El dolor detrás del oro olímpico

El dolor detrás del oro olímpico

Por: José Jiménez
Desde el domingo pasado cuando finalizaron los Juegos Olímpicos de Pekín, todos los medios hacían eco de tres noticias importantes; la primera: el “éxito del evento”, la segunda, la majestuosa y mecánica ceremonia de clausura y la tercera el hecho de que China se hubiera llevado el primer lugar del medallero olímpico desbancando a los Estados Unidos.

Todos los medios de comunicación hacían extensos reportajes sobre estos hechos y muchos se admiraron del progreso que China ha tenido en los últimos 20 años. Pero muy pocos conocen algunas de las historias que se esconden o mejor dicho que tuvieron que soportar algunos atletas chinos para obtener la presea dorada.

Regularmente, obtener una medalla olímpica es un gran logro y representa una gran satisfacción no solo para el atleta, sino para el país que representa. Por ejemplo, República Dominicana recibió como héroes a los medallistas: Félix Díaz y Gabriel Mercedes, incluso el presidente dominicano Leonel Fernández dio la orden de reparar las calles del barrio, donde vive el campeón olímpico de boxeo Félix Díaz.

Desafortunadamente para los atletas olímpicos chinos no es la misma historia, ya que muchos de ellos han expresado el dolor que les causo participar en esta justa olímpica representando a China. Al comienzo de las Olimpiadas, el Ministro de Deportes chino Liu Peng declaraba alardeando: “Alcanzar la gloria olímpica en nombre de la patria es una misión sagrada asignada por el Comité Central del Partido Comunista”. Estas palabras para cualquiera parecerían como palabras de aliento para esforzarse al máximo y conseguir las preseas olímpicas, pero más bien fueron palabras o mejor dicho un mensaje amenazante para presionar a los atletas chinos a conseguir el triunfo.

Detrás de algunas preseas doradas se esconden tristes historias que lo ayudaran a entender lo antes mencionado.

La campeona olímpica de judo, Xian Dongmei, después de ganar su medalla de oro, dijo entre lágrimas que por fin vería a su hija de 18 meses, pues durante un año sólo la miró por una cámara Web via internet.

Otro caso, de la clavadista de 15 años, Chen Ruolin, fue obligada a no cenar durante un año, para mantenerse delgada. Por ello es que solo pesa 33 kilos (66 libras).

Pero el que más llamó la atención, fue el caso de la ganadora de la medalla de oro, la levantadora de pesas Cao Lei, a ella la aislaron de todo y de todos sus familiares y amigos durante su entrenamiento, por lo cual ella no se enteró que su mamá se había enfermado y estaba muriendo. Pero lo más grave, es que se enteró cuando le avisaron que no podía ir al funeral de su mamá.

Leyendo algunas historias de atletas olímpicos de otros países, algunos contaban la alegría que les daba el tener a sus papás con ellos, apoyándoles y dándoles ánimos. Pero para los deportistas chinos eso era algo imposible, a pesar de estar en su país, los padres chinos, solo tuvieron que conformarse con ver a través de la televisión las proezas de sus hijos.

Ante tanta presión y maltrato por parte de las autoridades deportivas chinas, el gimnasta chino Chen Yibing, tras ganar una medalla de oro, dijo ante los reporteros “No tienes control ni de tu propia vida. Los entrenadores están contigo todo el tiempo. Hay gente vigilándote en todo momento, los médicos y hasta los cocineros del comedor. No tienes más opción que la de entrenarte para no defraudar a los demás.

¿A “los demás” o al régimen chino? Se sabe que hay más abusos e injusticias dentro del sistema deportivo chino, se sabe que el régimen chino en su afán de querer ser ante todo el mundo la gran potencia, ha destruido o arruinado la vida de millones de sus ciudadanos.

Ojala que los atletas chinos, despierten y muestren su inconformidad ante estos hechos y que se den cuenta que el ganar una medalla olímpica, sea para de verdad obtener un logro personal, una alegría para la familia, o un orgullo para su país, y no para cumplir o satisfacer el ego de un régimen comunista que en lugar de tratarlos como deportistas, los trata como miembros de un escuadrón militar o lo que es peor, los trata como esclavos.

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