Las decenas de muertos en el Año Nuevo en Shanghái hacen resaltar la fragilidad de una China en auge, pues difícilmente la administración comunista se adapta al rápido ritmo de la sociedad, estiman muchos comentaristas.

Flores y velas en el Bund en homenaje a las víctimas de la estampida mortal en Año Nuevo, 2 enero 2015 en Shanghái. (Foto: AFP/ Greg Baker)

El miércoles por la noche, momentos antes de pasar al año 2015, lo que sería un encuentro alegre y seguro en la capital económica del país se convirtió en un caos, del que se retiraron 36 cadáveres.

La estampida en el Bund, la famosa avenida histórica de la ciudad, tuvo como resultado 49 heridos, la peor tragedia en Shanghái desde los 58  muertos en el incendio de un rascacielos en 2010.

Un video amateur publicado en línea en la página Sina.com, muestra a una multitud que dejaron crecer de manera desproporcionada en las escaleras que conducen al paseo del Bund, una gran explanada junto al río Huangpu.

Entre la multitud los pocos policías se ven completamente indefensos, impotentes para hacer retroceder a los que empujan, mientras las víctimas ya habían perdido la conciencia.

Un jefe de la policía de Shanghái, Cai Lixin, citado en un sitio web oficial, reconoció que sin “acto oficial” organizado en el lugar, las fuerzas de seguridad fueron menos que el año pasado para la fiesta nacional. Luego, borraron el comentario.

La policía se defendió asegurando que enviaron al lugar a 700 funcionarios, después de la tragedia.

El año pasado, se reunieron 300,000 personas en el Bund para festejar el Año Nuevo, este año se superó significativamente esta cifra.

“El gobierno municipal ha sido muy criticado por no tomar las medidas preventivas necesarias”, reconoció la noche del viernes la agencia de noticias Xinhua.

Para la mayoría de los pobladores de Shanghái, las autoridades son culpables de una administración desastrosa de la multitud, en un país donde las únicas grandes manifestaciones toleradas suelen ser las organizadas por el partido comunista.

La gran cantidad de personas y el pánico obstaculizaron la operación de rescate, sobre todo la llegada de las ambulancias, según los testigos.

En un raro comentario, Xinhua dijo que la tragedia fue “un aviso recordando que la segunda economía mundial, era todavía un país en desarrollo, con una administración social frágil.”

El viernes, las autoridades habían identificado a 32 de los 36 fallecidos. El más joven un niño de 12 años. En total, 28 personas tenían 25 años o menos y 21 eran mujeres.

En años recientes, Shanghái se ha mostrado como escaparate del éxito de China, con su ultra moderno Pudong, el metro que se convirtió en la primera red del mundo, sus trenes de levitación magnética y la Bolsa que ha alcanzado niveles record en 2014.

La otra cara de la moneda, “problemas de administración”.