Parece posible una reconciliación entre China y el Vaticano, sus relaciones diplomáticas se interrumpieron en 1951, sin embargo el Papa Francisco tendió la mano en dirección a Pekín.

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Papa Francisco (Foto: Alexey Gotovskiy/ ACI Prensa)

Si bien algunos católicos chinos desean este acercamiento, la mayoría teme que sea una farsa por parte de Pekín que no les garantice una mayor libertad.

En una entrevista con el periódico Asia Times, publicada por el servicio de prensa del Vaticano, Jorge Bergoglio subraya su “admiración” por “la gran historia de sabiduría” de China y lo que “tiene que ofrecer al mundo” incluso a la “abuela Europa”.

“En la víspera de Año Nuevo, extiendo mis mejores deseos al presidente Xi Jinping y al pueblo chino”, escribió Francisco, que hizo un llamado a la “fuerza” de China para unirse al “mundo occidental” y al “mundo oriental” en el mantenimiento del “equilibrio de paz.”

También dio la bienvenida a “la apertura de oportunidades” gracias a la derogación de la política de un solo hijo.

“La iglesia tiene el deber, ante la civilización china, de respetarla con R mayúscula”, subraya el Papa, que nunca ha ocultado su deseo de visitar China.

La publicación de esta entrevista, en la que no se menciona las restricciones impuestas a los católicos chinos o al estatus de los obispos y el clero, se produce poco después de una discreta visita en enero de una delegación china a la Secretaría de Estado del Vaticano.

Las decenas de millones de católicos chinos están divididos entre una “asociación patriótica”, donde el partido comunista escoge y controla al clero, y una iglesia clandestina, donde Roma designa a sus obispos pero Pekín no los reconoce.

Según fuentes bien informadas, Jorge Bergoglio podrá nombrar muy pronto a varios obispos en China, con el acuerdo de las autoridades chinas. Sería la primera vez, desde la ruptura de relaciones diplomáticas entre el Vaticano y Pekín en 1951.

Algunos católicos chinos acusan con vehemencia al Vaticano de querer sacrificar sus intereses en aras de una reconciliación. El obispo emérito de Hong Kong, el cardenal Joseph Zen Ze-Chun, pidió a la Santa Sede “no llegar a un acuerdo a cualquier precio”, sin “garantías reales para la libertad de funcionamiento y organización de la iglesia en China”.

Los oponentes a cualquier compromiso recuerdan las sanciones impuestas a los sacerdotes y obispos que desobedecen al partido, como Monseñor Thaddeus Ma Daqin, obispo auxiliar de Shanghái en arresto domiciliario, y señalan que el régimen sigue reprimiendo la expresión de los derechos individuales.

En el vaticano, dos líneas se oponen desde hace años: la primera, alrededor del Secretario de Estado, cardenal Pietro Parolin, estima que hay que mostrar flexibilidad y que el gobierno responderá con más libertades para los católicos. La segunda critica firmemente este enfoque, diciendo que el régimen chino no ha cambiado.

La situación de la minoría católica en China no fue objeto de la entrevista del Papa para el Asia Times, pero el hecho de que ni siquiera la menciona sorprende a los católicos fieles a Roma, según los expertos sobre el Vaticano.

El interés del Pontífice argentino en China lo sitúa en la tradición de sus predecesores. Francisco, el Papa misionero, expresa su fascinación personal como jesuita por esta antigua cultura.

En 2015, respondió a la prensa: “¿Qué si quiero ir a China? Por supuesto, mañana mismo”.