Después de varios meses de investigación, científicos europeos descartaron definitivamente la teoría de físicos estadounidenses que habían anunciado en marzo la detección de vibraciones del Big Bang, entonces descrita como un gran avance de la física.

El sol se pone detrás del telescopio BICEP2 en la Antártida. (Foto: AFP/ Steffen Richter)

La primera detección de esas ondas gravitacionales, previstas en la teoría de la relatividad de Albert Einstein, suponía ser una prueba de la expansión extremadamente rápida y violenta del cosmos en la primera facción de segundo de su existencia hace 13,800 millones de años, llamada una fase de “inflación cósmica”.

Por desgracia, “al combinar sus datos, la colaboración de Planck y BICEP2/Keck mostraron que no se llevó a cabo la detección de ondas gravitacionales primordiales a través de la observación de la polarización del difuso fondo cosmológico”, anunció el viernes el CNRS en un comunicado de prensa.

El resultado, obtenido con la colaboración de muchos investigadores del CNRS, del CEA y de universidades francesas, apoyadas por el CNES, “ofrece el desenlace de un drama científico que tuvo en ascuas a cosmólogos y aficionados”, dijo el CNRS.

“La señal anunciada por el equipo BICEP2 en marzo de 2014, no se puede asociar con los primeros momentos del Big Bang, sino que proviene esencialmente de nuestra galaxia y de las distorsiones gravitacionales encontradas durante su propagación hasta nosotros”, según el texto.

El estudio se publicará en la revista Physical Review Letters.

El equipo que anunció este gran paso, dirigido por el astrofísico John Kovac de la Universidad de Harvard, hizo sus observaciones con el telescopio BICEP2 (Background Imaging of Cosmic Extragalactic Polarization) hasta el Polo Sur.

La detección de ondas gravitacionales es “uno de los objetivos más importantes en cosmología”, subrayó reivindicando este avance en la ciencia.

Las ondas gravitacionales comprimen el espacio produciendo una firma distinta en el fondo cósmico, una baja radiación luminosa dejada por el Big Bang.

Los críticos de estos investigadores, sin embargo, habían asegurado que la cuestión probablemente se resolvería cuando el equipo rival trabajara con el telescopio espacial Planck de la Agencia Espacial Europea (ESA) y publicara sus resultados.