Cómo ven la vida las moscas

Es posible reproducir la visión periférica de los insectos, sólo se necesita unir hábilmente los componentes electrónicos miniaturizados y materiales flexibles para fabricar una cámara que reproduzca el ojo compuesto de una mosca.

Foto tomada de tecnologia.facilisimo.com

Un equipo multidisciplinario lo realizó con éxito por primera vez, con un prototipo de cámara digital de 1.5 cm de diámetro y lo presentó el miércoles en la revista Nature.

En la mayoría de las cámaras convencionales, la luz reflejada por lo que nos rodea es captada por una lente y se proyecta en un material fotosensible para formar una imagen nítida. Nuestros ojos funcionan bajo el mismo principio, que es muy sensible a la luz y tiene buena resolución.

Sin embargo, la mayoría de los seres vivos, insectos y otros artrópodos, ven el mundo de otra manera: los ojos compuestos. Sus ojos se componen de muchos (cientos o miles) ojos, elementos ópticos aislados de sus vecinos y cada uno equipado con su propia lente y receptor.

Cada ojillo percibe la luz en un ángulo muy pequeño, lo que limita su sensibilidad y resolución. Pero, a diferencia del ojo humano, unidireccional y obligado a enfocar a cada cambio de distancia, la yuxtaposición de cientos de ojillos ofrece una vista panorámica y una profundidad de campo casi ilimitada.

Para imitar un ojo de insecto, los investigadores comenzaron haciendo una red plana de lentes microscópicos y elásticos, similares a los lentes de contacto. Luego, fijaron las líneas de detectores electrónicos, antes de inflarlo todo como un balón para darle la forma de semi-esfera.

Resultado: una mini cámara con cerca de 180 ojillos operativos, casi el doble de ciertas hormigas. Es “mucho menos que las libélulas (cerca de 28,000 para la Anax Junius) o la mantis religiosa (cerca de 15,000 para la Stagmatopera biocellata) pero ofrece un ángulo de visión comparable”, entre 140 y 180 grados, aseguran los investigadores.

Un dispositivo “ideal para calcular el movimiento aparente de un objeto” y para dotar un micro-drones que pueda navegar de manera autónoma, comentan en una publicación separada en Nature dos neurobiólogos del Instituto Max Planck, Alexander Borst y Johannes Plett.

“Imaginen un micro-dron del tamaño de una mano, usando un ojo compuesto artificial para orientarse entre los escombros de un edificio, mientras otros detectores de bordes escanean el entorno en busca de humo, radioactividad o incluso víctimas atrapadas entre los escombros”, escriben.

“Los micro-drones no existen aún, pero gracias a dispositivos de este tipo, se podrían ver en un futuro cercano”, dicen entusiasmados ambos científicos.

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