Por IM BANG.

En tiempos antiguos, en uno de los condados del norte de la Provincia de Ham-Kyong, existió un mal oliente duende que destruyó muchas vidas. Los magistrados llegaban uno detrás del otro y diez días después de su llegada, cada uno de ellos moría en agonía, en efecto, ningún hombre deseaba alojarse o tener algo que ver con el magisterio, por eso, cada uno de los cien o más hombres a los que se les pedía tomar el puesto, se negaba.

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(Imagen: Dominio público)

Por último, un valiente soldado que estaba sin ningún tipo de influencia política o social, acepto. Él era un hombre valiente, fuerte y audaz, que pensó, «Aunque haya un espíritu maligno allí, ciertamente no todos los hombres morirán. Le haré una prueba». Dijo adiós y entró en su oficina donde se hallaba solo ya que todos los demás habían huido del magisterio. En todo momento llevaba consigo una pequeña espada, se la pasaba armado porque desde el primer día había notado un extraño y hediondo olor que gradualmente se acentuaba más y más.

Después de cinco o seis días, también pudo notar lo que parecía una bruma que con frecuencia hacía su entrada por la puerta exterior, y precisamente a partir de esta niebla llegaba aquel fétido olor que a diario se hacía cada vez más insoportable, presintió que no podría aguantarlo por más tiempo.

A los más o menos diez días de estar así, cuando le llegó la hora de morir, los empleados y sirvientes del magisterio -que habían regresado al saber que el magistrado aún vivía- huyeron de nuevo. El magistrado puso una jarra de vino a su lado que bebía con frecuencia para fortificar su alma, ese día en particular se puso muy borracho y así decidió esperar hasta que al fin vio algo que venía a través de la puerta principal y que al parecer estaba envuelto por la niebla, era de tres o cuatro metros de amplitud, y más o menos quince metros de alto, no tenía cabeza, ni cuerpo o brazos que fueran visibles, tan sólo en la parte superior había dos terribles ojos que giraban salvajemente. El magistrado dando un grito y un gran salto se precipitó hacia el duende y lo hirió con su espada, cuando le dio el golpe se escuchó el sonido del trueno y el duende se disipó en su totalidad, también aquel nauseabundo olor que lo acompañaba desapareció de inmediato.

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(Imagen: Dominio público)

El magistrado se desmoronó después del arrebato nacido de su borrachera, cuando los criados regresaron, pensaron que este magistrado también había muerto, y se reunieron en el patio para prepararse para su entierro, pero cuando le vieron caído en el suelo, recordaron que los cuerpos de las otras personas que habían muerto a causa de este mal, habían sido dejados en la baranda, y extrañamente, el del magistrado había sido dejado en la tribuna inferior. Le alzaron con el fin de prepararlo para el entierro cuando repentinamente el magistrado volvió a la vida, miraba con enojo y les preguntaba qué estaban haciendo. El miedo y el asombro los invadió.

A partir de ese momento no hubo más muertes, ni olor.

Fuente: Korean Folk Tales, James Gale – 1913.

Traducido del inglés al español por: Alix Rovi