David Vives, La Grande Époque

“No sólo todo el país está detrás de los Juegos”, sino también los británicos son “muy buenos en dar la bienvenida a la gente del todo el mundo”, nos asegura David Cameron que recibe los Juegos Olímpicos más caros de la historia, casi 12 mil millones de euros. El frenesí está en pleno apogeo en torno a este gran evento deportivo y sigue enseñándonos la capacidad de oferta, imaginación y de búsqueda del significado que representa este acontecimiento.

El cielo cubierto de fuegos artificiales, en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos 2012 el viernes por la noche (Thomas Coex/ AFP)

De acuerdo a un investigador, los atletas alcanzan el 99% de su potencial, haciendo difícil alcanzar un record, pero lo que es raro es valioso. Se llevarán a cabo 6,250 pruebas de control anti-dopaje durante los juegos Olímpicos. Algunas cifras, entre otras: 10,490 atletas, 70,000 voluntarios, 302 medallas, 40,000 policías, 3,000 militares, 50,000 Big Macs. Los Juegos Olímpicos son un gran teatro que tiene todo tipo de historias. Por ejemplo, un corredor de África Occidental se escapó de su campo de entrenamiento en Yorkshire y se presentó en la comisaría para pedir asilo, frecuente, parece. Por otro lado, las banderas de Corea del Norte del equipo de futbol de damas fueron sustituidas por banderas de Corea del Sur. El primer ministro pidió disculpas por esta “lamentable” confusión.

Las cuestiones políticas también están duras. El régimen chino no apreció la ira de los estadounidenses que decidieron sustituir el traje de baño Made in China por el hecho en los Estados Unidos. El régimen también presionó al gobierno británico, pues no soporta ver la bandera taiwanesa flotando en la capital. Los taiwaneses se vieron obligados a cambiar su bandera nacional por la de su delegación, como en los Juegos Olímpicos de Pekín de 2008.

La ceremonia, que se llevó a cabo por la noche, tuvo en suspenso a cuatro millones de espectadores. Pudimos ver la imaginación británica desplegarse en un entorno mágico, con el siguiente programa: una reina falsa saltando en paracaídas, Mr. Bean desatado interpretando Carros de Fuego en el teclado, un escenario olímpico suspendido por encima del estadio, un desfile de delegaciones con duración de una hora y media. El programa incluyó elementos de la cultura británica como la alocución de La Tempestad de Shakespeare, varias Mary Poppins cayendo del cielo y el pop rock británico con composiciones de los Beatles, Rolling Stones, The Clash, Eurythmics, Queen, Pink Floyd, Led Zeppelin… Sir. Paul McCartney concluyó la ceremonia con su interpretación Hey Jude. Todo un desafío con éxito para la Gran Bretaña, antes del inicio de las competencias.