Sudán: “Mi trabajo consistía en limpiar armas y dar grasa a las botas”

IRIN News

BENTIU, Estado de Unidad- Michael David (nombre ficticio) no tuvo una infancia como los demás. Durante los primeros 11 años de su vida fue soldado y un niño de la calle, parte de un millón de niños en edad escolar que no va a la escuela primaria al sur de Sudán. Pero ahora su vida puede cambiar:

Un niño soldado de Sudán (Eric Feferberg/Getty Images)

“Mi madre fue una de las muchas esposas de mi padre. Vivíamos en una casa con un montón de “tukhuls” (cabañas) cerca de Bentiu, con mi hermano mayor y el resto de la familia. Un día mi madre dejó a mi padre, que era muy viejo, y nos llevó a la casa de otro hombre, un amigo de ella. No sé qué edad tenía pero aún no iba a la escuela.”

“Este hombre no nos quería mucho, a mi hermano y a mí. Nos quedamos ahí un tiempo. Cuando tenía 7 años y mi hermano 9, nos llevaron al cuartel y nos dejaron allí. Tuvimos que trabajar muy duro para tener que comer y un lugar para dormir.”

“Como estaba con los más chicos, mi trabajo era limpiar las armas y dar grasa a las botas. Después de limpiar un arma de fuego, la llevaba al campo de tiro para probarla. Así aprendí a ser un soldado. También espiaba: Iba delante de los soldados y les contaba lo que había visto. Mucha gente no tenía idea que fuera un soldado.”

“En ese tiempo ya bebía alcohol y fumaba.”

“Después de dos años en los cuarteles, mi hermano y yo no podíamos soportar más sufrimientos: A menudo no nos daban de comer y los demás soldados nos trataban mal. Mi hermano nos convenció, a otro niño y a mí, que debíamos de escapar y finalmente lo hicimos.”

“Nos encontramos en Bentiu. Mi hermano y yo sabíamos donde vivía el papá de mi padre, entonces nos fuimos a su casa. Aceptó recibirnos y llevarnos a la escuela. Pero dos meses después, se fue precipitadamente a Jartum y nos dejó solos en casa. Poco después, el dueño nos sacó. Vivimos en la calle; en el día buscábamos comida y en la noche; nos íbamos a dormir frente a la casa de un vecino.”

“El año pasado, una trabajadora social me encontró en la calle y me habló de rehabilitación. Trató de llevarme a casa, pero regresé porque mi madre ya no vivía ahí. Entonces me llevaron a un centro de rehabilitación, donde me quedé tres meses. La trabajadora social me dijo que buscaría una familia de acogida. Me encontró una, así me fui a vivir con esas personas, pero eran malas conmigo. Vendieron mi uniforme de la escuela y mis libros. Así volví a vivir en la calle.”

“Este año, mi trabajadora social me recibió en su casa y se aseguró de inscribirme en la escuela. Ahora estoy en CE1. Me gusta mucho la escuela. Me dijeron que me encontrarían otra familia, sin duda un familiar, que recibiría una ayuda para que pueda seguir yendo a la escuela.”

“Por el momento, estoy contento de vivir con mi trabajadora social en su casa, como bien, duermo bien y voy a la escuela todos los días. Un día, espero ir a estudiar al extranjero, especialmente en Kenya, luego volver y convertirme en maestro. Si no llego a serlo, me gustaría llegar a ser un general del ejercito.”

“Ir a la escuela, me ayudó a dejar de beber e inhalar cemento. Pero no he podido dejar de fumar.”

Fuente: IRIN News

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