Huang Qing, Epoch Times

Una sobreviviente de la tortura y abusos sexuales salió de China para ir a Tailandia, donde hizo pública una de las peores torturas inventadas por el régimen chino. Pudo así revelar la existencia de una celda, donde juntan a practicantes mujeres de Falun Gong, creada específicamente al interior de un campo de trabajos para hombres. Las mujeres son entregadas a los hombres para que las violen. Este artículo se basa en el testimonio de una sobreviviente que aceptó publicar su experiencia en el sitio Minghui.org.

En octubre del 2000, seis meses antes de los hechos descritos por Yin Liping, metieron desnudas a 18 mujeres practicantes de Falun Gong en las celdas de hombres en el campo de trabajos forzados de Masanjia. Este grabado reproduce esa escena. (Minghui.org)

En octubre del 2000, seis meses antes de los hechos descritos por Yin Liping, metieron desnudas a 18 mujeres practicantes de Falun Gong en las celdas de hombres en el campo de trabajos forzados de Masanjia. Este grabado reproduce esa escena. (Minghui.org)

El 7 de enero del 2000, Yin Liping, de 32 años de edad en ese entonces, fue arrestada y condenada a un año y medio de prisión en el campo de trabajos forzados de Tieling.

Después de nueve meses, fue trasladada al campo de Liaoning y luego a Masanjia.

A lo largo de su encarcelamiento, sufrió varias torturas, privación de sueño y trabajo pesado a diario. Perdió cerca de 15 Kg, pasando de 75 a 60 Kg de peso, vomitaba sangre todos los días.

Se le prometió un trato más indulgente si abandonaba su práctica de Falun Gong, y aceptaba “transformarse”, según palabras de las autoridades. Ella lo rechazó.

El 19 de abril de 2001, Yin Liping había purgado 15 de los 18 meses de su sentencia, cuando la transfirieron a ella y otras tres compañeras de prisión, que se negaron a ser transformadas.

Uno de los guardias sonrió con ironía: “Las llevaremos a un mejor lugar para que puedan practicar Falun Gong.”

Yin Liping se volvió hacia uno de los guardias responsables de su celda, y tranquilamente le pidió que dejara de maltratar a los practicantes de Falun Gong.

Miró a una celadora, que tenía su edad y había estado a cargo de las celdas de los presos que habían torturado a Yin Liping. Sintió compasión por ella. La abrazó y le susurró al oído que iba a terminar pagando por el daño hecho a los demás y debía de dejar de hacerlo.

La celadora se puso a llorar y le respondió: “Dígales que está enferma. Usted está enferma”. Yin se dio cuenta después que la celadora sabía lo que iba a pasar.

Campo de trabajos para hombres

Un autobús recogió al grupo de mujeres, todas practicantes de Falun Gong, para dejarlas en el campo de trabajos para hombres de Zhangshi.

“Nos clasificaron en el patio”, describe Yin. Dos fornidos policías nos llamaron, luego uno de ellos nos leyó el reglamento. Nos dijo: “Si los practicantes de Falun Gong se niegan a ser transformados y mueren, su muerte se considerará como suicidio”. Nos dijeron que las órdenes venían de Jiang Zemin (el líder del partido comunista en ese tiempo). El guardia parecía tan cruel. No me acuerdo de las otras reglas.

Trasladaron al grupo a un edificio blanco donde tomaban la presión arterial a los internos. Se llevaron a una de ellas, sólo quedaron nueve. Había una oficina de guardia detrás de los barrotes de metal y una puerta que daba a un pasillo, donde se encontraban las celdas.

Llevaron a cada una de las nueve detenidas a su celda. La de Yin tenía una litera doble y un armario para guardar la ropa.

Ya había cuatro hombres en la celda. Cuando cruzó el pasillo para llegar a la ducha, ella vio una pieza grande donde estaban unos treinta hombres que yacían en suelo durmiendo. Asustada, Yin se preguntó que hacía ahí.

A las 22 horas, les pidió a los hombres que salieran de la celda para que ella pudiera dormir. “¿Dormir?”, le preguntó un hombre de mediana edad, riendo. “¿Quieres dormir? No permitimos que nadie duerma hasta que se haya ‘transformado’. Una mujer estuvo aquí 18 días y no pudo dormir. Al final, se volvió loca.”

“Gritos aterradores”

Luego Yin escuchó gritos en el pasillo y reconoció a Zhou Guirong, otra practicante de Falun Gong. “No dejaba de llamarme”, cuenta Yin. “Traté de salir de la celda y vi a Zhou que había escapado al pasillo. Retuve a Zhou y la abracé muy fuerte para no dejarla ir”.

“Los presos nos golpeaban a menudo. Mi ojo derecho estaba hinchado por los golpes y rasgaron mi ropa. A Zhou y a mí nos arrastraron por la fuerza a nuestras celdas. Cuatro o cinco hombres me golpearon hasta que me desorienté. Por último, me estiraron con fuerza en la cama. Uno de los hombres se sentó encima de mí para pegarme. Estaba mareada y luego perdí el conocimiento.”

“Cuando recobré el conocimiento, tenía tres hombres acostados a mi lado, sus manos recorrían todo mi cuerpo. Dos de ellos se pusieron entre mis piernas, uno filmaba y el otro miraba el vídeo. Hablaban con groserías. No sabía cuántos hombres estaban bajo mis piernas. Siguieron haciéndome cosquillas en los pies, les daba risa. Decían malas palabras sin parar y uno de ellos repetía constantemente: “No esperes la muerte. Incluso muerta, ¡tendrás que renunciar a Falun Gong!”

“No creía lo que estaba viendo”, cuenta Yin. “Vomitaba sangre, había sangre por todas partes.”

“Escuché gritos aterradores de Zhou en la otra celda. Me llamaba ‘Liping’. Parecía mi nombre. Tenía la impresión de estar soñando. Pero no, no era un sueño. Estaba segura que no era un sueño. Este grito terrible me trajo a este infierno en la tierra.”

“De repente escuché más gritos y no vi nada. Tuve que luchar para levantarme al acecho de esta voz familiar. Mi cabeza golpeó contra el armario de madera y de inmediato un líquido caliente comenzó a correr por mi cara.”

“Me esforcé, no tenía idea de la vida o la muerte. Nada me podía detener. Me lancé con todas mis fuerzas hacia la puerta de la celda, mientras los presos me golpeaban. Seguí gritando: “¡Zhou Guirong!” Ella vino corriendo a mi celda, me abrazó y corrimos hacia la puerta al final del pasillo.”

“Hicimos todo lo posible por abrir empujando la puerta metálica, y finalmente se abrió. Las dos estábamos gravemente heridas. Frente a estos policías no temíamos morir. Les preguntamos: ¿Es un campo de trabajos aquí? ¿Por qué China nos trata como delincuentes? Tienen una madre ¿no? ¿Tal vez una hermana, una hija, tías? ¿Estos actos representan a nuestro país?”

“Si estos hombres no salen de nuestras celdas, recordaré este día, el 19 de abril de 2001, y ustedes estaban de guardia esta noche. Si salimos vivas, vamos a procesarlos. Y si morimos aquí, nuestros espíritus nunca los dejaran en paz. Nuestra tolerancia tiene un límite.”

“La policía llamó a los presos para pedirles que nos dejara dormir solas esta noche. Nos llevaron a mi celda con cuatro reclusos que estaban allí para vigilarnos. Nos quedamos despiertas toda la noche, mirándonos con lágrimas en los ojos. Se podía oír los gritos y golpes en las otras celdas.”

“Estudio”

Al día siguiente, los presos que me habían torturado con una cámara un día antes regresaron a la celda, esta vez con una mujer. Trajeron muchos libros de Falun Gong. Ellos leían un párrafo y luego lo explicaban insultando a Falun Gong. Luego, leían otro párrafo y daban otra explicación.”

“Uno de los hombres que me había violado el día anterior me preguntó por qué no estudiaba con ellos. Luego me tiró en la cama y siguió golpeándome mientras me preguntaba por qué no estudiaba con ellos: “¿Tú no quieres ser una practicante de Falun Gong?”.

“Respondí que no había cometido ningún delito y que no era un lugar para estudiar. ¿Por qué me detenían, si era para estudiar?”

“Los presos escribieron todo lo que dije y me preguntaron si lo que habían anotado era correcto. Cuando llegó la hora de comer, no podía tragar nada. Mi cuerpo estaba muy débil.”

“Llegó la noche y pasó lo mismo que el día anterior. Comenzaron a torturarme y me violaron. Cambiaron a los guardias, no eran los mismos del día anterior.”
“Golpearon a Zhou Guirong que corrió hasta mi celda. Me levanté y vomitaba sangre. En ese momento, no había más ruido. Zhou comenzó a llorar y a gritar mi nombre. Luego, los guardias reportaron el incidente al jefe del equipo y autorizaron a Zhou a quedarse conmigo para cuidarme.

“Pero eso no les impidió perseguir a Zhou y seguir estudiando con ella, de forma desviada, las enseñanzas de Falun Gong. Zhou no había visto el libro de Falun Gong desde hacía mucho tiempo, iba a tomar uno cuando le dije: “No podemos estudiar aquí, es humillante”. Entonces ella dejó el libro. “Cuando volvamos a casa, vamos a estudiar ben las enseñanzas de Falun Gong”, le dije.

“Los demonios no nos dejaron en paz esa noche. Entonces un hombre dijo: Su cabeza y su cuerpo está caliente, no dejen que muera. Cada uno de los hombres vinieron a evaluar mi temperatura y todos se quedaron callados. No recuerdo cómo pasé la noche.”

“El tercer día, Zhou y yo recordamos de repente que Ren Dongmei, aún no estaba casada. Estaba encerrada en la celda más reducida. En ese momento, no pensamos en la muerte, nos precipitamos al pasillo gritando el nombre de Ren. Vi a los guardias y les dije que Ren era virgen. Les rogué que la perdonaran: Deben tener hijas también ¿no?”

“Durante años no fui capaz de escribir al detalle todo por lo que había pasado allí. Me derrumbé cuando lo intenté. No me atrevía ni quería pensar en ello. Cada vez que me venía a la mente, me embargaba un profundo horror y dolor.”

“Más tarde, me enteré que hubo 33 practicantes antes de nosotras que fueron enviadas allí para ser “transformados” de esta manera. Algunas están deprimidas. Durante años, no detuvieron esta brutal persecución contra los practicantes de Falun Gong.”

Del grupo de nueve compañeras que fueron violadas en muchas ocasiones en el campo de trabajos para hombres de Zhangshi, Yin se enteró que Zhou Guirong y Su Juzhen murieron por la tortura. Su, la primera, se hundió en la depresión antes de morir.

Epílogo

El Dr. Jingduan Yang es un psiquiatra de Filadelfia que ha tratado a sobrevivientes de la tortura de los campos de trabajos en China. Se entrevistó con muchos sobrevivientes del tristemente famoso campo de trabajos de Masanjia.

Hizo hincapié en la dificultad experimentada por Yin Liping para contar su historia, común entre las víctimas de esos graves abusos.

“Se llama trastorno de estrés post-traumático”, dice. “Entre otros síntomas, hay entumecimiento, evasión, no escuchar ni ver lo que pudiera hacerle recordar lo que hicieron con ella. Vive con miedo y ansiedad constantes. Son los síntomas comunes.”

“El impacto de este abuso es horrible”, dice Yang. “Difícilmente pueden imaginar la magnitud de lo que sufrió. Destruye cualquier autoestima, infunde miedo y terror en la persona, a nivel cognitivo, físico y emocional.

“Este temor siempre está dentro de la persona y puede reactivarse en cualquier momento, si cualquier cosa le recuerda el trauma. Definitivamente cambia la forma en que la persona va a reaccionar en sus relaciones. Aunque ella salió del lugar donde fue torturada y vive en un lugar seguro, va a experimentar pesadillas, flashbacks y temores.”

Traducido del original en chino por Leo Chen, Li Hsin-yi, escrita en inglés por Stephen Gregory.