Léo Timm, Epoch Times

Cuando Zhang, un trabajador en una fábrica de Xuzhou al este de China, vio un Welsh Corgi perdido vagando por los baños públicos de su trabajo, lo mató a golpes, antes de quitarle la piel. Luego, compartió la carne con sus compañeros.

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Un perro Corgi Galés en una exposición canina el 15 de febrero 2016, Nueva York. (Foto: Timothy A. Clary/ AFP/ Getty Images)

Las cosas salieron mal cuando Zhang y sus compañeros llegaron al día siguiente al trabajo, para ver que su cena del día anterior había costado 8,000 yuanes (unos 1100 euros), que era la recompensa que se ofrecía a quien llevara el animal desaparecido, propiedad del Sr. Wang, el dueño de la fábrica donde trabajaban. Wang había comprado el Corgi en 12,000 yuanes para regalárselo a su hija.

Según el diario South China Morning, fue otro trabajador quien descubrió el acto de Zhang y lo denunció a Wang. Este último fue a la casa de Zhang para encontrar la acuchillada piel de su perro en el piso.

Después de varios intentos fallidos para llegar a un acuerdo económico, los tres hombres implicados en la masacre y el consumo del Corgi de Wang, Zhang en primer lugar, fueron despedidos de la fábrica y entregados a la policía.

“Me pareció un perro callejero, no sabía que fuera valioso”, admitió Zhang, según el mismo diario. Acusado de robo, fue liberado bajo fianza.