La explosión de la bomba atómica Little Boy en Hiroshima el 6 de agosto de 1945, hizo un total aproximado de 140,000 víctimas, 70,000 murieron en el acto, debido principalmente al intenso calor provocado por la explosión, la onda de choque y la radiación.

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Cenotafio, Llama de la Paz, y al fondo la Cúpula de Genbaku, Hiroshima. (Foto: eurowon.com)

La bomba lanzada sobre Hiroshima tenía la potencia de 15 kilotones, equivalentes a 15,000 toneladas de TNT, 3,300 veces menos potente que la más potente de las bombas de hidrogeno, que nunca se probó en 1961 en la entonces Unión Soviética.

La bomba lanzada en Hiroshima, provocó primero una “bola de fuego intenso”, en palabras del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR). Se calcula en 7,000 grados la temperatura alcanzada en el epicentro de la explosión. Este calor tan intenso provoca fatales quemaduras graves dentro de unos 3 kilómetros de la explosión.

El CICR también evoca, en una nota, los efectos de las armas nucleares en la salud, la ceguera temporal causada por el intenso destello de una explosión nuclear y las lesiones permanentes en los ojos.

La “radiación térmica” que sigue en una fracción de segundo a la explosión nuclear provoca a su vez múltiples incendios que, en el caso de Hiroshima, devastaron varios kilómetros cuadrados alrededor del punto de impacto.

Una “tormenta de fuego consume todo el oxígeno”, causando muchas más muertes por asfixia. Se estima que las quemaduras y los incendios fueron la causa de más de la mitad de las muertes inmediatas en Hiroshima.

La onda de choque asociada con la liberación de una muy alta energía provocó también muchas víctimas. La gran variación de presión debido al paso de la onda de choque causó lesiones corporales directas.

La explosión puede matar al proyectar aire a las víctimas, provocando el colapso de sus casas o por la dispersión de los escombros a alta velocidad.

Las víctimas presentan “generalmente rupturas de órganos, fracturas abiertas, fracturas de cráneo y heridas penetrantes”, enumera la CICR.

La explosión de una bomba lleva la emisión de radiaciones nocivas a corto y largo plazo para la salud humana.

La “enfermedad por radiación” afecta a semanas o meses posteriores a la explosión a los sobrevivientes de la ola de calor y la onda de choque.

Los síndromes por “radiación aguda” se manifiestan por vómitos, dolor de cabeza, diarreas, hemorragias, o pérdida de cabello. Pueden causar la muerte en cuestión de semanas o meses.

Los que sobrevivieron a los efectos inmediatos de la explosión y la radiación, los hibakusha (víctimas de la bomba en japonés), corrieron el riesgo de desarrollar, años más tarde, cáncer.

Sin embargo, el Centro de Investigación Especializada de Estados Unidos y Japón RERF (Radiation Effects Research Foundation) no encontró “aumento significativo” de malformaciones importantes de nacimiento en los niños de sobrevivientes.