Radioactividad, protección natural y consecuencias para la salud

Gerard Camelin, La Grande Èpoque

El peligro de la radiactividad de debe a la radiación que, como bala de cañón puede romper las moléculas que componen las células de nuestro cuerpo y sobre todo su precioso ADN.

Así podemos comprender que, para la misma dosis de radiación, los efectos varían según el lugar colisionado, el tipo de partículas radiactivas (la bala) o la radiación que emite. El tiempo de vida media de estos elementos que va desde unas pocas decenas de días a cientos de miles de años es también un factor determinante en una estrategia de defensa.

Los diferentes órganos del cuerpo afectados también reaccionan de manera diferente dependiendo del estado de salud del sistema inmunológico, la vitalidad en general, la edad de la persona y su estado mental o psicológico en el momento de la agresión. ¡Todos estos factores tienen que considerarse a largo plazo!

Kelp en una playa de Tasmania (Wikipedia)

Tras el desastre de Fukushima del 11 de marzo pasado, los elementos de mayor riesgo para Occidente son el yodo 131 y el cesio 137, que son muy volátiles. Otros contaminantes son muy pesados y se precipitan en la tierra muy rápidamente.

Sin embargo, en el mar, se corre el riesgo de concentrarse en la pirámide de la cadena alimentaria. Se registró desde el 5 de abril a 150 kilómetros al sur de la central que los peces capturados ya mostraban 526 becquerel/Kg de cesio 137 que excede el límite en Japón de 500Bq/Kg.

Los principios de protección anti-radiactividad natural o no naturales se basan en 4 principios rectores:

1.El principio de la saturación o absorción por una re mineralización más o menos selectiva: Si tenemos suficientes minerales en nuestro organismo, las células se saturan. No fijan ni concentran poco o nada de esos elementos tan peligrosos que actúan en periodos muy largos de tiempo.

Cada elemento radioactivo absorbido por el cuerpo es atraído hacia los tejidos y los órganos en los que el elemento estable o su similar se utiliza normalmente. Con este fin, el famoso equilibrio acido-base de nuestro organismo se hace mucho más prominente. El uso de ácidos grasos poli-insaturados que permiten reparar las membranas celulares, tejido nervioso, etc. También debe ser objeto de seguimiento.

2.El principio de drenaje o quelación: Ciertos alimentos atraen las sustancias radiactivas para permitir su evacuación del organismo por los intestinos. El más conocido es el alginato de sodio, constituyente importante de las algas cocinadas tradicionalmente en algunos países marítimos, como Japón, el kelp, el arame, wakamé, kombu y el iziki. Además las algas se cocinan muy bien y contienen 56 minerales y oligoelementos indispensables para nuestro organismo. Las investigaciones existentes permiten recomendar dosis de 85 a 170 gramos de algas por semana dependiendo de la situación de irradiación.

3.El principio de neutralización de radicales libres creados tras la exposición a la radiación por la acción de los antioxidantes y enzimas. Hay que alimentar nuestro organismo de manera de elevar al máximo el nivel de estos nutrimentos.

4. El principio que usa ciertos alimentos o plantas cuyos principios activos protegen de manera específica contra los diversos efectos generales de la radiación o radioterapia.

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