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Metales pesados

Por: Maylida Armas

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La contaminación por metales puede provocar diversos efectos a la salud y al ambiente, dependiendo del elemento en particular

De forma general podemos definirlos como un grupo de elementos químicos de alta densidad presentes en la naturaleza. Y si hablamos de salud, podemos añadir que en cantidades elevadas son  tóxicos para los organismos vivos, afectando el funcionamiento de varios órganos. Entre los más conocidos están Arsénico (As), Cadmio (Cd), Cobalto (Co), Cromo (Cr), Cobre (Cu), Mercurio (Hg), Níquel (Ni), Plomo (Pb), Estaño (Sn)  Aluminio (Al), Selenio (Se) y Zinc (Zn). Se les atribuyen propiedades cancerígenas y de daño genético. El aluminio y el arsénico aunque químicamente no pueden considerarse metales pesados, se incluyen en la lista por ser sus efectos en el cuerpo similares a los anteriormente mencionados. El  hombre utiliza metales pesados como materia prima para muchos bienes y servicios.

Algunos de estos metales forman parte de los micronutrientes que necesita nuestro organismo para cumplir sus funciones, pero para ello deben estar presentes en mínimas cantidades. Además de los efectos antes señalados, altas concentraciones en nuestro cuerpo de los metales tóxicos, genera desequilibrios de mucha relevancia para la salud, tales como anemias, problemas estomacales, daños pulmonares, renales o hepáticos, alteración de los sistemas nervioso e inmunológico, entre otros.

No se eliminan naturalmente de cada organismo, sino que tienden a bioacumularse, de allí que sea un proceso silencioso del cual no nos percatamos hasta que aparece algún desequilibrio que casi nunca asociamos con una alta concentración de alguno de estos químicos. Cada elemento contaminante tiene un mecanismo de acción y afectación sobre un organismo vivo, tendiendo a acumularse en determinados órganos o sistemas, produciendo con el tiempo altas concentraciones que comprometen seriamente el funcionamiento del órgano donde se han alojado.

No resulta sencillo evitar la exposición a muchos de ellos, pues se encuentran en el medio ambiente como resultado principalmente de procesos industriales y productos de uso cotidiano. Esta presencia en todo, crea un círculo vicioso que afecta al aire, el agua, el suelo y por ende, nuestros alimentos. Por mencionar solo tres de los más conocidos, podemos decir que el Plomo y el Cadmio degradan el suelo afectando las plantas, mientras que el mercurio, contamina gravemente las fuentes de agua y la vida que existe en ellas.

De este modo, los metales pesados constituyen un factor determinante para nuestra buena o mala salud. Algunos de los medios a través de los cuales se introducen estos compuestos en nuestro cuerpo son:

  • El agua, ya sea ingerida o usada para nuestro aseo si circula por tuberías que contienen plomo o cualquier otro metal catalogado como pesado. Las tuberías de plomo en general han dejado de usarse pero pueden estar presentes aún en edificaciones antiguas.
  • El aire contaminado con esmog, humo industrial y tabaco, pasa a nuestro organismo a través de la piel o de la respiración.
  • Los alimentos afectados por pesticidas, fertilizantes y aguas contaminadas. Si el suelo está contaminado, nuestros alimentos también lo estarán.
  • Utensilios de cocina o de uso diario. Casi todos los materiales con que se elaboran las ollas y sartenes desprenden elementos químicos. Esa triste realidad nos acorrala de una manera contundente, pues incluso el barro que pudiera considerarse más seguro, con frecuencia es barnizado con pinturas que contienen plomo. El vidrio y el titanio son igualmente opciones convenientes, pero su alto costo circunscribe su uso a porciones pequeñas de la población. El teflón y aluminio igualmente desprenden compuestos dañinos e incluso también el acero inoxidable es cuestionable.
  • Algunos productos de uso cosmético como tintes para el cabello, permanentes, alisadores, cremas o maquillaje.

En estos tiempos industriales y tecnológicos la sobre-exposición a la que estamos sometidos alcanza niveles alarmantes. Somos entonces, literalmente bombardeados externa e internamente por estos contaminantes que a su vez son consecuencia de la tecnología mal aplicada o mal controlada.

Como ya hemos mencionado, una de las formas en que estos metales llegan a nuestro organismo es a través de los alimentos cuando el suelo que los contiene está muy contaminado. Y el suelo se contamina especialmente por el uso de pesticidas, fertilizantes, desechos industriales, etc. Asimismo, el agua, como ya se mencionó, puede convertirse en un factor muy contaminante, no solamente la de nuestro uso directo, sino la  proveniente de las fuentes de agua del planeta. Altas concentraciones de mercurio en mares y ríos, han contaminado moluscos, mariscos y peces, de allí que sea más recomendable consumir peces pequeños (sardinas, por ejemplo) en lugar de grandes como el atún, ya que mientras más alto se ubique en la cadena alimenticia, más metales acumula el animal. Esto aplica igualmente a los animales terrestres, sean carnívoros o no.

La mejor manera de protegerse de los metales pesados es disminuir su exposición, aunque la mayoría de las veces no depende de nosotros. Algunas de las medidas a nuestro alcance serían por ejemplo, pasar mayor tiempo en lugares libres de la contaminación de las industrias, consumir alimentos ecológicos o del propio huerto, evitar fumar o estar cerca de quienes fuman, evitar el consumo de mariscos y especies que hacen vida en las orillas de las fuentes de agua, preferir especies de mar pequeñas a las grandes, escoger para cocinar los utensilios más seguros, utilizar en lo posible filtros de agua que controlen metales pesados y en general leer las etiquetas de los productos cosméticos y de limpieza que usamos habitualmente, entre otros. En fin, mientras más natural sea nuestra vida, hábitos y costumbres también naturales, mas protegeremos nuestra salud.

La eliminación de metales pesados puede ser muy compleja. Hay un proceso llamado Quelación que se aplica en algunos lugares de corte naturista, pero que no está al alcance económico de todos y requiere varias sesiones. Sin embargo, algunos alimentos ayudan hasta cierto punto en el proceso de desintoxicación. Los más conocidos son el alga chlorella, el ajo, cilantro, brócoli, o  alimentos fermentados como el Kimchi.

El Cilantro tiene importantes propiedades de desintoxicación. A continuación compartimos la receta de un pesto basado en este ingrediente que además de tener un rico sabor, puede apoyar la liberación de metales pesados. Puedes preparar una cantidad abundante y congelar una parte para usarla al terminar la primera. Se recomienda una cucharada diaria durante 2 semanas. Puedes consumirlo sobre pan, papas, ensaladas o arroz. Durante este período consumir también abundante agua para permitir que salgan con facilidad los tóxicos por vía renal. Como todo tratamiento, es importante no exceder el consumo recomendado para permitir la correcta eliminación sin forzar los órganos excretores.

Receta de Pesto de Cilantro:

1/3 de Nuez de la India (Anacardos)

1/3  semillas de girasol

1/3 semillas de calabaza

2 tazas de cilantro fresco

2/3 de aceite de Oliva

El zumo de 1 limón

Sal marina.

Procesar las semillas hasta que estén partidas y luego añadir el resto de los ingredientes. Si deseas que quede más líquido puedes añadir más aceite. Guarda la mezcla en un frasco oscuro en el refrigerador. Puedes congelar una parte. Disfruta este delicioso sabor mientras desintoxicas tu cuerpo.