Por Fiona MacDonald                                                                         12 de octubre 2015

 Oxana Malaya, Ucrania, 1991p0351m3j

Tanto hermosas como perturbadoras, así son las imágenes del último proyecto de Julia Fullerton-Batten, el cual cuenta con las características de ensueño de un cuento de hadas. Sin embargo, las vidas que retrata son reales. “Existen dos escenarios diferentes: uno en donde el menor va a parar a la selva, y el otro en donde el menor ya se encontraba en su hogar, tan descuidado y maltratado que recibió mayor bienestar de los animales que de los humanos”, menciona la fotógrafa a la sección de Cultura de la BBC.

La imagen actual recrea el caso de la niña ucraniana llamada Oxana Malaya. Según Fullerton-Batten, “A Oxana la encontraron en el año 1991 en una perrera conviviendo con perros”. Tenía ocho años de edad y durante seis años convivió con ellos. Sus padres eran alcohólicos y una noche la dejaron a la intemperie. En búsqueda de calor, la pequeña -de entonces tres años de edad, gateó hasta la perrera de la finca y se acurrucó con los perros criollos, un acto que seguramente le salvó la vida. Caminaba en cuatro patas, jadeaba con la lengua hacia afuera, enseñaba los dientes y ladraba. Debido a la falta de interacción humana, solamente conocía las palabras ‘si’ y ‘no’”. En la actualidad, Oxana vive en un sanatorio ubicado en Odessa, y allí se encarga de las labores relacionadas con los animales de la finca.  (Crédito: Julia Fullerton-Batten)

Shamdeo, India, 1972p0351m5f

“Estos casos no se parecen al de Tarzán”, declara Fullerton-Batten. “Los menores debían pelear con los animales por el alimento -debían aprender a sobrevivir.  Cuando comencé a leer sus historias estaba conmocionada y horrorizada”.

El proyecto Niños Salvajes cuenta con 15 casos, donde las fotografías escenifican las historias de personas alienadas del contacto humano, muchas de las veces desde temprana edad.

Esta imagen retrata a un joven llamado Shamdeo, hallado en los bosques de la India en el año 1972 -se creía que tenía cuatro años de edad. “Estaba jugando con cachorros de lobo. Su piel era bastante oscura, tenía los dientes afilados, las uñas de los dedos de las manos eran largas y en forma de gancho, el cabello enmarañado y tenía callosidades en las palmas, codos y rodillas. Le encantaba la cacería de gallinas, comía tierra y le daban antojos de tomar sangre. Tenía un vínculo con los perros”. Jamás habló, más aprendió algo del lenguaje de señas y falleció en el año 1985. (Crédito: Julia Fullerton-Batten)

Marina Chapman, Colombia, 1959p0351m8h

La fotógrafa se inspiró para comenzar con el Proyecto luego de leer: The Girl With No Name, (La Niña Sin Nombre), un libro que trata la vida de la colombiana Marina Chapman. “Marina fue secuestrada en el año 1954 tan sólo cinco años de edad, de una remota aldea suramericana y luego abandonada por sus captores en la selva”, narra Fullerton-Batten. “Vivió con una familia de monos capuchino durante cinco años antes de ser hallada por cazadores. Comía bayas, raíces y bananos que le lanzaban los monos; dormía en agujeros de los árboles y caminaba en cuatro patas, como los monos. No era como si los monos le fueran dando el alimento, tuvo que aprender a sobrevivir, y tuvo la habilidad y el sentido común para copiar su comportamiento y ellos se acostumbraron a ella; tanto así que la despiojaban y la trataban como un igual”.

En la actualidad, la Sra. Chapman vive con su esposo y dos hijas en Yorkshire. “Debido a que era una historia tan inusual, muchas personas no le creían -radiografiaron su cuerpo con rayos x para analizar sus huesos y ver si en realidad tenía secuelas de desnutrición, y llegaron a la conclusión de que la historia podía haber ocurrido”.

Fullerton-Batten se contactó con ella: “Estaba realmente feliz de que usara su historia en el proyecto”. (Crédito: Julia Fullerton-Batten)

John Ssebunya, Uganda, 1991p0351mvv

La fotógrafa fue asesorada por Mary-Ann Ochota, antropóloga de origen británico y también presentadora del programa de televisión Niños Salvajes.

“Mary-Ann había estado en Ucrania, Uganda, y las Islas Fiyi, donde conoció a tres de los niños sobrevivientes”, menciona Fullerton-Batten. “Fue de gran ayuda al direccionarme en cómo posicionaban las manos, la manera en que caminaban, y cómo fue que sobrevivieron -quería cerciorarme de que el proyecto fuera tan real y creíble como fuera posible”.

Este retrato trata el caso de John Ssebunya. “John escapó de su casa en el año 1988 cuando tenía tres años de edad, después de ver a su padre asesinar a su madre”, informa Fullerton-Batten. “Escapó hacia la jungla donde vivió con monos. Lo capturaron en el año 1991 cuando tenía alrededor de seis años de edad, y lo enviaron a un orfanato… Tenía callos en las rodillas por caminar como los monos”.

John aprendió a hablar e hizo parte del Coro Infantil La Perla de África.  Mientras que muchas de las historias sobre niños salvajes son tanto mito como realidad, Ochota cree la historia de Ssebunya. “Su historia no hace parte de la típica historia inventada de mal gusto sobre un niño salvaje”, escribió para The Independent en el año 2012. “Estábamos investigando un caso real”.  (Crédito: Julia Fullerton-Batten)

Madina, Rusia, 2013p0351mg9

“Estos niños tan sorprendentes y salvajes, son a menudo causa de escarnio y tabú dentro de una familia o comunidad”, escribe Mary-Ann Ochota en su página de internet. “Estas no son historias del Libro de la Selva, son con frecuencia casos aterradores de maltrato y abandono. Y es muy probable que se deba a una trágica combinación de alcohol, violencia doméstica y pobreza. Son niños que cayeron en un callejón sin salida, que quedaron en el olvido, ignorados u ocultos”.

Según Fullerton-Batten, “Madina vivió con perros desde su nacimiento hasta que tuvo tres años de edad, compartiendo sus alimentos, jugando y durmiendo juntos cuando llegaba el frío del invierno. Cuando los trabajadores sociales la hallaron en el año 2013, se encontraba desnuda, caminando en cuatro patas y gruñendo como un perro. Su padre se había marchado poco después de su nacimiento. Su madre, de 23 años de edad, se refugió en el alcohol y se encontraba con frecuencia demasiado borracha para velar por su hija y…se sentaba en la mesa a comer mientras que su hija se sentaba en el suelo con los perros a roer los huesos”. A Madina la llevaron a un centro médico y los doctores la encontraron saludable tanto mental como físicamente a pesar de lo que había vivido. (Crédito: Julia Fullerton-Batten)

Sujit Kumar, Fiyi, 1978p0351mjf

“Sujit tenía ocho años de edad cuando lo encontraron en medio de la carretera cacareando, aleteando los brazos y comportándose como una gallina”, cuenta Fullerton-Batten.

“Picoteaba la comida, se posaba en cuclillas sobre una silla como si estuviera descansando, y hacía rápidos chasquidos con su lengua. Sus padres lo encerraron en el gallinero. Su madre se había suicidado y su padre había sido asesinado. Su abuelo se había ocupado de él, pero aúna sí lo mantuvo confinado al gallinero”.

Para los niños, la transición tras ser hallados puede resultar tan difícil como los años que pasaron aislados. “Cuando los encontraron, fue tal la conmoción -habían aprendido a comportarse como un animal, sus dedos eran como garras y ni siquiera podían sostener una cuchara. De un momento a otro, todas estas personas estaban tratando de hacerles sentar y hablar de manera apropiada”.

Actualmente, Kumar está bajo el cuidado de la Sra. Elizabeth Clayton, que lo rescató de un hogar para ancianos y lo estableció en un hogar de beneficencia para niños necesitados. (Crédito: Julia Fullerton-Batten)

Iván Mishukov, Rusia, 1998p0351mll

A pesar de las desgarradoras historias en su serie de relatos, las imágenes de Fullerton-Batten cuentan una historia de supervivencia. “Todos los seres humanos necesitan el contacto humano, pero para estos niños, su vida entera se centró en su instinto de supervivencia”, declara mientras cuestiona “si quizás, quienes viven en compañía de animales salvajes están en mejor situación que aquellos cuya temprana existencia pasó sin compañía alguna”.

Iván huyó de su familia con tan solo cuatro años de edad, alimentando con sobras de comida a una jauría de perros salvajes, lo cual, con el tiempo, lo convirtió en una especie de líder. Vivió en la calle durante dos años antes de ser llevado a un hogar para niños. En su libro, Savage Girls And Wild Boys: A History Of Feral Children, (Niñas Feroces y Niños Salvajes: Historias de Niños Ferales), el autor, Michael Newton escribe: “La relación funcionaba a la perfección, mucho mejor que cualquier otra conocida por Iván entre sus semejantes. Mendigaba comida y la compartía con su jauría. A cambio, dormía con ellos durante la intensa oscuridad de las largas noches de invierno, cuando la temperatura descendía vertiginosamente”.

Fullerton-Batten cree que el “niño salvaje” puede revelar mucho de lo que se oculta dentro de las sociedades aparentemente civilizadas -una ciudad puede ser tan inhóspita como un bosque, y declara: “Iván huyó porque así lo decidió, no vivir en su casa -la cual debió haber sido muy perjudicial para que él prefiriera estar en la calle con una jauría de perros. Además, durante la realización del proyecto, procuraba no encontrarme en condiciones de explotación. Tres de los casos sirvieron como ejemplo para crear obras benéficas -Quería llamar la atención sobre lo que está sucediendo hoy en día”. (Crédito: Julia Fullerton-Batten)

Traducido del inglés al español por: Alix Rovi

Fuente: BBC