David Vives, Epoch Times

Un niño enfrente de una casa quemada en la aldea de Treimsa. En la ciudad siria, la lucha se ha cobrado 150 vidas esta semana. (AFP PHOTO/ D. Leal Olivas)

Este lunes, 16 de julio, por primera vez desde que comenzó el conflicto, se vieron fuerzas armadas en el centro de la capital siria. La policía, que reprimió a los manifestantes, fueron reemplazados por soldados armados, y se suceden los ataques de mortero. Para el régimen sirio, se trata de seguir a los opositores que se habían refugiado en los barrios vecinos del centro. “Damasco, nunca la van a tener”, dijo el diario Al-Watan a los opositores del régimen.

La misión encomendada por la ONU a Kofi Annan, dio como resultado, según este último, en un fracaso. “Se han hecho grandes esfuerzos para tratar de resolver la situación pacifica y políticamente. Es evidente, que no hemos tenido éxito. Y tal vez no haya garantía de que lo tengamos”, confesó en una entrevista con el diario Le Monde. El Consejo Nacional de Siria, por su parte, anunció el cese de toda cooperación con la ONU y la Liga Árabe, la pérdida de confianza en un proceso que, según él, permitió a Assad ganar tiempo. Hoy en día, a pesar de la propuesta de Irán de reunir a los antagonistas de este conflicto, la idea de resolver la crisis mediante el dialogo parece muy lejano.

Este domingo, la intensificación de los combates registraron 105 muertos, la mitad eran civiles, más de 500 casas fueron destruidas. Según el observatorio sirio de los Derechos Humanos, los secuestros y las ejecuciones sumarias se han convertido en cotidianas para una población desesperada, mientras que del lado del régimen, niegan toda esta información. El Comité Internacional de la Cruz Roja solicita la aplicación del derecho humanitario en la situación de una guerra civil, y de parte del gobierno sirio, el respeto de los heridos en los centros de salud así como el acceso de sus delegados en los diversos centros de detención para ver a los reclusos.