Qué el Partido Comunista Chino deje de asesinar gente por sus órganos

Jennifer Zeng

El 1º de noviembre de 2012, viajé por primera vez a Canadá para asistir al Festival de Cine Pensamiento Libre en Ottawa, con el premiado documental, “Free China, el valor de creer”. Esta película examina violaciones a los derechos humanos dentro de China, desde abortos forzados hasta la extracción de órganos a presos de conciencia, a través de la historia y experiencias del Dr. Charles Lee, empresario estadounidense de origen chino, y la mía; madre, escritora y ex miembro del partido comunista. Tanto Charles como yo, junto con cientos de miles de pacíficos ciudadanos chinos, nos han encarcelado, torturado y sometido a trabajos forzados por nuestras creencias espirituales en la práctica de meditación de Falun Gong.

Jennifer Zeng en la ceremonia de entrega de premios del Festival de cine Pensamiento Libre el 12 de mayo en Filadelfia. La película “China Libre” que narra la historia de sufrimientos de la Sra. Zeng durante la persecución en China por ser practicante de Falun Gong, se llevó los máximos honores del festival. (Edward Dai, Epoch Times)

Después de la proyección del documental, observé que el público se conmovió mucho con nuestras experiencias. Muchos se sorprendieron también por el grado de tortura física y psicológica que Charles y yo tuvimos que soportar, conocer del asesinato de practicantes de Falun Gong con el objeto de sacar provecho de sus órganos vitales. Una persona del público preguntó con enojo: “¿Qué ha hecho la ONU todos estos años?”

Otra persona del público, el diputado Bryan Hayes, del Partido Conservador, preguntó: “¿Qué le gustaría que hiciera el gobierno canadiense?”

David Kilgour, diputado del Parlamento de Canadá durante 27 años, y co autor de “Cosecha Sangrienta, el asesinato de practicantes de Falun Gong por sus órganos”, libro que ofrece un análisis exhaustivo, a partir de una intensa investigación, de la extracción de órganos a practicantes de Falun Gong aún con vida en China, respondió diciendo: “Bueno, en realidad hay 25 cosas que nos gustaría que el gobierno canadiense hiciera. El Ministerio de Relaciones Exteriores al menos podría publicar un aviso en su página web informando a los canadienses que si van a China por un trasplante de órgano, hay una gran probabilidad de que asesinen a alguien como Jennifer para poder usar sus órganos. ¿Todavía querría ir a China?”

A mí, me gustaría que el gobierno de Canadá, así como todos los gobiernos del mundo exigieran al Partido Comunista Chino que deje de perseguir a los practicantes de Falun Gong inmediatamente. Lo que incluye:

1. Dejar de asesinar a los practicantes de Falun Gong por sus órganos;

2. Liberar a todos los practicantes de Falun Gong encarcelados;

3. Levantar la prohibición a practicar Falun Gong, y permitir la publicación y distribución de libros de Falun Gong en China.

La pregunta aquí es ¿hasta qué punto el gobierno canadiense y los demás gobiernos están dispuestos a ir para que esto suceda? ¿Qué ha hecho el mundo para detener al Partido Comunista Chino y deje de matar a miles o decenas de miles de practicantes de Falun Gong por sus órganos? ¿Qué grado de crímenes atroces tienen que ocurrir antes de que los gobiernos estén dispuestos a hacer algo?

Han sido muchas veces, cuando los practicantes de Falun Gong han tratado de crear conciencia sobre la extracción de órganos, que la gente pregunta: “¿Dónde están las pruebas?” Cada vez que escucho esta respuesta, mi corazón se entristece mucho.

Los practicantes de Falun Gong son un grupo de ciudadanos pacíficos y respetuosos de la ley que no tienen en sus manos el poder del estado. Cuando Ana, la esposa de un médico chino, informó por primera vez en 2006 que su esposo había quitado córneas de los cuerpos vivos de más de 2000 practicantes de Falun Gong, y que miles de ellos estaban encarcelados en una instalación subterránea y podrían ser asesinados en cualquier momento, sentí como si escuchara la noticia más terrible de mis familiares desaparecidos.

Para mí, la lógica es muy clara. Si las acusaciones están allí, si personas tan respetables como David Kilgour y su co-autor David Matas usaron sus propios recursos y realizaron la investigación para demostrar que esto está pasando, si los médicos especialistas en trasplantes como el Dr. Jacob Lavee exclamó que esto ocurre en base a su criterio profesional, si 106 miembros del Congreso estadounidense han escrito al gobierno de los EE.UU. para exigir la divulgación de información relacionada con la extracción de órganos que pueda tener, ¿no es obligación de la ONU o cualquier otro gobierno que realmente respete la vida humana tomar medidas? ¿Por qué es tan difícil llevar a cabo nuevas investigaciones o publicar una advertencia o condena? ¿Se tiene preferencias o se selecciona al intentar defender la justicia? ¿Hay diferencia o se selecciona sobre el tipo de “justicia” que estamos dispuestos a defender? ¿Se puede seguir llamando justicia?

Claro, se hacen negocios con el Partido Comunista Chino, y el partido aún controla la fuerza militar más grande del mundo. Sin embargo, con el intento de deserción de Wang Lijun, ex jefe de policía de la ciudad de Chongqing, con la condena de Gu Kailai, la expulsión de Bo Xilai, más y más evidencias y la muestra de crímenes reales detrás de las acciones de estos hombres, a los que se les atribuye la extracción de órganos a practicantes vivos de Falun Gong, siguen surgiendo.

Un crimen de tal magnitud no se puede ocultar para siempre, el Partido Comunista Chino no es tan fuerte como nos imaginamos. Creo que cuando el delito de extracción de órganos se dé a conocer a la mayoría de los chinos, el partido colapsará.

Lo que se tiene que hacer ahora es poner la última gota que derrame el vaso. De lo contrario, cuando nuestros hijos o nietos nos pregunten: “¿por qué no hiciste nada para detener este crimen?” ¿Qué podemos decir?

Jennifer Zeng es la autora de “Testimonio: La lucha de una muer china por la libertad y por Falun Gong”. Antes de que la persiguieran en China por su creencia, fue investigadora y consultora en el Centro de Investigación de Desarrollo del Consejo de Estado, del gabinete estatal. Su historia aparece en el documental premiado, “China libre, el valor de creer”, co-producido por New Tang Dynasty Television y World2Be Productions.