Joshua Fatzick, Voice of America news

Hace cincuenta años, el Partido Comunista Chino comenzó la Revolución Cultural, con la promesa de que traería una sociedad más justa, pero en la práctica sólo la llevó a un completo desastre social y económico.

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Un barrendero limpia el suelo enfrente del Mausoleo de Mao en la Plaza Tiananmen en el quincuagésimo aniversario de la Revolución Cultural en Pekín, China el 16 de mayo de 2016. (Foto: Reuters)

Este trascendental aniversario pasó desapercibido y con un aplastante silencio virtual de los medios de comunicación estatales de China.

El 16 de mayo de 1966, el líder del Politburó del Partido Comunista Chino, Mao Zedong, comenzó la campaña con la purga de cuatro altos funcionarios del partido y, el anuncio de que devolvería supuestamente el poder a la clase obrera, poder usurpado por los burgueses.

Lo que sucedió no fue la utopía comunista que Mao planeó sino un periodo brutal de violencia, escasez de alimentos y dificultades económicas, que llevaron a la persecución y muerte de millones de personas.

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En esta foto de archivo tomada el 14 de septiembre de 1966, los jóvenes de la Guardia Roja se manifiestan ondeando copias de escritos del líder del Partido Comunista Mao Zedong, referencias al Pequeño Libro Rojo de Mao y llevan un cartel de Karl Marx. (Foto: AP)

Ahora parece que el gobierno chino prefiere olvidar por completo la Revolución Cultural. No hubo eventos oficiales ese día, ni tampoco se mencionó el aniversario en los periódicos de China continental.

En lugar de eso, los principales titulares de los periódicos de mayor circulación de China estuvieron dedicados a Donald Trump y el ex alcalde de Londres, Boris Johnson, comparaciones entre la UE y la Alemania del Tercer Reich de Hitler, la furia del régimen chino por un reciente informe del Pentágono, y sobre los intentos de la policía por localizar niños desaparecidos.

“Hechos incomodos”

Roderick MacFarquhar, experto en la Revolución Cultural de la Universidad de Harvard, dijo a The Guardian, que el actual dirigente de China, Xi Jinping, busca evitar cualquier “hecho incómodo” sobre la revolución.

“El hecho realmente incómodo, que Xi Jinping en particular no puede digerir es el papel de Mao (en la Revolución Cultural). A Mao, en realidad, le complacía el caos. Le encantaba la idea de una guerra civil… lo último que Xi Jinping quiere hacer es resucitar cualquier cosa que tenga que ver con la Revolución Cultural, ya que es inevitable que afecte la reputación de Mao”, dijo MacFarquhar al periódico británico.

Mao reclutó a jóvenes chinos en su grupo paramilitar de Guardias Rojas para atacar a los cuatro viejos de la sociedad china: Costumbres, cultura, hábitos e ideas.

Estas bandas de estudiantes humillaron y torturaron públicamente a maestros y a otros funcionarios de escuelas, e incluso entregaron a sus propios padres por expresar ideas contrarrevolucionarias. Miles de personas fueron golpeadas hasta morir, o incluso los orillaron al suicidio.

No fue sino hasta 10 años más tarde, cuando Mao murió, que la violencia y las dificultades cambiaron completamente, pero tardó cinco años más, hasta 1981, que el régimen chino reconociera oficialmente que las políticas de Mao “llevaron a la agitación interna y trajo la catástrofe al partido, al estado y a todo el pueblo.”

El legado de Mao sigue siendo un tema que divide a China.

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En esta foto de archivo tomada el 27 de agosto de 1966, una estatua de Buda cubierta de carteles que decían “destruir al viejo mundo”, y “establecer un nuevo mundo”, por un ultrapatriótico Guardia Roja que rechazaba las antiguas tradiciones chinas, en el templo Lin Yin en Hangzhou, China. (Foto: ARCHIVO/ AP)

A pesar de los desastrosos efectos económicos y sociales de sus políticas, las ideas de Mao han resurgido en los últimos años, sobre todo entre los viejos y pobres miembros de la sociedad, que sienten nostalgia por la época en que el estado les proveía y la sociedad era más igualitaria, pasando por alto la muerte y la destrucción.

“O la gente ha olvidado la Revolución Cultural o están cada vez más insatisfecho de las condiciones sociales, pero desde mediados de la década de los 90, este tipo de ideas ha ganado popularidad”, Xu Youyu, quien fuera investigador de la Academia de Ciencias Sociales de China, dijo a The Associated Press.

Riesgo de repetir

Los únicos informes de los medios de comunicación sobre la Revolución Cultural en China salieron de Hong Kong, que es una región semiautónoma con mayores libertades económicas y de expresión comparadas con la parte continental.

La semana pasada, el South China Morning Post publicó un artículo de opinión de Cary Huang, pedía a la nación recordar su pasado, o correr el riesgo de repetirlo.

“Mientras que muchas universidades occidentales imparten cursos y realizan programas de investigación sobre la Revolución Cultural, Pekín prohíbe la discusión pública y el estudio académico del tema, temiendo que al volver al periodo oscuro, y reflexionar sobre el pasado daría lugar a una reevaluación del papel del partido en la China moderna”, escribió Cary.

Cary dijo que las consecuencias políticas de la Revolución Cultural siguen afectando a la política china, y cuestionó que el partido tenga una visión propia ya que el sistema construido por Mao sigue bloqueando los esfuerzos para “adoptar la modernidad.”

“Si el partido teme revelar la verdad sobre su propio pasado y se niega a aprender de él, ¿cómo puede tener una visión clara de la dirección correcta hacia el futuro?”, dijo.

Versión original en inglés: http://m.voanews.com/a/china-marks-50th-anniversary-of-cultural-revolution-with-silence/3331926.html?ltflags=mailer