Antes de la aparición de la tierra, todo era silencio y oscuridad, sólo existían el cielo y el mar, hasta que los dioses Tepeu y Gucumatz crearon los árboles, los animales y el hombre. 

Así nació el mundo, según el Popol Vuh, libro sagrado, obra espiritual y filosófica, fundador de la identidad de los descendientes de los mayas en América Central y México, cuya única traducción se encuentra actualmente en una biblioteca de Chicago en EE.UU.

Los dioses querían tener creaturas que cantaran sus alabanzas. Entonces, formaron un hombre de tierra. Pero no podía caminar ni reproducirse, entonces lo destruyeron, cuenta la obra que redactaron a mediados del siglo XVI en lengua Quiché, uno de los grupos étnicos mayas, hoy desaparecido.

Luego, crearon hombres de madera, pero aunque podían reproducirse, no tenían ningún conocimiento y abandonaron a sus creadores, que los destruyeron.

“Llegó la noche de los tiempo, el tiempo de completar la obra”, decidieron finalmente Tepeu y Gucumatz. Así Yac (el gato salvaje), Utiu (el coyote), Quel (el perico), y Hoh (el cuervo) trajeron maíz blanco y amarillo, y de sus mazorcas crearon a los hombres, describe el texto.

Popol Vuh, que significa Libro de Consejos o Libro de la Comunidad, se refiere a la cosmología y el universo espiritual de los mayas, civilización que se extendía desde el sur de México al norte de América Central, cuyos descendientes celebrarán esta semana el fin de una gran era de 5,200 años, según su calendario.

Este libro, cuyo origen sigue siendo un misterio, fue distinguido en agosto con el titulo de patrimonio intangible de Guatemala. Según los historiadores, la primera versión fue escrita en idioma Quiché por los indígenas cristianizados pero se mantuvo en secreto hasta 1701, cuando el monje español Francisco Ximénez hizo una traducción al español.

El manuscrito de Ximénez es el texto más antiguo conocido del Popol Vuh, pero se ignora quién es el autor del original.

El libro relata también las aventuras de los dioses gemelos Hunahpu e Ixbalanqué, que derrotaron a los hombres de Xilalbá en un juego de pelota, por lo que se convirtieron en la Luna y el Sol.

El libro se encuentra actualmente en la biblioteca Newberry de Chicago, pero diputados guatemaltecos expresaron su intención de pedir su restitución, para exponerlo en un museo de la localidad indígena de Chichicastenango, en el oeste de Guatemala.