Kashgar, ciudad antigua en demolición

Lucía Aragón

En el corazón de Kashgar, ciudad con un rico patrimonio de la Ruta de la Seda, la destrucción del casco antiguo se ha convertido en el símbolo de la pérdida de identidad local de la etnia uigur, musulmanes de habla turca, dada la política de desarrollo económico y propagación de la cultura acorde al Partido Comunista Chino.

Casco viejo de la ciudad de Kashgar (Wikipedia)

Mientras se escuchan los ecos de los llamados a la oración al final del día del Ramadán, los habitantes de Kashgar caminan hacia las mezquitas en un paisaje donde las grúas surgen, lo que refleja los cambios radicales que tienen lugar en esta ciudad.

“Esta Kashgar es una nueva Kashgar, no tiene nada que ver con muestra ciudad centenaria. Han borrado nuestra cultura”, se lamenta un comerciante uigur de 24 años, que prefiere permanecer en el anonimato por el carácter sensible del tema.

De acuerdo con el gobierno de la Región Autónoma de Xinjiang (noroeste de China) la demolición se refiere a los edificios peligrosos, como parte de un programa de reasentamiento de cerca de 50,000 familias, por un total de siete millones de yuanes (760 millones de euros).

“Kashgar se encuentra en una zona sísmica activa, por lo que es importante que las casas puedan resistir un terremoto”, explica Aysajan Ahat, un director del programa. Pero los habitantes responden señalando los edificios que se conservan de pie por siglos.

A medida que avanzan las excavadoras, las casas tradicionales de ladrillo y adobe, se sustituyen por otras casas similares de hormigón y ladrillos.

Muchos personas son trasladadas temporalmente a los nuevos barrios de la periferia (a varios kilómetros de distancia), donde se construyen altas torres como en la mayoría de las grandes ciudades chinas.

La demolición de la vieja ciudad uigur también implica la instalación de infraestructura para el agua y electricidad y la ampliación de las calles, de acuerdo con el gobierno local.

Situada cerca de Asia Central, Kashgar fue un lugar de comercio para los viajeros y comerciantes que recorrían la Ruta de la Seda entre China y Medio Oriente desde el siglo II. Además de la comunidad uigur, también viven allí kasajos y tayikos, así como cada vez más han, la etnia mayoritaria en China.

Kashgar, fue escogida por Pekín para que sea una zona especial de desarrollo económico. Si se conservara, sería testigo de esta rica historia.

En la actualidad, algunos se conmueven. En marzo, los diputados europeos pidieron a China parar “inmediatamente” la demolición del centro histórico de Kashgar en una resolución adoptada en Estrasburgo.

La gente obligada a la reubicación asegura disponer de muy poca libertad para la selección  y el diseño de su nuevo hogar, una crítica rechazada de plano por las autoridades que aseguran consultar a las familias a cada paso del proceso.

Sin embargo, el proceso carece de transparencia, de acuerdo con algunos expertos del mundo uigur.

“El programa de demolición y reconstrucción es tan confuso que es imposible decir si todas las casas destruidas se reemplazarán”, dijo Michael Dillon, autor del libro “Xinjiang, China’s Muslim Far Northwest.”

Algunos uigures acusan a Pekín de no respetar su modo de vida y su cultura, en un clima de tensiones continuas. Durante el pasado fin de semana de julio, los ataques y contraataques de la policía mataron a 21 personas en Kashgar.

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