Mientras cientos de millones de chinos emigran en grupos a la ciudad para participar del auge económico de las últimas décadas, otros le han dado la espalda y optan por la soledad de las ermitas.

Lao Tse (Grabado de dominio público)

Una elección que tiene sus raíces en la tradición ancestral, curiosamente de retorno en China, donde los seguidores de la tradición budista y taoístas locales tenían ya por costumbre de retirarse lejos del mundo.

Las montañas son lugares que atraen a los ermitaños, dedicados exclusivamente a la meditación.

Las temperaturas en invierno bajan hasta menos 20 y en el verano hay serpientes venenosas que se esconden debajo de las rocas. Pero estos lugares atraen cada vez más chinos a los que el materialismo ya no les atrae.

Imposible encontrar algo más alejado de la colectividad absoluta impuesta a los chinos, no hace mucho en la época maoísta.

Las ermitas actuales no hacen más que seguir el camino recorrido por sus antepasados. El Taoísmo, corriente filosófica y religiosa atribuida al sabio Lao Tse que vivió hace 2,500 años, requiere de seguir el “camino”, concebido como un retorno a la naturaleza.

Los ermitaños chinos, a diferencia de los occidentales, históricamente eran solicitados por los gobernantes.

La tradición terminó con la llegada al poder del Partido Comunista Chino en 1949 y sus campañas recurrentes de persecución religiosa.

Sin embargo, los expertos estiman que varios cientos de ermitaños lograron sobrevivir en las montañas, algunos haciendo caso omiso a los comunistas que gobernaban el país.

El retorno de los ermitaños se suele atribuir a la influencia del escritor estadounidense Bill Porter. Su primer libro sobre su experiencia fue un fracaso comercial en los Estados Unidos. Pero, una vez traducido, se convirtió en un best-seller en China.

Más de dos décadas de crecimiento desenfrenado han creado una clase media, que cuestiona ahora los valores materialistas.

Más de la mitad de los ermitaños son mujeres, que escapan del ruido de la ciudad, buscando la paz interior.