David Kilgour

La propuesta de compra de participaciones de Nexen Inc, la sexta compañía petrolera más grande de Canadá, por 15.1 mil millones de dólares por la empresa estatal China National Offshore Oil Corp (CNOOC), obliga al gobierno de Harper a decidir si aprueba o no la compra, en virtud del indefinido “beneficio neto” y de la “seguridad nacional” pruebas en el Acta de inversiones de Canadá. Estas son algunas de las preocupaciones:

Stephen Harper, Primer ministro de Canadá (Wikipedia)

The Economist incluye puntos importantes sobre el funcionamiento del modelo chino de capitalismo de Estado (21 de enero de 2012), entre ellos:

“El partido-Estado chino es el principal accionista de 150 de las empresas más grandes del país y dirige miles de otras… Una cultura de corrupción permea la economía china actual, en el ranking mundial de transparencia cayó al lugar 75 de su índice de corrupción en el 2011.”

La revista cita una estimación del Banco Central de China que, entre mediados de 1990 y 2008, de 16,000 a 18,000 funcionarios chinos y ejecutivos de empresas de propiedad estatal “se llevaron un total de $123 mil millones de dólares” y concluye: “Al convertir las empresas en órganos de gobierno, el capitalismo de Estado concentra, simultáneamente, el poder y lo corrompe.”

The Party, libro publicado en 2010 por Richard McGregor, ex jefe de la oficina de The Financial Times en China, documenta que el partido comunista continúa incrustado en el gobierno, los tribunales, medios de comunicación y la milicia. Entre las conclusiones del libro:

“Los principales líderes se adhieren al marxismo en sus declaraciones públicas, aun cuando dependen del despiadado sector privado para crear puestos de trabajo. El partido predica la igualdad, mientras preside ingresos tan desiguales como en cualquier país de Asia… ha erradicado o castrado a rivales políticos; eliminado la autonomía de los tribunales y la prensa, restringido a la religión y la sociedad civil; denigrado las versiones rivales de nación; centralizado el poder político; estableciendo amplias redes de policía de seguridad; y enviando a los disidentes a campos de trabajos forzados.”

La adquisición de Nexen por la CNOOC constituiría su nacionalización por el partido-Estado de Pekín. La CNOOC está controlada por su empresa madre, la China National Offshore Oil, que pertenece en su totalidad al gobierno de China. Se trata de un error de los que defienden la compra a largo plazo en una transacción comercial. Una oferta similar a la de la CNOOC fue hecha por Unocal oil de California en 2005, pero se detuvo frente a una fuerte oposición del congreso y la opinión pública estadounidense. El mismo año, Minmetals de China comenzó su asedio a Noranda, entonces la más grande empresa minera, pero lo abandonó cuando los canadienses se dieron cuenta de que Minmetals era una filial del departamento de minas del gobierno de Pekín.

El presidente de la Junta de la CNOOC, Wang Yilin, es también el secretario del comité del partido de la misma. Charles Burton, académico y ex diplomático canadiense en Pekín, explica:

“El comité del partido de la CNOOC tiene un grupo que inspecciona la disciplina del partido cuya cabeza, Zhang Jianwei, es también un alto miembro de la junta de la CNOOC. El trabajo del Sr. Zhang es asegurarse que todos los líderes de Nexen cumplan con las directivas secretas de la dirección del partido en Pekín. Ay de aquellos que no sigan la voluntad del partido en la CNOOC… es una función del partido-Estado chino, y es difícil de creer que no vaya a funcionar de esa manera, sus abogados canadienses, agencias de relaciones públicas y los canadienses ‘pro-China’ dicen que será, al menos, no cómo se sabe el Partido Comunista Chino opera en su país. Lo que el partido clama son sus prácticas y lo que realmente hace bajo el manto del secreto, rara vez son lo mismo. Continúan las cosas desagradables, engañosas y deshonestas, y Pekín considera que se justifica por un bien mayor y “la sagrada misión” del ascenso mundial de China al poder bajo el liderazgo de la élite de políticos comunistas y empresariales.”

El comportamiento de las empresas de propiedad estatal chinas, a nivel mundial es indignante. Cuando la China National Petroleum Corp. adquirió una participación en los campos de petróleo de Sudán en 1996, Pekín apoyó el régimen de al-Bashir en Jartum, le vendió armas y lo encubrió diplomáticamente en el Consejo de Seguridad de la ONU. Bashir y sus agentes estaban cometiendo atrocidades sistemáticas en el sur de Sudán y Darfur. Muchos africanos acusan a las empresas chinas de malbaratar las empresas locales y de no contratar a sus habitantes. En Zambia, las empresas mineras chinas prohibieron la actividad sindical y en dos casos; fueron acusadas de intento de asesinato después de abrir fuego en contra de los empleados locales al protestar por las condiciones de trabajo.

En Canadá, la Sinopec SOE trajo a 150 trabajadores chinos a Alberta en 2007, para construir un tanque de almacenamiento en un proyecto petrolero. Dos murieron y dos resultaron heridos cuando se desplomó el techo del tanque. Cuando el gobierno de Alberta formuló cargos en contra de Sinopec por no proteger a sus trabajadores, la empresa de construcción Sinopec negó que tuviera presencia en Canadá. Las principales empresas nacionales están efectivamente por encima de la ley en China, y es costumbre que hagan caso omiso a la seguridad, la legislación ambiental y del empleo, con impunidad. Mostraron su falta de respeto al Estado de Derecho en Canadá como lo hacen en China, y actuarán siempre como agentes del partido-Estado que los controla.

Por el momento, Pekín no permite que una empresa o gobierno extranjero compre el control de una empresa de recursos naturales. El Primer Ministro Harper debe bloquear la propuesta de adquisición y dejar claro que cualquier empresa de propiedad estatal, sin importar su origen, se limitará a una minoría de capital social en cualquier empresa canadiense.