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El cerebro del corazón

Por: Maylida Armas

La Gran Época, México

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(Imagen: Dominio público)

Fisiológicamente hablando hay quien dice que el corazón, a pesar de ser un órgano vital, tiene menos funciones que otros, como por ejemplo el hígado;  y que dichas funciones se circunscriben simplemente a mantener el sistema circulatorio bombeando la sangre a todas partes del organismo oxigenándola a través de los pulmones.

Sin embargo, la medicina china compara al corazón con un rey, pues sostiene que es el señor de los órganos principales del cuerpo como son  pulmón, bazo, riñones, hígado, intestino grueso, intestino delgado, estómago, vejiga y  vesícula biliar, pues cuando las emociones agitan el corazón, se agitan  también éstos órganos.

Todos relacionamos las emociones con el corazón: “tengo el corazón en la boca”, para expresar angustia: “tiene un corazón de piedra”, para señalar a la persona carente de sentimientos o “tiene un corazón de oro” cuando queremos expresar la bondad de una persona.

La ciencia dice que las emociones se procesan en el cerebro, y de allí se ordena la reacción en nuestros órganos, sin embargo, algunos estudios más recientes  dicen que el corazón tiene, “su propio cerebro”, con un sistema nervioso independiente (cerebro del  corazón)  bien desarrollado. Se dice incluso que es un órgano inteligente que puede tomar decisiones y pasar a la acción independientemente del cerebro, y que puede aprender, recordar y percibir incluso sucesos antes de que sucedan. Cuando decimos por ejemplo: “tengo un mal presentimiento”, nos tocamos el pecho, porque allí sentimos que algo no anda bien.

Estos interesantes conceptos son respuesta a investigaciones de la matemática Annie Marquier, matemática e investigadora de la Conciencia. Ella sostiene que el corazón tiene un sistema nervioso propio con más de 40,000 neuronas, existiendo cuatro conexiones que parten del corazón al cerebro: impulsos nerviosos, información bioquímica mediante hormonas y neurotransmisores, comunicación biofísica mediante ondas de presión y un campo electromagnético mayor que el de todos los órganos del cuerpo, incluso que el del propio cerebro. Las señales que el corazón envía al cerebro influyen en la función del mismo, en lo concerniente a la percepción, cognición y procesamiento emocional.

De acuerdo a ésta teoría, el corazón podría ser el órgano que recibe la información, y la transmite luego al  cerebro. De hecho, la investigadora  sostiene que  las ondas cerebrales se sincronizan con las variaciones del ritmo cardíaco, mostrándose armoniosas cuando se tienen emociones y pensamientos positivos, o alteradas en caso contrario.

Un factor de mucha importancia bajo estos conceptos, es el campo electromagnético del propio corazón, superior incluso al del cerebro. Este campo magnético afecta nuestro alrededor en un radio de 2 a 4 metros, compartiendo así con nuestro entorno  nuestra propia información energética, producto de nuestras emociones.

Annie Marquier considera sobre este particular, que el ser humano actúa en base a la conciencia inferior cuando es dirigido por el cerebro, o a la conciencia superior cuando la guía es la inteligencia del corazón. Esta inteligencia permite la percepción correcta de las cosas pues no se apoya en experiencias pasadas o creencias adoptadas presentes en el cerebro, creándose así un estado de coherencia biológica, donde todo funciona adecuadamente. La inteligencia del corazón nos conecta con los pensamientos y emociones positivas, desde las cuales se da un proceso de crecimiento personal y emocional.

Todos podemos dejar prevalecer el corazón sobre nuestros pensamientos, percepciones y emociones, lo cual nos llevará al sentido de unidad universal y contribuirá a elevar la conciencia colectiva con su influencia. Solo es necesario cultivar las cualidades del corazón: amor, compasión, respeto, cooperación, paciencia, compartir, no dando cabida o por lo menos controlando el miedo, el ego y demás emociones negativas. Para cultivar el corazón, es necesario igualmente desprenderse de lo superfluo e innecesario, viviendo con sencillez y generosidad y  aprendiendo a disfrutar el milagro diario de la vida que pasa ante nuestros ojos de miles de formas en cada instante.

Cultivar las cualidades del corazón  nos acercará cada vez más a nuestra verdadera esencia espiritual, ayudará a aquietar la mente y a desarrollar la intuición para guiar el alma.