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La Tierra es un ser vivo (Teoría Gaia)

Por: Maylida Armas

La Gran Época, México

james loveock

James Lovelock, autor de la Teoría de Gaia: la catástrofe ambiental es inevitable. (Foto: Pijamasurf.com)

El creador de la teoría de Gaia (diosa de la naturaleza de la mitología griega) fue el científico inglés James Lovelock, que consideró que toda la biósfera del planeta y el planeta mismo, podrían ser considerados como un organismo único a escala planetaria en el que todas sus partes estaban tan relacionadas y a la vez independientes como las células de nuestro cuerpo.

La teoría de Gaia establece, pues, que la Tierra es un organismo gigante compuesto por una inmensa red de seres vivos que a través de su interacción logran su equilibrio. En la visión de su autor, el planeta como ser vivo, es posiblemente inteligente ―su inteligencia es la evolución y supervivencia misma constituida por muchas formas de vida―. Es un ser vivo que se auto-reproduce y se auto-regula en una especie de homeostasis similar a la de nuestro organismo.

Su regulación se hace evidente, por ejemplo en su temperatura, atmósfera y nivel de salinidad del océano, ya que si no existiese un sistema de regulación, no podrían mantenerse constantes. Sostiene que ese sistema de regulación, lo obtiene a partir de los procesos que llevan las distintas formas de vida que alberga, es decir, la vida misma tal como la conocemos.

En ese maravilloso sistema homeostático, Gaia se auto-conserva, se adapta a los cambios y hace otros buscando su bienestar, todo dentro de un delicado equilibrio entre todos los seres vivos que la habitan y ella misma como planeta.

Cuando se alteran las condiciones de equilibrio, actúa apelando a las herramientas que tiene disponibles para contrarrestar el cambio y recuperar las circunstancias de vida originales. Al igual que nuestro propio organismo, busca balancear lo que pueda estar desequilibrado y al igual que nuestro organismo alterado de mil maneras a consecuencia de nuestros hábitos, Gaia se ve en la necesidad de hacer modificaciones para mantenerse viva, “atacada” como está por la constante intervención irresponsable del hombre. Lo relevante de todo esto es que la Tierra no desaparecerá, ella continuará desarrollando procesos de autorregulación adaptados a la magnitud del daño que le hacemos como especie y en esos procesos, lo que ya está ocurriendo es que sus cambios apuntan a minimizar las condiciones que hacen posible la vida del hombre sobre su superficie.

La catalogación del la Tierra como ser vivo es solo el principio, es la punta del iceberg, porque lo que se oculta tras ese concepto es de extrema gravedad. El Hombre, sobre todo en los últimos siglos, pareciera que se ha esmerado en destruir su entorno. La frase “pan para hoy, hambre de mañana” tiene perfecta cabida en este contexto. Nos han movido intereses políticos, económicos y muchas veces la simple inconsciencia que han hecho que no podamos garantizar la vida de nuestra descendencia.

¿Podemos respirar aire puro sin árboles?

¿Podemos beber agua pura con ríos contaminados?

¿Podemos vivir sin el equilibrio de temperatura que nos da la atmósfera?

¿Podemos obtener nutrientes de un suelo contaminado?

¿Podemos vivir sin el equilibrio vital del planeta?

La respuesta a todas las preguntas es negativa. No hay vida sin vida en el planeta.

Hemos perdido la capacidad de observación y creemos que Gaia siempre estará allí para cobijarnos. Ella nos envía constantemente mensajes de su enfermedad: terremotos, tsunamis, huracanes, inundaciones, sequías, lluvias ácidas, frío o calor extremo, granizadas y nieve en lugares y momentos insólitos, entre mil manifestaciones similares. Eventos que catalogamos como fenómenos atmosféricos sin darnos cuenta que los hemos provocado, como hemos provocado la actual extinción masiva de especies, el calentamiento global, el deshielo de glaciares, destrucción de los corales, zonas muertas en los océanos, rotura de la capa de ozono, deforestación y agotamiento del suelo con químicos, introducción de especies invasivas entre mil otras formas .

Pero Gaia sigue sobreviviendo y la preocupación en muchos hoy, es la seguridad de que también estamos amenazados como especie bien sea por los ajustes de Gaia, por nuestros avances tecnológicos que nos llevan cada vez más a enfermedades mortales como el cáncer, por nuestras ansias de poder que nos conducen a guerras y simplemente por la escasez de agua y alimentos que estamos provocando. El proyecto Gaia dice que la vida puede continuar, más nada dice que entre las especies que pudieran sobrevivir, estaremos nosotros.

El panorama es oscuro pues según dicen los expertos como Lovelock, ya el daño que hemos infringido al planeta es de tal dimensión que ni aún haciendo un cambio extremo en nuestras políticas, podemos detener el desastre que se avecina en un relativamente corto tiempo. Recomiendan más bien prepararse, y adaptarse en lo posible a los cambios que nosotros mismos hemos creado.

Hay algunas ciudades que vienen trabajando es esto hace varios años, entre ellas está Singapur, Copenhague (Dinamarca), Vancouver (Canadá), Estocolmo (Suecia) y San Francisco (Estados Unidos).

La intención de este artículo no es sólo plasmar el problema, sino crear consciencia. Nos estamos quedando sin casa y sin medios de subsistencia. Es hora de informarse, de tomar acciones individuales y grupales, de involucrar a las autoridades y políticos que pueden generar los cambios a gran nivel. ¡Es hora de actuar!