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¿Conoce usted la Agenda 2030 de la ONU?

Objetivo número 1: poner fin a la pobreza en todas formas y en todas partes

Por: Sandra Rodríguez

ChinaCommunistRussiaSurveillance1La agenda 2030 de las Naciones Unidas es un documento con una serie de propuestas para lograr un mundo mejor que deben alcanzarse al terminar el año 2030. Muchos de estos objetivos se han venido implementando y cumpliendo desde el 2015 sin que la opinión pública mundial conozca su existencia ni apruebe su ejecución. Esta agenda ha pasado hasta el momento desapercibida, pero ahora se hace más popular por la firma del pacto migratorio, que ha generado gran polémica y oposición ciudadana en varias naciones. La agenda 2030 se presenta a sí misma como la alternativa para un nuevo orden mundial.

Nuevo orden mundial, nueva religión mundial, nuevo gobierno global, ciudadano global, igualdad, derechos sexuales, desarrollo sostenible y cambio climático son los mantras del peligroso credo globalista; el nuevo socialismo progresista. El globalismo no se está tornando en lo que creímos hace unos años; un fenómeno natural en el que los gobiernos y las naciones confraternizarían en un entorno pluricultural tolerante y diverso. Es todo lo contrario, el globalismo se está convirtiendo en el caballo de Troya que vino para destruir la democracia, las culturas y las naciones.

Muchos acusaban al capitalismo de tal peligro, pero en realidad, son los regímenes y los estados socialistas-comunistas que están a la cabeza de la ONU los que promueven la destrucción de las fronteras nacionales, los sistemas de leyes y la soberanía, además del extermino de grupos religiosos, étnicos y políticos. En la historia podemos encontrar que tales regímenes del terror están envueltos con la bandera roja de la muerte: Unión Soviética, China, Corea del Norte, Venezuela, Cuba, las naciones de la cortina de hierro, entre otras naciones africanas y del sur de Asia, sumidas en hambre, sangre y terror.

Bajo la ideología socialista-comunista, se ha hablado siempre de lucha de clases, de la revolución del pueblo y de la creación de un gobierno y una nación de y para los trabajadores. Tal imagen se ha quedado en la mente de muchos como un cuadro romántico ideal de una sociedad perfecta: sin pobreza, derechos fundamentales protegidos y progreso. Sin embargo, al examinar con lupa la historia de tales regímenes, lo que se encuentra es un panorama aterrador y desconcertante; los trabajadores siguen luchando por los derechos básicos y son incluso perseguidos, una pequeña élite gobierna y ostenta poder y gran riqueza y el progreso material y espiritual de la nación queda enterrado en las ruinas de un país esclavizado por la dictadura.

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La Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, y el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro Moros. (Cancillería de Venezuela – Handout – Agencia Anadolu).

Según la agenda 2030 de la ONU esto no debe seguir sucediendo y se debe implementar mecanismos que aseguren un mundo sin pobreza. ¿Cómo sería posible tal utopía? Asegurando que todos los ciudadanos sean iguales y obtengan los mismos beneficios. ¿A qué nivel deben estar todos los ciudadanos? Al nivel en el que todos dependan completamente del estado para obtener salud, educación, trabajo y comida. ¿Asegura esto una alta calidad de vida? No. La idea no es elevar la calidad de vida de la población, sino de nivelarlos a todos de modo que no puedan subsistir sin aval del gobierno local y global. Esto solo asegura pobreza generalizada y controlada por el gobierno como en el caso de Venezuela.

La ONU se presenta como el nuevo orden y gobierno mundial que dará las directrices para que los gobiernos nacionales ejecuten su agenda. De este modo, se asegura que el control total sobre la educación y adoctrinamiento de la población sea exitoso y todos acepten sin rechistar lo que se les impone: no libertad, pero si una cuota media de comida y medicina. Esto va en detrimento de la población y de su libertad de elección. Si alguien quiere hacer algo distinto, estudiar algo en especial, tener más ingresos, crear empresa y generar más empleo no podrá hacerlo sin que antes la interminable burocracia internacional lo permita. Nadie debe estar en posición o en libertad de elegir.

Esto implica, que el ciudadano nunca ponga en tela de juicio las directrices del gobierno, pierda sus bienes, pierda el derecho a la propiedad privada y sea además privado de los beneficios de un trabajo bien remunerado, porque sin importar a qué se dedique, nunca recibirá más que los otros, lo que va en detrimento de las libertades individuales. Se busca tal nivel de adoctrinamiento para que el ciudadano común pase de ser actor a simple reproductor de la cultura global y predique la agenda de la igualdad y la sostenibilidad en nombre del calentamiento global.

Lo único que debe esperar el ciudadano global del gobierno manejado por la ONU, es que mensualmente se le entregue sus subsidios y bonos de alimentos y medicamentos puntualmente. Una estrategia que ha costado graves crisis económicas y sociales a muchas naciones. De nuevo el ejemplo clave: Venezuela. Si el ciudadano llega al límite de solo despertar cada día para asistir a reuniones del partido o de gobierno, enseñar a sus hijos las doctrinas y se esfuerza inconmensurablemente en no consumir ni hacer para no matar al planeta, se podrá hablar entonces de una dictadura mundial.

Si el ciudadano pierde el derecho a elegir su vida, su vocación y su profesión y se le coarta para que olvide su libertad a cambio de bonos, viviremos en un mundo peor que el presente. Ninguna persona que se respete a sí misma y defienda su dignidad, vendería su libertad por bonos. La pobreza según esta agenda debe ser estandarizada y justificada para poder ponerle una etiqueta más pegajosa: economía sustentable. Consumir no es el problema, el problema es la riqueza concentrada en las manos de unos pocos irresponsables que lo manejan todo, y eso con la agenda 2030 no va a cambiar, muy al contrario, es seguro que va a empeorar.

¿Conoce usted la agenda 2030 de las Naciones Unidas? Primera parte: de los impuestos, la producción nacional y el consumo

Por Sandra Rodríguez

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En la Cumbre para el Desarrollo Sostenible, que se llevó a cabo en septiembre de 2015, los Estados Miembros de la ONU aprobaron la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, que incluye un conjunto de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para poner fin a la pobreza, luchar contra la desigualdad y la injusticia, …( onu.org.mx)

Muy pocos han escuchado de la agenda 2030 de Naciones Unidas y aun menos son conscientes de las consecuencias nefastas de dicha agenda dirigida curiosamente por China, un país que es cada día más poderoso, y con una influencia que controla no solo el mercado internacional sino también naciones socialistas tales como Venezuela.

Esta agenda se justifica desde la necesidad del “desarrollo sostenible”, primordial para salvaguardar el planeta, que atraviesa en estos momentos los flagelos del cambio climático, las guerras y las hambrunas.

El objetivo central es que todos los países del mundo se acojan a estas reglas a la mayor brevedad, pero en especial los países occidentales, sobre todo las naciones ricas, pues para hacer posible el “desarrollo sostenible” se supone de la colaboración de los que tienen para con los que no. La pregunta es cómo se pretende recolectar dicha ayuda.

Los recursos no se pedirán voluntariamente según está agenda globalista de 2030, la ayuda se exigirá y los recursos de las naciones ricas pasarán a ser manejados y controlados por la ONU que decidirá a su vez a quién brindar dichas donaciones. Esto va directamente en detrimento de la economía de las naciones ricas de occidente, lo que supone indiscutiblemente un peligro inminente para la economía de todo el hemisferio occidental: si cae Europa y Estados Unidos, nos guste o no Latinoamérica caerá en desgracia. Todos nuestros países sufrirán el karma venezolano.

Nicolás Maduro es un ferviente ejecutor de dichas políticas socialistas maquilladas de humanitarias; a los ricos se les expropia, pero a los pobres no se les da nada, solo sobras. Entonces, ¿a dónde van esos dineros? A grandes multinacionales como por ejemplo Monsanto y Dupont, naturalmente también a la banca privada y a las grandes firmas del gigante asiático, sin olvidar otros actores menos legales como el narco.

La agenda 2030, un documento de 700 páginas, pareciera ser el plan de salvación del mundo, sin embargo, es una agenda socialista para el control de masas por parte de un gobierno global que inició operaciones después de 2015 y que se prevé estar completamente ejecutada para el 2030. En esta agenda, el contribuyente occidental verá cómo los impuestos que él paga a su nación se fugan al extranjero, provocando un resquebrajamiento de las economías nacionales. Tal escenario ya se ha vivido como experimento en Europa: con la crisis en Grecia, Italia y España se le obligó a los alemanes pagar un impuesto de ayuda a Grecia, el cual nunca llegó a solventar la crisis económica. Los recursos aterrizaron directo en los bancos que siguieron haciendo de las suyas, fomentando la xenofobia, la polarización y llevando a la gente a confiar en los partidos de corte ultraderechista, o más bien, nacional…socialista.

Como resultado, el desempleo y la crisis económica en Alemania creció, pero nunca en la escala de los países mediterráneos, pues la idea no es desangrar rápidamente al contribuyente, sino mantenerlo con la soga al cuello con contribuciones cada vez más numerosas y que se incrementarán de a poco, acudiendo a su moral como buen ser humano: tienes que ayudar al que necesita y si no, eres malvado. Por su parte, en los países en crisis, el desempleo y la burbuja inmobiliaria estalló y las pensiones desaparecieron.

La redistribución de la riqueza no solo se pretende lograr a través de estos impuestos sino también a través de la reestructuración de los modelos de producción y consumo de cada nación. El país que quiera implementar el proteccionismo para cuidar a su industria nacional será severamente castigado, pues interferiría gravemente con la recaudación de dineros para las naciones empobrecidas con regímenes socialistas y comunistas. Justamente, hoy un medio independiente colombiano denunció cómo Guaidó, el presidente interino de Venezuela, se apropió de recursos internacionales para ayudar a los pobres en Colombia y se los llevó a su país.

Usted se preguntará qué tiene que ver Guaidó con Maduro, pero es muy simple. Todo hace parte de una puesta en escena. Se trata de polarizar y enfrentar a los ciudadanos unos en contra de otros. El régimen se enriquece con las políticas de hambre de la ONU, mantiene a China y Rusia surtidos con petróleo gratis y roba recursos a su vecino para empobrecerlo y sofocarlo hasta que caiga en una crisis tan profunda que sea fácilmente influenciable en las elecciones de alcaldes y presidente, como pronto sucederá en Colombia. Todos juegan sus cartas con el mismo objetivo: El gobierno global.

El documento a punta en primer lugar a la insostenibilidad del sistema de consumo, lo que implica que cada nación se vea en la necesidad de restringir el poder adquisitivo de sus ciudadanos y al mismo tiempo retire el apoyo estatal a la industria nacional, provocando miles de despidos masivos, ya sea por reestructuración o por cierre de empresas y fábricas que ven cómo ya nadie compra sus productos. Esto lo ha venido propiciando China con sus industrias de muerte y esclavitud en su territorio matando las economías de muchos países. La materia prima es barata, la producción es barata, la mano obra casi gratuita. Un cóctel mortal para la mediana y pequeña industria de cualquier nación en el planeta y también para el consumidor: sus compras son de pésima calidad y se verá obligado a comprar una y otra vez lo mismo porque no dura. Esto va en detrimento de la economía y del bolsillo del consumidor empobrecido.

Todo esto se sostiene en la agenda justificando que hay demasiada gente que consume demasiados recursos y que el planeta sucumbirá a esta tendencia. Sin embargo, al analizar tal premisa se puede ver lo ilógico del asunto. Si bien, la población mundial es enorme, eso no quiere decir que todos consumen de igual manera, que todos tienen dinero para comprar, que todos tienen empleo. Solo menos del 20% de la población mundial sostiene la economía del planeta, los cientos de millones de pobres no cuentan para el sistema, no existen, y los mega ricos que son un escaso 1% de la población, evaden impuestos y obligaciones en paraísos fiscales que ninguna autoridad controla.

Entonces, ¿cómo afirman que el ritmo de consumo es insostenible? La clase media y la media alta cada día pierden más derechos debido a los impuestos y la reestructuración del sistema de producción. La especulación y el sistema de crédito engañan a los incautos y los ahogan en deudas, dejándolos en la total ruina. La clase media mundial es cada vez más pobre. Por lo tanto, ¿quién es el que consume desmesuradamente los recursos del planeta? Sí, las grandes multinacionales que, como Nestlé, llegan a naciones tercermundistas y se apoderan del territorio y del agua, alegando que el preciado líquido NO es un derecho humano, sino un bien de consumo. El consumidor sin ética ni control no son más que esos conglomerados alimenticios, tecnológicos, banqueros y farmacéuticos, no el ciudadano común.

Esta agenda se empeña con su discurso climático en hacerle creer al ciudadano de a pie que él es el culpable y no responsabiliza abiertamente a las grandes multinacionales por la contaminación. Por lo tanto, insiste en no comprar automóviles o mejorar los medios públicos de transporte, sino optar por la bicicleta, en no consumir agua y electricidad, mientras las grandes mineras a través del fracking envenenan las reservas subterráneas de agua y devoran energía sin límites ni restricciones, en no tener descendencia, mientras a los niños ya nacidos se les mata con azúcar y químicos.

Si bien, es imperativo regular cosas como el uso de plásticos, concretamente responsabilidad de una industria alimentaria devastadora e irresponsable, la agenda 2030 quiere hacerle creer al ciudadano que todo el caos planetario es su responsabilidad y de las naciones soberanas, por lo tanto, un gobierno global es la única solución. Un gobierno ideal en cabeza de las Naciones Unidas guiadas por China, el nuevo líder de la organización, bien conocido por sus crímenes de lesa humanidad, por sus políticas de producción desmesurada sin ética, de abortos forzados, de eugenesia, de esclavitud y control de masas por medio de la censura y de la represión.

En China pensar diferente es un delito mortal. Bien lo saben los practicantes de Falun Dafa. Cerca de 65,000 de ellos fueron perseguidos, desaparecidos, torturados y asesinados por el régimen chino y sus órganos vendidos en el mercado internacional de manera ilegal sin el consentimiento ni de las víctimas ni de sus familias. Incluso muchos de los cadáveres son ahora parte de la exposición BODIES de Günther von Hagens, ahora también investigado por estos crímenes.

Por su parte, los ciudadanos comunes son controlados por una red de cámaras al mejor estilo BLACK MIRROR y ven cómo sus derechos y libertades individuales básicas son coartadas y violadas por el régimen.

Eso es lo que le espera al mundo si más naciones se unen a esta agenda liderada por China. La ciudadanía debe saber y conocer a profundidad este documento. Trabajar, producir y consumir no es malo, quienes propician el caos y la crisis de recursos son las grandes industrias, es imperativo que los países protejan sus economías y fronteras y cuide de los suyos.