El anciano vendedor de sobres.

La historia real del anciano que vende sobres en la ITB (Instituto Tecnológico de Bandung), la escribió el profesor Rinaldi Munir, profesor en la ITB. Se trata de un anciano que no teme sobrevivir de la venta de sobres en la Mezquita de la ITB en Salman. Hoy en día, los sobres no son necesarios, muchas veces el anciano se va a su casa con las manos vacías.

El anciano que vende sobres en la ITB

Cada vez que conduzco hacia la mezquita para la oración del viernes, siempre veo a un anciano sentado, pensativo con su mercancía. Vende sobres envueltos en plástico. A primera vista, su mercancía luce “extraña” entre los vendedores que ocupan el “Mercado de Sorpresas” cerca de la calle de Ganesha. Por lo general, venden alimentos, ropa, DVDs piratas, juguetes, zapatos y otros accesorios. De hecho, es un poco extraño que se destaque por vender sobres, algo que no se necesita en la era electrónica actual. El apogeo de la entrega de correo convencional ya pasó, pero el viejo sigue vendiéndolos. Puede ser que no vaya con los tiempos, mucho menos con el rápido desarrollo y el momento de la tecnología de la información, así que pensó que había personas que aún necesitaban sobres para enviar cartas. La presencia de un anciano con mercancía sin vender; me causó un sentimiento de compasión. ¿Quién compraría esos sobres? Ninguno de los transeúntes estaba interesado en comprarlos. Las personas que pasaban apresurados hacia la mezquita Salman hacían caso omiso a la presencia del anciano.

Un día, cuando iba a las oraciones del viernes en Salman, vi otra vez al viejo sentado, pensativo. Me había prometido comprar sobres después de orar, aunque realmente no los necesitaba. Bueno, sólo para ayudar al anciano a popularizar sus productos. Después de la oración del viernes, y a punto de regresar a la oficina, me acerqué al anciano. Le pregunté el precio de un paquete de sobres envuelto en plástico. “Mil” dijo en voz baja (alrededor de 1 centavo USD). ¡Oh Dios mío! El precio de un paquete de 10 sobres ¿sólo cuesta mil rupias? Sólo suficiente para comprar dos bolas de verduras fritas (bala-bala) a un vendedor ambulante cercano. Mil rupias no es nada para nosotros, pero para el viejo era importante. Se me hizo un nudo en la garganta y traté de contener lágrimas de piedad, al escuchar el precio tan barato. “Le compro diez paquetes señor”, dije.

El anciano me miró encantado por comprar sobres a granel. Puso los diez paquetes de nuevo en sus cajas. Sus manos temblaban mientras lo hacía.

Volví a preguntarle por qué los sobres eran tan baratos, si los compramos en los puestos, un sobre vale como 100 rupias (alrededor de 0.1 USD). Con 1000 rupias, tal vez podría comprar 5 sobres. El anciano me mostró el recibo de compra de los sobres de la tienda, 10 paquetes por 7,500 rupias (alrededor de 0.75 USD). “El abuelo sólo toma un poco”, dijo en voz baja. Así que tenía una ganancia de 250 rupias (alrededor de 0.25 USD) por un paquete de diez sobres. Me emocionó mucho escuchar la respuesta honesta del anciano. Si un vendedor atrevido “engaña” incrementando el precio de venta para obtener el doble de ganancias, el anciano sólo tomaba un poco de ventaja. Incluso si vendiera diez paquetes, la ganancia serviría para comprar arroz a los vendedores ambulantes. ¿Quién quiere comprar sobres al por mayor hoy en día? En un día, no puede vender diez paquetes, y se necesita al menos 20 para poder comprar arroz.

Después de pagar 10,000 rupias por los diez paquetes de sobres, regresé a la oficina. No olvidé darle al anciano más dinero para comprar un almuerzo. Lo recibió con manos temblorosas mientras agradecía con la voz a punto de llorar. Me fui de inmediato, ya que no soportaría derramar una lágrima. Mientras caminaba recordé el estado de un amigo en Facebook que decía así: “Los ancianos que no pueden vender bien sus productos, las ancianas que se sientan en silencio delante de sus puestos. Busque razones para comprar sus productos, aunque no los necesite. No siempre compre cosas, en los bien surtidos centros comerciales y tiendas…”

El viejo vendedor de sobres era uno de ellos, tampoco los vendedores ambulantes pueden vender sus productos. La forma más fácil y sencilla de ayudar no es dándoles dinero, sino comprando sus productos o utilizando sus servicios. Aunque sus mercancías sean un poco más caras que en el centro comercial y tiendas, comprar sus productos será más bendecido, porque indirectamente ayudaremos a dar continuidad a sus vidas y negocios.

En mi opinión, el viejo era más respetable que los mendigos que vagan en la mezquita Salman, pidiendo limosna a los transeúntes. Los mendigos llevan a sus hijos para provocar compasión. Pero ese anciano no quería mendigar, se mantuvo firme vendiendo sobres con una pequeña ganancia.

En la oficina, observé de nuevo el paquete de sobres. Es cierto que en realidad no los necesito, pero las diez mil rupias que gasté eran esenciales para el anciano.

Puse la caja de diez paquetes de sobres en la esquina de mi escritorio. Quién sabe si los necesite más adelante. Me gustaría ver al anciano los viernes siguientes de nuevo vendiendo allí, sentado como en sueños frente a sus bienes sin vender.

Seamos agradecidos por tener la capacidad y la gracia de este anciano. Pero por supuesto no sólo con palabras sino con acciones reales. Tengamos más actos de caridad hacia la gente más pobre. Dios responderá a todos por nuestra caridad.

Agradezco a Julia Thema su traducción del indonesio al inglés. Traducción del inglés al español: Lucía Aragón.