La ausencia de una bacteria intestinal se relaciona con síntomas similares al autismo en ratones de laboratorio, este descubrimiento abriría otras posibilidades de tratamiento para este trastorno que se da en seres humanos.

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Poner los objetos en pila o fila es un comportamiento asociado a veces con individuos con autismo. (Foto: wikipedia)

La introducción de estas bacterias en el intestino de estos roedores revirtió los déficits en la conducta social, que recuerda los síntomas del espectro autista, explican los científicos en un estudio publicado en la revista estadounidense Cell.

“No sabemos todavía si este criterio pueda ser eficaz en humanos, pero es muy interesante  actuar en el cerebro a través de la flora intestinal”, señala el autor principal del estudio, Dr. Mauro CostaMattioli, profesor en la Facultad de Medicina Baylor en Houston, Texas.

El estudio se basó en investigaciones epidemiológicas que indican que la obesidad materna durante el embarazo puede aumentar el riesgo de desarrollar trastornos en el desarrollo infantil, incluso el autismo.

Además, se ha observado en algunos autistas problemas gastrointestinales recurrentes.

Los investigadores sometieron a 60 ratones hembra a una dieta alta en grasas saturadas, equivalente a comer varias veces al día en un restaurante de comida rápida.

Se alimentó a estos ratones hasta que tuvieron crías, que se quedaron tres semanas con la madre antes de someterse a una alimentación normal.

Después de un mes, estos ratones mostraron comportamiento anormal, por ejemplo: pasar menos tiempo de lo normal con sus compañeros.

Se encontró una clara diferencia en la flora intestinal de los dos grupos de ratones, uno con dieta normal y otro con dieta poco saludable.

Como los ratones se comen sus heces, los científicos mezclaron a todos los animales del experimento en las jaulas.

Cuando los ratones “autistas” se encontraron con otros jóvenes ratones normales, después de cuatro semanas restauraron su flora intestinal y mejoraron su comportamiento social, explican los científicos.

Llegaron a la conclusión de que una o más bacterias intestinales deben desempeñar un papel importante.

Determinaron que la presencia de una bacteria (Lactobacillus reuteri) era muy baja en la flora intestinal de los ratones nacidos de madres alimentadas con alimentos ricos en grasas.

Luego, los investigadores cultivaron una cepa de esta bacteria aislada de la leche materna humana. Se les dio a los pequeños ratones que sufrían síntomas de “autismo” cultivos de estas bacterias; los síntomas se disiparon gradualmente.

La misma bacteria estimula la producción de oxitocina, la llamada hormona del amor, que desempeña un importante papel en la socialización.