En los próximos meses, se esperan en Nepal replicas muy importantes en esta región marcada por la convergencia de los continentes, donde los sismólogos esperan aún “grandes terremotos”.

Una mujer frente a los escombros de edificios de Katmandú, Nepal, 26 de abril 2015 (Foto: AFP/ Prakash Mathema)


El terremoto de magnitud 7.8 fue causado por la ruptura de una gran falla, que generó grandes ondas tan fuertes que la ruptura se produjo rápidamente, en un centenar de segundos.

De hecho, la falla es una larga pendiente de unos 150 Km de largo y cerca de 50 de ancho, y de hasta 15 o 20 Km de profundidad, que está bloqueada y se desbloquea por pedazos en cada terremoto.

La ruptura se originó al noroeste de Katmandú, y luego se propagó hacia el este, más de cien kilómetros.
Ocurrió en donde convergen dos placas tectónicas bien conocidas por los sismólogos, la que lleva a la India al sur, y la de Eurasia al norte, señala el Instituto de Geofísica de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés).

La pendiente de la falla no se rompió de manera uniforme, pequeñas áreas aún pueden generar terremotos.

Las réplicas deben continuar, en general, disminuyendo en cantidad e intensidad.

Esta convergencia de los continentes, en el origen mismo de la cordillera del Himalaya, creó una región donde el riesgo de sismos es de los más grandes del mundo, dotado de fallas colosales, con muy largos planos inclinados que pueden crear grandes áreas de contacto.

La zona se comprime y se libera en pequeños pedazos, que generan obstáculos de cada lado hasta que al cabo de unos siglos acaban con romperse. Es como un elástico que se estira, con el tiempo acaba por romperse.

Entre los últimos grandes terremotos registrados, que participan en la aproximación de las placas, figura el que sacudió el este de Katmandú en 1934. El precedente en esta zona se remonta a 1255. Pero la parte occidental del país no ha experimentado fuertes terremotos desde 1505.