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Último hielero de los Andes

Por Sandra Rodríguez

La Gran Época, México

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Baltasar Uscha, un hombre de 67 años camina hasta una montaña solo, bajo la lluvia, el aguanieve, la nieve y el sol, sólo por el hielo. (Foto: Sandy Patch)

Subiendo con tres burritos que un canal local de televisión le regaló, Don Baltazar, el último hielero del Chimborazo, continúa con su oficio tradicional, recoger hielo del volcán más importante del Ecuador.

Subiendo por los imponentes 6,300 metros del volcán Chimborazo, don Baltazar Ushca relata a un equipo de televisión su singular trabajo. Sube dos veces por semana al volcán en busca de hielo, carga a sus fieles acompañantes y baja al pueblo a vender su precioso tesoro.

Yuli, Winnigson y Luis Huamán suben con paciencia las altas cumbres del volcán, cuanto más alto, más lento caminan y Baltazar los sigue respirando lentamente. Mientras los tres burritos aguardan en medio del fuerte viento helado, su amo se dedica a picar el hielo del volcán. Hielo glaciar, agua pura hecha cristal.

Sin embargo, el amado oficio de Baltazar ha pasado a ser innecesario, en primera instancia por la introducción del refrigerador y el acceso que cada vez más gente tiene a la energía eléctrica, y en segundo lugar, por el cambio climático que hace que las paredes de hielo desaparezcan en una avanzada constante y sin freno.

Baltazar dice que el hielo es bonito, especial. Con él se hacen refrescos, jugos y helados tradicionales de paila. Carga 6 bloques de hielo de 40 kilos cada uno. A pesar del tesoro mineral que esta agua helada contiene y de 2 horas de ascenso y 4 de descenso solo recibe 5 dólares por pieza.

No obstante, el expresidente Rafael Correa, reconoció su trabajo como patrimonio cultural del Ecuador y se le erigió un monumento en el museo de la ciudad de Riobamba. Ahora es una gran celebridad en la región y no renuncia a que las próximas generaciones sigan esta tradición. Él desea quedarse.

Espera que algunos no se vayan a la ciudad y que se siga la tradición. A pesar de haber tenido un accidente en el volcán porque un bloque de hielo le cayó sobre los pies, Baltazar sube sin falta en compañía de su yerno, quien desea aprender el centenario oficio. También se dedican a la agricultura, más exactamente al cultivo de la papa.

Juan, su yerno, dice que quiere preservar la tradición de los antepasados a pesar de que no sea bien pagado, porque total siempre hay esperanza. Baltazar le recuerda los peligros de la montaña y le enseña con esmero.

La tradición no debe dejarse morir sino valorarse y mantenerse para honrar la identidad de un pueblo.