La industria alimentaria que sostiene la adicción a la azúcar es la principal responsable del aumento de obesidad en Estados Unidos, denuncia el documental “Fed Up”, que salió este fin de semana en los cines norteamericanos.

Stephanie Soechtig posando para la foto en el Festival de Sundance en enero del 2014. (Foto: Getty Images)

La película de 90 minutos, explora una realidad paradójica: los estadounidenses nunca han hecho tanto deporte y consumido tantos productos bajos en calorías como ahora, y sin embargo dos de cada tres tienen sobrepeso y generaciones enteras de niños vivirán menos que sus padres.

¿La razón? El fracaso de todas las políticas de salud pública llevadas a cabo en el país para luchar contra la obesidad, según el filme, se debe a que las autoridades se equivocaron de objetivo. La responsable de la obesidad no es la falta de ejercicio físico sino el azúcar.

El documental, presentado en el último Festival de Cine de Sundance, muestra que el 80% de los alimentos procesados que se venden en EE.UU. agregan azúcar, que funciona como una droga en el consumidor, creando adicción.

El problema no es exclusivo de los Estados Unidos. La Organización Mundial de la Salud ha sonado la alarma en México, Sudáfrica, Arabia Saudita, Venezuela o incluso Jordania. En todos estos países, el 30% de la población tiene sobrepeso u obesidad.

En la pantalla, se sigue la existencia de tres niños, que a pesar de dietas y ejercicio, no logran perder peso, porque están sumergidos en alimentos ricos en azúcar agregada.

En la escuela, por ejemplo, se sirve pizza, nachos y hot dogs en el almuerzo. Según el documental, la mitad de las escuelas en 2012 servían comida rápida, mientras que en 2006, el 80% servían productos frescos.

La primera dama Michelle Obama entró al debate con su campaña “A moverse” y los políticos han tratado de obligar a la industria alimentaria a reducir el azúcar, admite la realizadora. Pero marcas como Coca Cola, Pepsi o Pizza Hut no han desaparecido de los comedores y pasillos de las escuelas.

“Hay muchos en el gobierno que tratan de hacer algo”, dijo Stephanie Soechtig directora del documental, “pero hay intereses económicos en juego y nos encontramos en última instancia con que el gobierno prefiere hacer dinero en lugar de ocuparse de la gente”, se queja.

La directora cuenta con el impacto de su película. “Podemos cambiar la industria alimentaria, al negarse a comprar sus productos, al votar por políticos que quieran mejorar la vida”, dijo la Sra. Soechtig.

“Más que el dinero, los políticos necesitan nuestros votos. Es el tipo de lucha que los padres y los niños deben realizar juntos. Los niños son los futuros electores. Todos deben hacerse responsables”, dijo.