El autor latinoamericano más leído del mundo, murió este jueves a la edad de 87 años. Gabriel García Márquez fue parte importante del “realismo mágico”, corriente literaria testimonio de un continente en problemas.

García Márquez vivió sus últimos años en la Ciudad de México (Foto: EFE/ Archivo)

Nació el 6 de marzo de 1927 en el pueblo de Aracataca, en la costa caribeña de Colombia, hijo de un telegrafista y criado por sus abuelos y tías, infancia inmersa en una cultura tropical mezcla de indígenas, esclavos africanos y colonos españoles.

Leyendas exóticas que inspiraron una gran obra de cuentos, relatos y novelas. Su obra maestra “Cien años de soledad”, traducido a 35 idiomas vendió más de 30 millones de ejemplares.

El libro que lo lanzó a la fama en 1967, narra la historia de una familia atormentada de Macondo, pueblo caribeño imaginario, en el siglo XIX y XX.

Su vocación por la literatura se remonta a principios de 1960, cuando se instaló en México con Mercedes Barcha, madre de sus dos hijos, después de conocer a su gran amigo, el escritor mexicano Carlos Fuentes.

“Una tarde, nos sentamos frente a mi casa y nos dijimos: ¿Qué vamos a hacer? Y decidimos escribir novelas, la suerte estaba echada”, dijo el escritor colombiano.

“Escribo para que mis amigos me amen”, le gustaba repetir a “Gabo”, como lo llamaba cariñosamente su familia.

En 1982, obtiene el Premio Nobel de Literatura. La Academia rinde homenaje a una famosa obra “que combina lo fantástico y lo real en la rica complejidad de un universo poético que refleja la vida y los conflictos de un continente”.

La conciencia política es otra faceta del desmotivado ex estudiante de derecho que hizo su debut en el periodismo.

Nunca abandonó su pasión por los medios de comunicación y la política, legando la “Fundación Nuevo Periodismo”, escuela fundada en el puerto colombiano de Cartagena.

Su primer contrato en el diario bogotano, El Espectador, que publicó su primer relato en 1947, le pagó 800 pesos, menos de la mitad de un dólar al mes.

Lo envían en Europa después de escribir un artículo que disgusta al régimen militar, García Márquez vive en Ginebra, Roma y parís, donde termina en un apartamento del Barrio Latino su novela “El Coronel no tiene quien le escriba”.

Describe el periodismo como “el mejor trabajo del mundo”, defiende a las víctimas de la dictadura militar de América del Sur.

Corresponsal de la agencia cubana de noticias Prensa Latina, fue amigo personal de Fidel Castro, una relación que le han criticado sus detractores. Otro Premio Nobel de la literatura latinoamericana, el peruano Mario Vargas Llosa, lo calificó como “escritor cortesano”.

A García Márquez le encantaba compartir la mesa con jefes de Estado como Bill Clinton o el francés François Mitterrand, también fue criticado por su fascinación por los poderosos.

“Soy básicamente un escritor, un periodista, no un político”, respondió un día, asegurando preferir actuar detrás de las cámaras. Según él, eso le permitió la liberación discreta de varios presos políticos cubanos.

Tras los éxitos de los años 80 y 90, como “Crónica de una muerte anunciada” (1982), “El Amor en los tiempos del cólera” (1985), García Márquez comenzó una lucha contra la enfermedad, un cáncer linfático, y escribir el primer volumen de su autobiografía, “Vivir para contarlo”, que apareció en 1998.

Durante sus últimos años, sus apariciones públicas fueron muy raras así como sus escritos. Su última novela, “Memoria de mis putas tristes”, se publicó en 2004.