Valentin Schmid, Epoch Times

01/11/2015

Cuando se trata de China, todo es grande, sobre todo las cifras. China acaba de anunciar nuevas e importantes cifras: un programa de inversión de 250 mil millones de dólares para América del Sur.

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El presidente de Venezuela (der.), Nicolás Maduro, acompaña al dirigente de China, Xi Jinping (izq.), revisan la guardia de honor durante la ceremonia de bienvenida en el Gran Salón del Pueblo el 7 de enero 2015 en Pekín, China. (Foto: Andy Wong/ Getty Images)

El problema con las cifras es que, por un lado, esconden muchas cosas y, por otro, sacan conclusiones que son falsas después de un análisis minucioso.

Sí, 250 mil millones de dólares en una cifra relativamente grande. Pero esta inversión principalmente se hace en préstamos o dinero invertido en infraestructura, se repartirán en diez años. De repente, se reduce a 25 mil millones de dólares por año para todo un continente con un PIB de 5.7 billones de dólares en 2013, incluyendo el Caribe.

Desde otro punto de vista, los 25 mil millones de dólares representan un escaso 0.6% de las reservas de divisas de China, sin contar los intereses recibidos de sus más de un billón de dólares de los títulos del tesoro. China sabe que necesita diversificar esta enorme cantidad de activos y aprovecha cada oportunidad.

Por último, pero no menos importante, comparar esta cantidad con la de otros países: Estados Unidos invirtió $22.6 mil millones en América del Sur en inversiones extranjeras directas, sin incluir los préstamos oficiales.

Estados fallidos

Está claro que el sector público de los países socialistas sudamericanos necesita dólares en efectivo.

Después de provocar la caída de sus economías por la nacionalización y la sobrerregulación de los sectores productivos, países como Venezuela y Ecuador esperan recibir préstamos de 20 mil millones y 7.5 mil millones de dólares, respectivamente. Préstamos para comprar mercancías de Europa, Estados Unidos y China.

Sus deficientes economías se mantenían a flote por los altos precios de las materias primas, que ahora se derrumbaron, irónicamente,  debido principalmente a la desaceleración de la demanda china.

Así, mientras bajan las inversiones del sector privado de Estados Unidos, el sector público chino toma su lugar: trata de ganar influencia y asegurar recursos naturales (principalmente petróleo) a bajo precio a la espera de la recuperación de su economía.

Al comprar a los países socialistas de América del Sur (especialmente Venezuela), China apuesta por un mercado que indica que el país tiene un 90% de probabilidades de declararse en moratoria antes de finales del próximo año. China toma el control de América del Sur, lo que Occidente evita, similar a los países satélites de la época soviética durante la Guerra Fría.

Ganancia

Por cada inversión, hay que calcular la ganancia. Nadie en su sano juicio prestaría dinero a estos países cuando están al borde la quiebra, y tienen la reputación de rechazar tanto a inversores públicos como privados.

Tal vez China considera, porque es rica y poderosa, ¿qué estos países no se atreverán a hacer lo mismo?  No está del todo equivocada, porque América del Sur ya tiene cierto grado de dependencia con China, en dólares, importaciones o transferencia de tecnología.

Sin embargo, los países pequeños no tienen miedo de luchar contra China, que tiene la reputación de tirar el dinero en inversiones de riesgo en el extranjero.

Según cálculos de la American Enterprise Institute, en la última década, 250 mil millones de dólares de inversión y de construcción chinas en el extranjero se desperdiciaron por razones ajenas al mercado, principalmente debido a disputas legales. Esto representa una cuarta parte de las inversiones chinas y proyectos de construcción de la década pasada, ¡una cifra grande!

Fuente: http://www.theepochtimes.com/n3/1186633-china-wants-to-buy-out-latin-america/