Yongdingmen en 1950 (Wikipedia)

Quieren reconstruir algunas de las puertas de la antigua muralla de la ciudad de Pekín que ya han desaparecido: en China “proteger” el patrimonio significa a menudo arrasar un edificio para reconstruirlo de manera más o menos folklórica.

Las autoridades prometen encontrar el “aspecto original” de estos arcos monumentales que datan de las dinastías Ming y Qing, que delimitaban la pared derribada en los años 50’s. Un lugar ocupado actualmente por un periférico urbano y una línea del metro.

Un paisaje tan desbaratado que muchos pekineses se burlan de esta gigantesca tarea de “falsos vestigios”  en el corazón de un país, que ha dominado desde hace siglos, el arte de la copia.

Un ejemplo claro es el distrito de Qianmen, al sur de la Ciudad Prohibida. Demolido luego de la enorme publicidad de “renovación” de la capital antes de los Juegos Olímpicos de 2008, fue reconstruido al estilo de un Disneylandia turístico-histórico, donde los espectadores desfilan entre las luces de neón y la música de las grandes marcas internacionales.

El neologismo “qianmenización” define la práctica común en China comunista de “arrasar” con el pasado” luego, arrepentido, reconstruir “a la antigua” con falsas tejas barnizadas de las que cuelgan linternas kitsch.

“Es una práctica ignorante, estúpida y codiciosa. Ignorante  porque no conocen el significado de patrimonio cultural. Estúpido, porque no comprenden el papel crucial de la ciudad antigua para la sociedad; codiciosa porque la corrupción impregna cada etapa de la reconstrucción”, dice He Shuzhong, fundador del Centro para la Protección del Patrimonio Cultural.

En los barrios antiguos de la Torre del Tambor y de Nanluogxiang en Pekín, picoteados por las excavadoras, están en vías de “qianmenización”. Otros antes que ellos se han transformado en “escenario de película”, en palabras de Hua Xinmin, autora del libro “Me niego a ver desaparecer mi patria”.

La militante libra una batalla desigual en contra de los desarrolladores y funcionarios comunistas locales que se enriquecen mediante la destrucción de los barrios antiguos: los militares desalojan a los habitantes, a menudo mal indemnizados, escarneciendo descaradamente las leyes en vigor.

“Es mejor usar el dinero para conservar lo que queda que rehacer lo que ya no existe”, dice, teniendo en cuenta que ya dos tercios de los 3,000 hutongs (callejones) del viejo Pekín han desaparecido.

La puerta de la Torre Yongdingmen reconstruida (Wikipedia)

Rivaliza contra el semanario estadounidense Time, que incluyó en su lista 2012  de las cien personalidades más influyentes a la Sra. Chen Lihua, famosa magnate inmobiliaria, que destruyó el antiguo barrio pekinés de la Sra. Hua.

El ciclo desalojos-demoliciones concierne a todas la ciudades chinas.

Al extremo oeste del país, la ciudad de Kashgar, en la ruta de la seda, sufrió la destrucción inexorable de su centro histórico, a pesar de los gritos de alarma del extranjero. Las casas tradicionales de ladrillo y de adobe se reemplazaron por similares pero nuevas.

Sin embargo la resistencia se organizó mejor, gracias a las redes sociales. Al microblog de la Sra. Hua lo siguen cerca de 15,000 internautas.

En la capital, la reciente demolición en las vacaciones de Año Nuevo de la vieja casa de una pareja de famosos arquitectos, generó una avalancha de reacciones emotivas en la web. Liang Sicheng (1901-1972) y Lin Huiyin (1904-1955) fueron, triste ironía, los pioneros en la preservación del patrimonio cultural chino.

Ahora, imposible acercarse al sitio donde estaba la residencia (que en teoría estaba clasificada y protegida). La zona está bajo el control de los promotores, constató la AFP: vigías prohíben el acceso, delante de una valla que bloquea la vista.

“Se procedió en silencio”, se lamenta Wei Yu, un transeúnte. “No hay lugar para que las futuras generaciones recuerden su trabajo.”

Fuente: AFP

Traducción del francés al español: Lucía Aragón