Los investigadores llaman la “autopista al infierno” al paso subterráneo que permite a algunos volcanes entrar en erupción muy rápidamente, frustrando los intentos de predecir, según un estudio publicado el miércoles en la revista Nature.

Exhalaciones del Volcán Popocatepetl (Foto: Cenapred)

Los volcanes arrojan rocas fundidas, magma, producido en el manto terrestre, la capa entre el núcleo y la corteza terrestre.

El magma que viene del manto se almacena bajo el volcán, que los geólogos llaman “cámara de magma”, que actúa como depósito hasta que la presión de vuelve muy grande. Entonces se produce la erupción.

Normalmente, el magma del manto sube lentamente hacia la cámara, deteniéndose en una especie de parada intermedia, varios kilómetros bajo el volcán.

Pero el nuevo estudio sugiere que puede haber vías directas desde el manto hasta la cámara de magma. El volcán puede entonces estar bajo presión, es decir, a punto de estallar en pocos meses, nada de tiempo para los geólogos.

Un equipo dirigido por Philipp Ruprecht (Universidad de Columbia) estudió esta cuestión analizando los restos de la erupción del volcán Irazu, en Costa Rica, que se produjo entre 1963 y 1965.

En los cristales de olivino, un mineral de lava volcánica, descubrieron fragmentos de níquel, metal presente en el manto, que muestra una ascensión muy rápida del magma. Si la ascensión fuera muy lenta, el níquel se hubiera fundido y distribuido a través de los cristales.

Los investigadores calcularon que el magma había ascendido 35 kilómetros a través de la corteza terrestre en unos meses solamente.

“Tiene que haber un conducto del manto a la cámara de magma”, declaró el geoquímico Terry Plank. “Nos gusta llamarlo la autopista al infierno”, agregó.

Se ha encontrado olivino con fragmentos de níquel en los volcanes de México, Siberia y en el noroeste de América, lo que demuestra que no es un fenómeno local, destaca la Universidad de Columbia, en un comunicado.

Los resultados podrían explicar por qué algunos sismólogos han detectado misteriosos terremotos a grandes profundidades, 20 a 30 Km, varios meses antes de erupciones fuertes. Estos sismos pueden indicar que el magma se abre camino a través de vías ocultas.

Los investigadores citan la erupción de Pinatubo en Filipinas en 1991, o la del volcán islandés Eyjafjallajokull, en 2010.