Por qué Estados Unidos podría ganar la guerra comercial con China

 

Por Valentin Schmid, Epoch Times

Donald Trump es duro cuando se trata de China. Wilbur Ross y Peter Navarro, conocidos como “halcones” del comercio, fueron asignados por el futuro presidente de Estados Unidos en puestos clave de su administración. Ha amenazado con imponer un arancel general a las mercancías chinas y se atrevió a hablar con el presidente de Taiwán, un gesto político que en otro tiempo, se hubiera considerado como una grave ofensa diplomática.

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Un billete de 100 yuanes puesto sobre un periódico con la foto de Donald Trump, en un kiosko de periódicos en Pekín, 10 de noviembre 2016. (Foto: Greg Baker/ AFP/ Getty Images)

Según James Rickards, autor del libro “Road to Ruin”, Donald Trump considera nuevas relaciones comerciales con China beneficiosas para ambos, y estos preparativos son su manera de cimentar una nueva base.

(Trump) dice a China: “Aquí es donde vamos a empezar, ¿qué nos proponen? ¿Están dispuestos a ser más flexibles con la inversión extranjera directa? ¿Están listos para tratar a las empresas estadounidenses en China de una manera más equitativa? ¿Están listos para detener el robo de la propiedad intelectual? Si China hace concesiones en estos asuntos, se puede decir: Bueno, ahora mi tasa es [más baja]. Es el arte de hacer negocios; la gente no lo entiende a diferencia de Trump”, dijo James Rickards a la BBC. Sin embargo, como en toda negociación, la otra parte tiene también algunas fichas sobre la mesa. Por ejemplo, China puede perjudicar a las compañías que exportan a China o las que operan en ese país.

Entonces, ¿quién tiene la ventaja en las negociaciones? Un informe de la compañía de investigación Geopolitical Futures (GPF), dice que si ocurriera una guerra comercial, los Estados Unidos sufrirían algunos daños pero terminarían por salir victoriosos. “China se vería afectada por las medidas proteccionistas de los Estados Unidos en mayor grado que cualquier represalia económica que tuviera China a su disposición”, dice el informe.

¿Qué está en juego?

El punto más importante para ambos países es la relación simbiótica entre China como exportadora y los Estados Unidos como importador, entre los trabajadores chinos que producen bienes baratos y los consumidores estadounidenses que los compran.

De acuerdo con el Censo de Estados Unidos, en 2015,  EE.UU. importó 483 mil millones de dólares en bienes provenientes de China. Desde que el Imperio Medio ingresó a la OMC en 2001, Estados Unidos ha sido el principal importador de productos chinos (a excepción de un solo año).

En el peor de los casos, unos 15 millones de trabajadores chinos en el sector de la exportación podrían perder su empleo, si los estadounidenses dejan completamente de importar de China. Una pesadilla para el régimen chino, que depende del empleo para preservar la estabilidad social del país y así su propio poder.

Por otro lado,  EE.UU. depende de China por las importaciones baratas. Por ejemplo, más del 90% de los paraguas y bastones importados por los Estados Unidos provienen de China, y también produce el 22% de todos los productos importados por EE.UU. Importar estos productos de otro país o producirlos localmente sería difícil y lo más probable es que fueran más caros. Sin embargo, sería sólo una pequeña molestia en comparación con los 15 millones de desempleados chinos.

“La dependencia estadounidense de los productos chinos es una cuestión de conveniencia”, dice el informe de la GPF. Los analistas encuentran que Estados Unidos tiene la capacidad de producción suficiente para compensar cualquier falta de productos manufacturados.

Según la Reserva Federal (Fed), en octubre de 2016, el uso total de la capacidad industrial de Estados Unidos sólo fue del 75.1%. “Por supuesto, el aumento de la capacidad de producción no sería fácil. Un obstáculo es que muchos grupos industriales vieron su capacidad atrofiada después de años de malos resultados. Pero estas industrias son como los músculos, se atrofian en los malos tiempos, pero se fortalecen en los buenos”, dice el mismo informe.

Un ejemplo es la industria del mueble. En 2015, el 17% de todas las ventas de muebles en EE.UU. venían de China, mientras que el uso de la capacidad de producción en Estados Unidos fue del 75% la mayor parte del año. Si los Estados Unidos aumentaran la producción hasta el 100%, lo que es poco probable, podrían reemplazar a todas las importaciones chinas, pero a un precio más elevado. Sería lo mismo para muchas otras industrias, desde los textiles hasta el caucho sintético, con además, la ventaja de disminuir la tasa de desempleo estadounidense.

El poder del monopolio

En los debates sobre el comercio con China, a menudo oímos que China tiene el monopolio de las tierras raras, un componente esencial para muchos productos digitales. Sería terrible, en un escenario de malas relaciones entre China y Estados Unidos, que las dejara de exportar a EE.UU., como lo hizo con Japón en 2010.

De acuerdo con la GPF, es otro ejemplo clásico de la misma cuestión de precios y no de disponibilidad. En 2016, China produjo el 89% de las tierras raras en el mundo. Sin embargo, Estados Unidos tenía su propia empresa Molycorp Inc que las produjo hasta 2015, cuando tuvo que declararse en quiebra debido a la competencia de productos chinos baratos.

El GPF estima que la producción potencial de Molycorp sería suficiente para satisfacer la demanda de tierras raras de Estados Unidos, pero una vez más a un precio más alto que las importaciones chinas actuales, y con cierto retraso.  “El resultado no sería catastrófico y, de hecho, generaría la capacidad de producción de tierras raras en EE.UU. o en otro país, como Australia, de donde los Estados Unidos podría importar”, según el mismo informe.

Represalias

¿Qué pasaría si la respuesta china fuera imponer aranceles a los productos estadounidenses exportados hacia China? De acuerdo con el GPF, hay un antecedente, y no termina bien para China. Cuando en 2009, el presidente Obama impuso un arancel del 35% a los neumáticos chinos para automóviles y furgonetas, China respondió imponiendo un arancel a la carne de pollo de Estados Unidos.

El impacto de los aranceles estadounidenses sobre los neumáticos era limitado: Las importaciones desde China cayeron un 50% hasta 2015, fueron reemplazados por productos de Corea del Sur y otros países. Esto muestra los límites de volver a crear empleos en Estados Unidos, así como el hecho de que el suministro de bienes en los Estados Unidos no depende de China.

Es lo mismo para empresas multinacionales, que podrían transferir su producción a otros países asiáticos, si China les hace la vida más difícil. Por otro lado, los precios de Estados Unidos afectaron gravemente a la industria de neumáticos en China. “El uso de la capacidad china en la producción de diversos segmentos de neumáticos se redujo entre 50 y 60%. Cientos de fábricas de neumáticos cerraron y los fabricantes chinos redujeron los precios de venta, para seguir siendo competitivos en el mercado”, dice el informe de la GPF.

¿Y el pollo estadounidense? La exportación se duplicó entre 2011 y 2016, mientras que la producción total de aves de corral en EE.UU. aumentó durante este periodo. “Es probable que las futuras medidas de retorsión darían resultados similares: un impacto a corto plazo para los Estados Unidos, seguido de recuperación”, concluye el reporte.

Un posible compromiso

Mientras empresas como Apple podrían trasladar su producción a otra parte, se necesitaría mucho tiempo y tendría un precio. Starbucks, que efectúa en China el 5.7% de sus ventas mundiales, no podría simplemente reemplazar su mercado de más de mil millones de consumidores. Lo mismo para Boeing, que obtuvo el 13.1% de su beneficio en 2015 gracias a las exportaciones a China, el mercado de mayor crecimiento para los aviones.

Sin embargo, también hay muchas multinacionales chinas que operan en EE.UU. (por ejemplo, inversiones FOSUN), o actividades bancarias en Estados Unidos para convertirse en su próximo gran mercado (Alibaba).

De acuerdo con el informe de la GPF, en el caso de una guerra comercial total, ambos países pierden, pero Estados Unidos tendría la sartén por el mango. Donald Trump lo sabe, por eso pide a China negociar un mejor trato para Estados Unidos. Si China también entiende que está en una posición más débil, podrá evitar una situación en que ambas partes saldrían perdiendo.

Fuente: How the US Could Win a Trade War With China 

Traducido del inglés al español por: Lucía Aragón

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