La Luna nació, hace mucho tiempo, de un choque apocalíptico con la Tierra y, según un estudio publicado el miércoles, la evidencia que confirma esta teoría es algo muy simple: un ligero exceso de “zinc pesado” descubierto en las rocas lunares.

Luna llena, como se ve desde la Tierra (Wikipedia)

Los científicos buscaban esta prueba desde las primeras misiones Apolo, que trajeron muestras de la Luna en los años 70. El francés Frédéric Moynier, de la Universidad de Washington en San Louis (EE.UU.), y su equipo fueron los primeros en encontrarlo.

De acuerdo con la teoría del “impacto gigante”, la Luna se creó hace unos 4,500 millones de años cuando la Tierra primitiva fue golpeada violentamente por un cuerpo celeste llamado Theia (madre de la Luna, Selene, en la mitología griega), tan masivo como el planeta Marte. En comparación, el asteroide que más tarde habría provocado la extinción de los dinosauros tenía sólo el tamaño de Manhattan.

La colisión liberó tanta energía que Theia se derritió y evaporó, junto con una gran parte de su envoltura terrestre. Parte de la nube de rocas evaporadas se volvería a asociar con la Tierra, mientras que la otra se solidificó no muy lejos, dando a luz a la Luna.

Con el tiempo, la hipótesis del impacto gigante se convirtió en la más plausible, compatible con las simulaciones informáticas y las muestras lunares muy pobres en elementos volátiles (que se evaporan fácilmente), como el sodio, el potasio, el plomo y el zinc.

“Pero si estas rocas no contenían elementos volátiles después de evaporarse durante el impacto gigante, debería encontrarse una división entre los diferentes isótopos de un mismo elemento”, sólo los más pesados se quedan en la roca, explica Frédéric Moynier en un comunicado emitido por su universidad.

El problema es que hasta ahora, nadie ha podido demostrar tal “fraccionamiento isotópico” en la Luna.

El Sr. Moynier y su equipo analizaron veinte muestras de rocas tomadas de diferentes puntos de la Luna para compararlos con las rocas terrestres y diez meteoritos marcianos.

Marte es similar a la Tierra, muy rico en elementos volátiles, como el zinc, a diferencia de la Luna. Sin embargo, el zinc en las muestras lunares tiene variantes atómicos mucho más pesados que la superficie de la Tierra o de Marte, revela el estudio, publicado en la revista británica Nature.

Todo parece indicar, que las condiciones imperantes en el momento de la formación de la Luna causaron volatilidad y fragmentación mucho más altas que las de la Tierra y Marte.

La explicación más simple y la más plausible, de tal resultado, es la fusión a gran escala causada por un impacto gigante, según los autores.

Sin la influencia estabilizadora de la Luna que gira alrededor de nuestro planeta, la Tierra sería, en efecto, muy diferente y menos favorable para el desarrollo de la humanidad. Giraría más rápidamente, los días serían más cortos, el clima más marcado  y cambiante, dicen los científicos.