La vida en rosa

Ver la vida en rosa puede evitar la ansiedad y el estrés, pero también impide admitir los riesgos y actuar en consecuencia, esto se debe a la disfunción  de los lóbulos frontales del cerebro, según un estudio publicado en la revista Nature Neuroscience.

(Photos.com)

Los investigadores, del Centro de Estudios de Neuro-imagen de la University College of London, querían entender por qué la gente muy optimista se obstina en considerar solamente la información que refuerza su visión del mundo.

Se presentaron 19 voluntarios en un experimento que usó resonancia magnética funcional, que puede medir la actividad cerebral. Una vez en el túnel de la máquina, se les pidió que estimaran la posibilidad de una serie de eventos, desagradables o incluso catastróficos, que pudieran sucederles en el futuro: robo de autos, despido, mal de Parkison, cáncer…después de un breve descanso, mientras estaban aún en la cámara, se les dieron diversas probabilidades.

Una vez fuera, se les preguntó de nuevo qué riesgo corrían si les ocurrieran esos eventos. También tuvieron que llenar un cuestionario sobre su nivel de optimismo.

Los investigadores encontraron que una vez informados del verdadero nivel de riesgo, los voluntarios cambiaron su estimación solamente si fuera menor del que habían contemplado originalmente. Por ejemplo, si se había estimado el riesgo de cáncer en un 40%, pero luego se les dijo que era del 30%, tenían la tendencia, luego de una segunda estimación, a decir que era del 32%. Si habían dicho inicialmente 10%, modificaron un poco su estimación.

“Cuanto más seamos optimistas, es menos probable que se vean influenciados por la información negativa acerca del futuro”, dijo Tali Sharot, uno de los responsables del estudio.

Hay que entender por qué.

En los escáneres cerebrales, los investigadores encontraron mayor actividad en los lóbulos frontales, fuertemente asociados con el control emocional, cada vez que la realidad era más satisfactoria de lo que pensaban. Lo que significa que la nueva información se registró bien y que la persona la tiene en cuenta.

Por el contrario, cuando la realidad era peor que sus suposiciones, los más optimistas eran los que tuvieron menor actividad en los lóbulos frontales: su cerebro ignoraba los nuevos datos.

Este optimismo que los hace ciegos evita el estrés, pero no está exento de riesgos, dijo la Dra. Sharot. “Esto nos puede llevar a no tomar precauciones, como ahorrar para la jubilación.”

Muchos expertos, dice, creen que la crisis financiera de 2008 fue precipitada por analistas demasiado optimistas, que sobreestimaron el rendimiento de valores y excluyeron las pruebas en sentido contrario.

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