Al consultar el informe de la autopsia de su hija, atropellada por un auto en Moscú a la edad de 19 años, Yelena Sablina supo que habían removido del cuerpo el corazón, riñones y otros órganos un mes antes.

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Una fotografía tomada el 2 de abril 2016, muestra a Yelena Sabrina sosteniendo una foto de su hija Alina en su apartamento de Ekaterimburgo en los Urales. (Foto: AFP/ Vladislav Lonshakov)

A raíz de este descubrimiento, realizado en febrero de 2014, esta madre rusa pelea contra la ley que permite a los médicos extirpar órganos sin permiso, sin informar a las familias, abriendo el camino al tráfico de órganos.

Alina, como se llamaba su hija, pasó seis días en coma antes de morir. El último día, sin ninguna explicación los médicos muy ocupados le impidieron entrar a la habitación. Al día siguiente, le llamaron de una funeraria informándole la macabra noticia.

El hospital moscovita que trató a la jovencita aseguró en 2014 a los medios de comunicación rusos que actuaron de acuerdo a la ley.

La Sra. Sablina, decidió llegar hasta la Corte Constitucional de Rusia para desafiar la ley en vigor desde 1992, que autoriza la extracción de órganos sin consentimiento. Sin éxito, su denuncia se desestimó en febrero.

Leyes similares se aplican en varios países europeos, entre ellos Francia, España y Austria: el paciente es donador de órganos por omisión, él o su familia deben hacer saber si se oponen a la donación, de lo contrario, se considera como consentimiento.

En otros países como Estados Unidos, los pacientes deben dar su consentimiento explícito para permitir la extracción.

En Rusia, algunos se preocupan por la falta de transparencia que permite a los médicos sin escrúpulos abusar del sistema.

A pesar de una ley muy permisiva, se realizan menos trasplantes en Rusia que en los países occidentales; sólo cerca de 1,500 en 2015 frente, por ejemplo, en Francia con más de 5,700.

Elena Sablina escribió al procurador general, al representante de Derechos Humanos y al Patriarca de la Iglesia Ortodoxa, Kirill. Pero nadie quiso involucrarse porque el tema es delicado.

Algunos parlamentarios pidieron la adopción de un sistema basado en el consentimiento pero rechazaron los proyectos.

La iglesia ortodoxa, que mantiene estrechos vínculos con el poder, ha criticado el sistema. En respuesta a la carta de la Sra. Sablina, el Patriarca de Moscú la calificó de “inaceptable violación de la libertad humana”.

Yelena reconoce: nada me traerá de vuelta a mi hija. Pero ella asegura que evitará que otros se encuentran en la misma situación.

La gente se transforma en trozos de carne, lo que es lamentable. El Estado se atribuye derechos ilimitados para dirigir nuestras vidas incluso nuestros órganos, lo cual es inaceptable.