Montenegro defendió su decisión de autorizar la transformación de una isla fortaleza, utilizada como campo de concentración durante la guerra, en hotel de lujo, a pesar de la ira de los familiares de ex detenidos.

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Representación en 3D del proyecto de hotel de lujo en Mamula, difundida el 16 de enero 2016. (Foto: Salt and Water Studio/ AFP)

El fuerte de la isleta de Mamula, situada en el Mar Adriático, en la entrada de la Bahía de Kotor, fue construido en el siglo XIX y utilizado por las fuerzas fascistas italianas durante la Segunda Guerra Mundial.

De acuerdo con la asociación local de veteranos, 80 presos murieron ejecutados y 50 de hambre, de un total de más de 2,000.

Montenegro adjudicó un contrato de arrendamiento por 49 años a Orascom, compañía suiza-egipcia, que cuenta con construir un hotel de lujo con discoteca, un spa y un puerto deportivo por una suma de 15 millones de euros.

Pero se formó un grupo de familias de presos para oponerse al proyecto. “La construcción de un hotel de lujo orientado a la recreación en este lugar donde tantas personas sufrieron y murieron, es un claro ejemplo flagrante de desprecio por la historia”, dijo a la AFP Olivera Doklestic, su abuelo, padre y tío fueron encarcelados en Mamula.

En respuesta, Orascom afirma que el proyecto prevé un monumento a los ex presos, y la agencia de comunicación representante de Orascom asegura que la asociación local de veteranos aprobó el proyecto, que planea conservar la fortaleza.

El despacho de arquitectos de Belgrado eligió para realizar el proyecto, Salt and Water, dijo que quería transformar la fortaleza en hotel con “intervenciones mínimas.”

Montenegro, pequeña ex república de Yugoeslavia independiente desde 2006 y que está negociando su adhesión a la UE, se basa en el desarrollo del turismo para restaurar su economía.

En julio de 2012, concedió a la compañía petrolera estatal azerbaiyana Socar, la concesión durante 90 años de una base militar, que se comprometió a desarrollar con fines turísticos.