Los metales preciosos vienen de meteoritos

Los hombres siguen teniendo acceso al oro, platino y otros metales preciosos tan deseados, gracias tal vez a un bombardeo de meteoritos que se produjo aquí hace 4 mil millones de años, sugiere un estudio de la Universidad de Bristol publicado el miércoles en la revista Nature.

Onza de oro fino (Wikipedia)

Si estos metales preciosos son muy raros en la superficie terrestre, debían serlo más después de lo que se sabe acerca de las condiciones en las cuales se formó nuestro planeta, hace cerca de 4,500 millones de años.

Después del Big Bang, mientras los componentes de la Tierra estaban por incorporarse, colisiones formidables con cuerpos celestes gigantescos, del tamaño de la luna de Marte, liberaron tal cantidad de calor que se fundieron elementos químicos.

En el océano de magma creado, el fierro fundido se separó de los silicatos (minerales que componen hoy en día el 97% de la corteza terrestre) y se sumergió en el centro de la Tierra. Sin embargo, los metales preciosos son fuertemente atraídos por el fierro en estado líquido. Estos elementos “siderófilos”  siguieron al fierro líquido hacia el corazón de nuestro planeta, abandonando la corteza terrestre.

Un tesoro inaccesible reposa desde entonces bajo nuestros pies a más de 3000 Km de profundidad: nuestro planeta está chapeado de placa de oro de ¡cuatro metros de espesor!

A pesar de eso, la concentración de metales preciosos en el manto terrestre es 10-10,000 veces más de lo que debería.

Algunos científicos consideran que la atracción de siderófilos por el fierro se redujo al someterse a presiones y temperaturas intensas en el fondo de océanos de magma. Esta teoría funciona para algunos de estos elementos, pero no para todos.

Los investigadores propusieron una explicación alternativa, la de un “bombardeo tardío” (de 3,800 a 4,000 millones de años, todo es relativo) por otros meteoritos, mucho más pequeños, que añadieron un 0.5% a 1% de materiales adicionales a nuestro planeta. Sin embargo, el hierro líquido ya había emigrado al centro del globo, el oro y sus primos siderófilos no sucumbieron a su atracción y por lo tanto, se mantuvieron cerca de la superficie, razón por la cual los podemos encontrar en las minas.

Una explicación plausible y atractiva, pero difícil de confirmar. Aunque los geólogos tienen evidencia visual y tangible de esta “acumulación tardía” de pequeños meteoritos terrestres, ignoran si esta aportación es suficiente para justificar la relativa abundancia de metales preciosos en la corteza terrestre.

Matthias Willbold y su equipo de la Universidad británica de Bristol procedieron a un análisis de una precisión sin precedentes en las variaciones de tungsteno, un metal particularmente resistente, en la superficie del globo.

Los resultados publicados en la revista científica Nature, confirman la teoría de “llegada tardía.”

Porque si la corteza terrestre tiene en todas partes el mismo contenido de tungsteno 182, un isótopo de este metal, no es el caso para algunas zonas muy antiguas que probablemente se escaparon del bombardeo de meteoritos. Al igual que las rocas de Isua en Groenlandia, que se formaron hace 3,800 millones de años.

Para el científico planetario, Thorsten Kleine, el estudio plantea otras cuestiones interesantes. Desprovistos de cualquier aporte de bombardeos tardíos, las muestras de Isua “deberían ser muy bajos en elementos altamente siderófilos. Sorprendentemente, no lo son, por razones que aún escapan a la comprensión”, dijo en un comentario aparte.

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