiene en su forma original, sino que cambia y evoluciona constantemente.

En la víspera del equinoccio de primavera, se encienden hogueras en todos los pueblos y ciudades. Los familiares se dan la mano y bailan. Luego saltan por encima de las llamas diciendo: “Tiramos al fuego todas nuestras desgracias.”

El genio mentiroso o los siete espejos del alma

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Charles Brulhart, Metafora.ch

Había una vez un joven príncipe que encontraba que la gente a su alrededor era mala y egoísta. Habló de ello un día con su tutor que era un hombre sabio y prudente, y le dio un anillo al príncipe.

-Este anillo es mágico. Si le da vuelta tres veces, un genio aparecerá. Sólo tú lo verás. Cada vez que estés insatisfecho con la gente, llámalo. Él te aconsejará. Pero cuidado: este genio no dice la verdad si no le crees. Constantemente intentará engañarte.

(Photos.com)

Un día el príncipe montó en cólera contra un dignatario de la corte que había actuado en contra de sus intereses. Le dio tres vueltas al anillo. Inmediatamente, apareció el genio.

-Dame tu opinión de las acciones de este hombre, dijo el príncipe.

-Si hizo algo en tu contra, es indigno de servirte. Tienes que despedirlo o someterlo.

En ese momento el príncipe recordó las extrañas palabras de su preceptor.

-Dudo que me digas la verdad, dijo el príncipe.

-Tienes razón, dijo el genio, trataba de engañarte. Por supuesto, puedes someter al hombre, pero también puedes aprovechar el desacuerdo para aprender a negociar, hacerle frente y encontrar soluciones que satisfagan a los dos.

Un día de viaje por la ciudad con algunos compañeros, el príncipe vio una gran multitud alrededor de un predicador. Escuchó un momento el sermón de este hombre y quedó profundamente conmocionado por las palabras que contrastaban brutalmente con sus convicciones. Llamó al genio.

-Según tú, ¿Qué debo hacer?

-Hazlo callar o vuélvelo inofensivo, dijo el genio. Este hombre defiende ideas subversivas. Es peligroso para ti y tus súbditos. Eso me parece justo, pensó el príncipe. Peo puso en tela de juicio lo que dijo el genio.

-Tienes razón, dijo el genio, mentí. Puedes neutralizar a este hombre. Pero también puedes analizar sus creencias, preguntarte por tus propias certezas y enriquecerte con las diferencias.

En el cumpleaños del príncipe, el rey dio un gran baile, donde fueron convidados reyes, reinas, príncipes y princesas. El príncipe se enamoró de una bella princesa a la que no dejaba de ver y en repetidas ocasiones invitó a bailar sin atreverse a declararle su amor. Otro príncipe la invitó también. Nuestro príncipe sintió unos celos profundos. Entonces llamó al genio.

-Según tú, ¿Qué debo hacer?

-Es un sinvergüenza, replicó el genio. Quiere quitártela. Provócalo a un duelo y mátalo. Sabiendo que su genio siempre le tomaba el pelo, el príncipe no le creyó.

-Tienes razón, dijo el genio, estaba tratando de engañarte. No es que no puedas soportar al hombre, son los demonios de tus propios temores que se despiertan cuando viste al príncipe bailar con la princesa. Tienes miedo de que te dejen, te abandonen, te rechacen. Tienes miedo de no estar a la altura. Lo que despierta en ti en estos momentos difíciles revela algo acerca de ti mismo.

En una reunión del Gran Consejo del reino, un joven noble audaz criticó muchas veces al príncipe y le reprochaba su forma de gestionar ciertos asuntos del reino. El príncipe quedó clavado en su sitio frente a estos ataques y no supo que decir. El otro continuó sin cesar, y otra vez el príncipe se quedó mudo, con rabia en el corazón. Llamó al genio y le preguntó.

-Quítale sus títulos de nobleza y sus tierras, respondió el genio. Este hombre trata de rebajarte ante los consejeros reales.

-Tienes razón, dijo el príncipe. Pero cambió de opinión y recordó que el genio le mentía.

-Dime la verdad- prosiguió el príncipe.

Voy a decírtelo, respondió el genio, incluso si no te gusta. No son los ataques de este hombre lo que te disgustó, sino la impotencia en la que te encontrabas y tu incapacidad para defenderte.

Un día en una posada, el príncipe vio a un hombre encolerizado terriblemente, rompiendo mesas y sillas. Él quería castigarlo. Pero por primera vez pide consejo al genio.

-Castígalo, dijo el genio. Es un hombre violento y peligroso.

-Me engañas otra vez, dijo el príncipe.

-Es cierto. Este hombre hizo mal. Pero si no puedes soportar su ira, es porque estás enojado y no te gusta estar en ese estado. Este hombre es tu espejo.

En otra ocasión, el príncipe vio a un comerciante que quería azotar a un niño que le había robado una fruta. El príncipe había visto al verdadero ladrón. Le quitó el látigo de las manos y estaba a punto de golpearlo cuando cambió de opinión.

-¿Qué pasa aquí?, dijo al genio. ¿Por qué esta escena me puso en tal estado?

-Este hombre se merece el látigo por lo que hizo, respondió el genio.

-¿Me dices la verdad?

No, dijo el genio. Has reaccionado con tanta fuerza porque la injusticia sufrida por este muchacho te recordó una injusticia similar que pasaste una vez. Esto despertó en ti una vieja herida.

Entonces, el príncipe reflexionó todo lo que el genio le había dicho.

-Si entiendo bien, dijo al genio, nadie me puede molestar, herirme o desestabilizarme.

-Entendiste bien, dijo el genio.  No son las palabras o acciones de otros lo que te molestan o no te gustan, sino los viejos demonios que se despiertan en ti en cada ocasión: Tus miedos, sufrimientos, tus defectos, tus frustraciones. Si lanzas un fósforo encendido en un frasco de aceite, se encenderá. Pero si el frasco está vacío o contiene agua, la mecha se apagará. Tu molestia frente a los demás es como un fuego que se enciende en ti y puede quemarte, consumirte, destruirte. Pero también puede iluminarte, forjarte, moldearte y convertir al otro en un aliado en el camino de tu transformación. Cada encuentro difícil se convierte en una confrontación contigo mismo, una prueba, una iniciación.

-Necesito saber algo más, dijo el príncipe. ¿Quién eres?

-Yo soy, también, tu reflejo en el espejo.

Charles Brulhart, www.metafora.ch enero 2004

 

Leyenda de Navidad

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Radio Son de l’Espoir

Había una vez una pobre viuda que tenía tres niños pequeños. En la víspera de navidad, los niños pidieron a su madre: “¿Tendremos un árbol de navidad este año, mamá? ¡Ay! ¡No, mis queridos hijos, somos muy pobres!”

Pero nuestros pequeños amigos eran muy ingeniosos. Decidieron ir al bosque a buscar un abeto pequeño. A pesar de todas sus pesquisas, los chicos no encontraron ninguno. Volvían a casa cuando vieron una oveja con la pata torcida en un tronco hueco de árbol.

(Photos.com)

Después de muchos esfuerzos, los niños lograron liberar la oveja. En ese momento, un pastor apareció en el lugar. “Díganme, mis niños, ¿qué hacen en este gran bosque?” “Estamos buscando un arbolito, señor, pero ¡no lo encontramos!” “Bueno, ya que rescataron a mi oveja, los voy ayudar.”

El pastor que conocía bien el bosque, se apresuró a buscar el arbolito más hermoso y se lo entregó a los niños. “¡Oh! ¡Gracias, señor!” “Gracias a usted, vamos a tener un hermoso árbol de navidad.”

Luego, los tres niños regresaron cantando a casa con su árbol. A la noche, antes de acostarse, pusieron el arbolito cerca de la chimenea y se quedaron dormidos pensando en Santa Claus.

A la mañana siguiente, cuando los niños se despertaron, encontraron su árbol lleno de regalos maravillosos. “¡Patines para mí!, exclamó el mayor. “¡Que contento estoy!” “¡Yo, tengo un palo de hockey!”, agregó el menor saltando de alegría. “Para mí, dijo el más pequeño, tengo un avión y un gran libro de cuentos”. “¡Estoy tan contento!”

La madre no entendía nada y murmuró: “Pero, ¿quién trajo todos estos regalos a mis hijos?”

Justo en ese momento, Santa Claus apareció en la casa y dirigiéndose a la mamá dijo: “Fui yo, señora, traje esos regalos a sus pequeños, porque sé que son compasivos con los animales.”

Entonces, Santa le dijo a la madre como sus hijos rescataron  la oveja de su viejo amigo, el pastor del bosque. Dicho esto, Santa, besó a los niños, a la mamá, y se fue diciendo: “¡Feliz Navidad a todos!”

El monje que dormía demasiado

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Clearharmony.net

Buda Shakyamuni enseñaba a sus discípulos a estudiar atentamente y de todo corazón la doctrina budista, a no relajarse o ser perezoso. La mayoría de sus discípulos seguían sus enseñanzas y cultivaban con diligencia, así obtuvieron el Tao y alcanzaron la plenitud total eliminando muchas de sus preocupaciones y sufrimientos.

Sin embargo, había un monje que simplemente no era diligente. Cuando los demás meditaban, él se iba a dormir. Sus condiscípulos trataron de razonar con él, pero no cambiaba.

La mayor debilidad del monje era dormir demasiado. Todos los días se iba a dormir después de comer. Mientras dormía, dejaba su puerta bien cerrada y dormía solo en su cuarto. No importaba cómo, nadie lo podía despertar.

Un día a mediodía, después de pedir comida en la calle, el monje regresó con su tazón de mendigar. Fue directamente a su habitación y se durmió. Los ronquidos que salían de su cuarto se prolongaron hasta la mañana.

Ilustración de Siddhartha Gautama, también llamado Buda Shakyamuni, mientras enseñaba a sus discípulos (Wikipedia)

Al día siguiente, Buda Shakyamuni enseñó la Ley Buda en público. Todos los discípulos estaban presentes, excepto el monje que prefería dormir. Shakyamuni preguntó: “¿Por qué el discípulo a quien le gusta dormir no vino?”

Un discípulo se levantó rápidamente y respondió: “Buda, él duerme desde ayer a mediodía. Lo intentamos todo, pero no pudimos despertarlo.”

Shakyamuni recordó que el monje sólo tenía siete días de vida. Si moría después de dormir todo el tiempo, su muerte le traería desgracia. Shakyamuni se apiadó del monje. Instruyó a sus discípulos a recitar una escritura y llevó a Ananda con él a ver al monje en su dormitorio.

Podían oír los ronquidos antes de llegar al cuarto del monje. No abrieron la puerta para no oír los ronquidos aún más fuertes. El monje estaba aún en la cama en un sueño profundo.

Ananda llamó al monje por su nombre varias veces, pero no respondió y siguió durmiendo. Entonces, Shakyamuni fue a su cama y lo sacudió suavemente. El monje se despertó de inmediato.

Viendo a Shakyamuni de pie ante él, que lo miraba con compasión, el monje se levantó de inmediato y se postró ante Shakyamuni diciendo: “Venerado Buda, perdóname por ser irrespetuoso.”

Shakyamuni le dijo: “Tienes siete días de vida. No puedo soportar verte morir durmiendo tanto y sin poder llegar a la plenitud. Estoy aquí para despertarte.”

El monje se sorprendió. Nunca se hubiera imaginado que tenía sólo siete días de vida. Estaba asustado y no sabía qué hacer.

Shakyamuni lo consoló y le dijo: “Está predestinado para ti. Hace varias vidas, cuando eras monje, eras adicto a la comida y al sueño y nunca pensaste en el significado de la Ley. No seguiste los preceptos budistas. No generaste ninguna bendición o virtud, así reencarnaste en un gusano de arroz durante 50,000 años. Luego, reencarnaste en un caracol, en almeja y en polilla, durante 50,000 años cada vez. En tus vidas anteriores, te gustaba vivir en lugares oscuros sin luz y valorabas mucho tu cuerpo y tu vida. Lo más insólito es que estos cuatro seres diferentes amaban dormir, y podían dormir por más de 100 años. No trataste de ser diligente. Después de 200,000 años, por fin pudiste pagar el pecado que habías cometido. Entonces, reencarnaste en humano y te convertiste en monje.”

“Ahora que te convertiste en monje, deberías cultivar y estudiar diligentemente para compensar lo que perdiste con anterioridad. No esperaba que estuvieras tan apegado a la comida y a dormir como lo estuviste hace 200,000 años.”

Shakyamuni dejó de hablar. El monje se sonrojó de vergüenza. Pronto se arrepintió delante de Shakyamuni. Cuando se miró profundamente se arrepintió, todos sus pensamientos extraviados desaparecieron. Pudo alcanzar el estado de Arhat (1) al final de su vida.

Sólo hay 24 horas en un día. La gente suele decir que el tiempo pasa en un abrir y cerrar de ojos. Una persona promedio duerme ocho horas al día. Las personas que duermen mucho pueden llegar a pasar la mayor parte de su tiempo durmiendo y soñando, por lo que realizan muy pocas tareas en una vida.

Muchas décadas pasan rápidamente en el mundo humano. A veces, el hombre siente que la vida es larga, pero no sabe cuando vendrá la muerte. Al mismo tiempo, no hace una buena labor, no termina con las tareas que se suponía debía llevar a cabo o las misiones que debía cumplir. Peor aún, ni siquiera se esfuerza en realizarlas. Nada lo puede ayudar, no importa el arrepentimiento. ¿Desearía realmente convertirse en un gusano dormido en su próxima vida?

El monje que dormía demasiado, finalmente se dio cuenta que tenía que aprovechar el tiempo que había perdido y que no debía estar somnoliento o dormido todo el tiempo.

 (1)Término en sánscrito que significa un ser iluminado que pertenece a la escuela Buda.

Fábula sobre la ira

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Por Clearharmony

Hubo una vez, cuando Dios vio que la gente se apartaba de sus malas acciones, cambió de opinión sobre la calamidad que había preparado, protegiéndola de una catástrofe inevitable.

Un hombre, entre los habitantes de esta tierra antigua, no estaba satisfecho con el giro de los acontecimientos. Arrepentido de sus fechorías pasadas, esperaba ser castigado y dirigiéndose hacia Dios con ira, le dijo disgustado que prefería morir en castigo a sus transgresiones anteriores en lugar de seguir viviendo. Al mismo tiempo, este hombre sabía que Dios era lento para juzgar, lento para castigar e infinitamente paciente y tolerante.

Dios le dijo amablemente: “¿Tienes derecho a estar enojado?”

(sxc.hu)

El hombre se alejó de Dios, se fue al campo construyó una vivienda y esperó.

Dios estaba triste por el hombre, porque hacía mucho calor. Por compasión, hizo crecer un arbusto justo a la derecha de la vivienda del hombre para que le diera sombra y apaciguarlo. El hombre disfrutaba del arbusto, se acostó y se durmió.

Al amanecer del día siguiente, Dios creó un gusano para que atacara al arbusto y se secara. Cuando salió el sol, el hombre despertó y vio que el arbusto se moría. Le reprochó que se marchitara y muriera y agitó el puño al cielo. El sol se abatió sobre el hombre, incomodándole cada vez más. Se levantó un viento sofocante, que hizo sufrir tanto al hombre que le pidió a Dios morir inmediatamente antes que soportar el sufrimiento.

Dios le dijo suavemente: “¿Es justo estar enojado contra el arbusto? Tú no hiciste nada para hacerlo crecer, pero el arbusto te dio consuelo. Creció solo en la noche y murió durante la noche sin ti. ¿Crees que es justo que Dios esté preocupado por un solo hombre enojado mientras otros le muestran respeto, gratitud y alabanzas, y no se enojan nunca con él?

La conciencia del hombre se despertó de repente, se sintió avergonzado, agradeció a Dios por la lección. Hizo la promesa a Dios y a sí mismo de llegar a ser una buena persona y controlar sus emociones.

Las distracciones de un Bodhisattva

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Por Radio Son de l’Espoir

En el altillo de un gran monasterio, había un viejo monje discreto, modesto, sin rango, oscuro entre los oscuros, un poco extraño. Sus colegas lo consideraban un ignorante, copia de un iluminado, en el sentido común de la palabra y no en el budista, ingenuo. Hay que decir que a pesar de todos los años pasados a la sombra de los muros del monasterio, no brillaba por su erudición. El veterano se enfadaba  por la lectura de los textos sagrados y en verano, pasaba la mayor parte de su tiempo a la orilla de un estanque resplandeciente de lotos, arrullado por el murmullo del viento, la entonación de los insectos y el canto de los pájaros. Meditaba distraído sentado en una roca, bajo la monumental sombrilla de un viejo árbol.

(Antoine Caron/La Grande Époque)

Una hermosa tarde inundada de sol, un grupo de jóvenes monjes fueron a recorrer el estanque. Fue entonces que pudieron observar, con asombro, la manera tan confusa que el anciano tenía de meditar. No pasaban cinco minutos sin que se inclinara para perturbar el espejo líquido con una ramita. A veces, se levantaba para caminar, con una rama en la mano, con la que sacaba una hoja de árbol del agua. Su curiosa estrategia hizo reír a sus hermanos más jóvenes, quienes se encargarían de darle una lección sobre la meditación.

-¿No sería mejor concentrarse con los ojos cerrados para no distraerse con el espectáculo del mundo? ¿Cómo podríamos esperar un alto logro espiritual si se mueve sin cesar? No puede estabilizar su espíritu ni dejar que el prana circule armoniosamente por los finos canales.

-Es cierto, tome como ejemplo a Buda, que obtuvo el despertar supremo permaneciendo inmóvil bajo el árbol de la iluminación.

El viejo monje se inclinó para darles las gracias por sus consejos, y enseñándoles un insecto que había pescado con la ramita, les dijo, con una sonrisa encantadora en sus labios:

-Ustedes están probablemente en lo cierto, mis jóvenes hermanos. Pero, ¿cómo puedo meditar serenamente si a mi alrededor hay seres vivos que están por ahogarse?

El grupo de jóvenes quedó estupefacto. Hubo un largo silencio, luego uno de ellos, con experiencia en justas metafísicas y desesperado por salvar las apariencias, respondió:

-Debería retirarse a una cueva para consagrarse a su propia salvación. No se preocupe demasiado por el destino de los demás. Déjelo al orden natural del mundo. Todo el mundo obtiene el resultado de sus actos anteriores. Es la ley del karma.

Y con estas palabras sentenciosas, los que dieron la lección se alejaron envueltos en sus hábitos monásticos. Llegaron a un puente que cruzaba el estanque. Fue entonces que en medio del travesaño, uno de ellos resbaló sobre una tabla cubierta de musgo y cayó al agua. El infeliz, no era otro que el orador kármico, chapoteaba entre los nenúfares, visiblemente a punto de ahogarse. El estanque era profundo en ese lugar. Fue el pánico general, ninguno de los monjes sabía nadar.

El viejo extravagante, con su infatigable sonrisa en los labios, se levantó tomó una rama y como no era lo suficientemente larga, comenzó a caminar sobre el agua. Bajo la mirada atónita de los jóvenes monjes, enlazó al candidato a ahogarse, tiró de él hacia la orilla sin mojar su faldón remendado. La milagrosa historia recorrió todo el monasterio. De ahora en adelante, consideraban al viejo un santo, un Bodhisattva oculto, un Buda viviente. Él se sintió incomodo, no podía soportar ser objeto de devoción. Se fue a otra provincia donde se escondió en el altillo de un gran monasterio.

Cuentos de los sabios del Tíbet Seuil Pascal Fauliot

De Oriente a Occidente – Edición día de las madres 2010

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Escuche esta edición especial en homenaje al día de las madres, tenemos música, poemas, saludos. También escúchenos por Radio Sensación

En este programa de radio daremos un sencillo pero merecido homenaje a nuestra bella madre

Para escucharlo presione la fotografía o entre a la siguiente página

http://www.sonidodelaesperanza.org

Japón celebra su día de los niños este 5 de mayo

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El día 5 de Mayo se celebra en Japón el Kodomo no hi, ese día, las familias izan banderas koinobori en forma de carpa, una por cada niño.

Este día, las familias japonesas que tienen niños varones izan en la entrada de la casa los “Koi nobori”  que son unas banderas japonesas con forma de carpa las cuales pueden ser desde unos pocos centímetros hasta unos cuantos metros de largas. Se dice que cuanto mas grande y bonito sea el “koi nobori” mas saludable y fuerte crecerán los varones de la familia.

Las carpas simbolizan para los japoneses el esfuerzo y la perseverancia, debido al esfuerzo que realizan estas al nada contra corriente para subir rió arriba. Según la tradición china, las carpas que logran remontar los ríos y cascadas rió arriba se convierten en dragones adquiriendo la naturaleza divina.

Además de los “Koi nobori”, en las casas donde hay varones tambien se ponen los “gogatsu ningyou” (muñecos de mayo) que suelen ser figuras de Kabuto (casco tradicional de Samurai) o alguna figura aludiendo a los Samurai. Recordar que el “Hina matsuri” (día de la niña) se ponía en las casas los “Hina ningyou”.

Siguiendo con las tradiciones, este día, los chicos deben de comer “kashiwamochi” y “Chimaki”.

El Kashiwamochi es un pastel de harina de arroz relleno con pasta de frijolitos rojos y envuelta en una hoja de roble, mientras que el Chimaki es una bola de arroz endulzada envuelta en hojas de bambú formando una figura triangular.

De Oriente a Occidente – Latinoamérica y su música

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Visite nuestro sitio de podcast y disfrute con nosotros de una nueva edición de el programa “De Oriente a Occidente“.

* En esta ocasión haremos un recorrido por Latinoamérica, hablaremos y escucharemos música de Argentina, Bolivia, Perú, Colombia, Venezuela, Cuba y México.

* Juntos aprenderemos del origen de el tango, el vals peruano, la cumbia colombiana, el mambo cubano o el mariachi mexicano.

* Pulse la imagen de la izquierda para acceder a nuestro sitio de podcast o visite la siguiente dirección http://sohny.podbean.com

* Envíenos sus sugerencias o comentarios a nuestro correo en: elsonidodelaesperanzaradio@gmail.com

Cuento japonés: Anshi

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Por Radio Son de l’espoir

Había una vez  una madre terrible como las que sólo existen en los cuentos de hadas, injusta, amargada y cruel. Había aceptado con desagrado a la esposa principal que su hijo había elegido. Anshi era hermosa, pero demasiado para el gusto de la suegra. Hija de un noble que cayó en desgracia por disgustar al emperador. La niña noble tuvo que casarse con un funcionario pobretón.

(Wikimedia commons)

Ella guardó muchos rasgos de su pasado esplendor, su pelo largo, la delicadeza de sus modales, la gracia de su silueta, el nácar de sus mejillas, la elegancia de su actitud. Pero a la odiosa suegra no le importaba, abrumaba a su nuera con las labores domésticas: cocinar, lavar, barrer.

La desdichada trabajaba incansablemente durante todo el día y no recibía más que palabras hirientes como:

-No estás en la corte, vociferaba la arpía. Fuiste muy afortunada al casarte con mi hijo, ¡buena para nada, pretenciosa, descarada!

Anshi  se quedaba en silencio.

En la época de Heïan, el código japonés estipulaba las diversas razones que justificaban repudiar a la esposa, es decir su desgracia, su muerte social.

Las dos primeras: la infertilidad y el adulterio, la tercera, la que aquí nos interesa: “La falta de piedad filial hacia los suegros.”

Esta cláusula colocaba de hecho a la joven esposa a merced de sus parientes políticos y su suegra en particular. Prestemos atención a otras tres razones de repudio que nos dejan pensativos:

Los celos. Recordemos que el marido, además de la esposa principal, tenía (según su fortuna y rango) varias esposas secundarias, concubinas a discreción, lo que no excluía visitas regulares a prostitutas. De hecho, ¿por qué su esposa podría estar celosa?

La charla (desconsiderada). Es bien sabido que un hombre, habla, explica, expone y que una mujer chismea, calumnia y parlotea…

Por fin, la enfermedad. ¿Para qué sirve una mujer enferma? Razón de más para deshacerse de ella.

Un día, la bella e infeliz Anshi cocinaba el arroz de la comida familiar, cuando su suegra se enojó con ella sin razón. La nuera parecía hacer caso omiso de sus crueles palabras, pero de pronto retiró del fuego un trozo de leña y la arrojó violentamente por la ventana;  cayó por accidente en una oveja que pasaba e incendió su pelambre. La oveja enloquecida corrió por delante y se tiró sobre un montón de paja que se incendió. Porque ese día, el viento era muy fuerte, el fuego se extendió por los graneros y establos. El ganado vacuno y caballos salvajes escaparon y en el ajetreo destruyeron la casa de un vecino. Este último, un hombre vengativo, se peleó con el dueño de los caballos y así, paso a paso, de pueblo en pueblo, de una provincia a otra, la guerra se extendió como pólvora y devastó al país. Esto es lo que puede causar la maldad de una suegra.

Así se contaban cosas del pasado.

Karma, la ley budista de causa y efecto. El karma es el fruto producido por todos nuestros actos físicos y mentales.

“El aleteo de las alas de una mariposa cambia el curso de las estrellas”

Henri Brunel.

Les plus beaux contes Zen- Calmann Lév editor

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