Debemos actuar rápidamente para reducir la cantidad de basura espacial que circunda la Tierra, que puede contaminar ciertas órbitas en unas décadas, dijeron expertos internacionales tras una reunión el jueves en Alemania.

Una ilustración publicada el 1o. de septiembre de 2011 por la Agencia Espacial Europea (ESA), muestra los escombros orbitando la Tierra. (afp.com)

Pedazos de cohetes, satélites al final de su vida, herramientas perdidas por los astronautas…Estos objetos son los restos de cerca de 4,900 lanzamientos efectuados desde el principio de la era espacial que, debido a las dislocaciones y colisiones en cadena, el “síndrome Kessler”, se siguen multiplicando.

Desde 1978, “la cantidad se ha triplicado” con “un riesgo de colisión multiplicado”, advierte Heiner Klinkard, director de Deshechos Espaciales de la Agencia Espacial Europea (ESA), en una transmisión a través de internet.

“En unas cuantas décadas ese ambiente se torna inestable”, dijo durante la Sexta Conferencia Europea sobre Basura Espacial, que se llevó a cabo hace cuatro días en Darmstadt (Alemania).

Más de los 23,000 residuos de más de 10 cm son identificados por la NASA y la ESA, la mayoría de sus órbitas bajas (por debajo de 2,000 km) son usados por los satélites de observación de la Tierra o la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés).

En cuanto a los objetos entre 1 cm y 10 cm, son cientos de miles. Los fragmentos de tamaño aparentemente inofensivos, pero lanzados a una velocidad media de 25,000 km/h, pueden dañar seriamente un satélite, dicen los expertos.

Cada año, en promedio, la ISS se ve obligada a realizar una “acción evasiva” para evitar una posible colisión. De acuerdo con la ESA, una docena de objetos se aproximan a menos de 2 Km de un satélite a la semana.

La zona más afectada: las órbitas polares situadas entre 800 y 1,200 Km de altitud, verdaderas autopistas para muchos satélites de observación.

Sin embargo, si los lanzamientos continúan al ritmo actual y no se hace nada para limitar la cantidad de escombros, el riesgo de colisión podría multiplicarse por 25, según lo previsto por las agencias espaciales.

Peor aún, incluso si se detuvieran los lanzamientos hoy, la cantidad de residuos seguiría aumentando solamente por el “efecto Kessler”.

Para abordar el problema, es necesario por un lado la colocación sistemática de los satélites desactivados en aparcaderos, donde no puedan interferir y terminen, con el tiempo,  por desintegrarse en la atmósfera superior de la Tierra.

Pero también hay que eliminar el espacio de los residuos más grandes, al ritmo de 5 a 10 objetos cada año si se quiere estabilizar la situación.

La ESA y otras agencias espaciales ya están investigando diferentes soluciones para desviar la trayectoria de los residuos a la atmósfera: los brazos de un robot, pinzas gigantes, motor unido a los restos, arpones, redes o remolques, un cañón de iones que bombardee el objeto para cambiar su curso.

Incluso algunos consideran proporcionar a los escombros una vela solar que serviría como paracaídas para frenar y obligarlo a perder altitud.

Pero en el mejor de los casos, estas “misiones de limpieza” no estarán en servicio antes de una década.

Por supuesto, todo esto tiene un costo, pero mucho menor que el de los satélites potencialmente destruidos por los escombros (100 mil millones de dólares), de los cuales nuestras sociedades modernas son muy dependientes (televisión, telecomunicaciones, etc.).

“Pero si esperamos mucho tiempo, los costos y los riesgos aumentarán considerablemente”, insistió el jefe de la ESA.

Fuente: AFP