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La historia de Hou Yi, paralela al mito de Heracles y cómo quería volver a su mundo celestial

Por La Gran Época, Italia

En la mitología china, las historias del inmortal arquero Hou Yi, que salvó al mundo de la catástrofe del fuego, encuentran paralelo con las del mito sumerio de Gilgamesh y con los cuentos griegos sobre Heracles, conocido por los romanos como Hércules y por los etruscos como Hercle. Los tres fueron hijos de dioses que viajaban por el mundo, ayudando a los humanos y destruyendo muchas criaturas malvadas y monstruosas que los aterrorizaban. Pero su objetivo final era regresar a su hogar celestial.

En su estudio “En la confluencia de los ríos”, Darío Giansanti (escritor) y Oliviero Canetti (erudito y filósofo) dicen que “desde Medio Oriente hasta el Mediterráneo antiguo, desde Irán hasta China, persiste el mito del héroe”, y este héroe mitológico, “a pesar del destino humano y los designios divinos, intenta volver a ese maravilloso jardín de donde el hombre fue expulsado desde el origen de los tiempos”.

El inmortal Yi, después de descender a la Tierra, destruyó con sus flechas a nueve hijos de un gran dios que estaban quemando la Tierra y por esta razón no se le permitió regresar. Buscó en todos los sentidos un “Camino” para hacerlo, o un elixir mágico. Heracles, hijo del dios Zeus, se vio obligado a vivir en la Tierra después de matar con sus flechas a sus hijos divinos, una historia contada en la Tragedia de Eurípides. Gilgamesh, hijo de la diosa Ninsum, se dio cuenta de su propia mortalidad después de que su compañero Enkidu fuera castigado con la muerte. Los dos habían matado al toro celestial Gudanna.

Lao Tse enseñó en su época en China que la fórmula para regresar a la inmortalidad se encontraba en el Tao, que significa precisamente “Camino”. Los que tuvieron éxito se llamaron Xian.

“Xian era el nombre genérico de aquellos sabios taoístas que habían logrado la inmortalidad a través del continuo refinamiento y búsqueda de una armonía entre el yin y el yang, pero también, con la lenta transformación del taoísmo, a través de prácticas ascéticas, mágicas y alquímicas. Se les consideraba libres de las muchas limitaciones de nuestro mundo: sus cuerpos volaban al espacio, viajaban sobre dragones y grullas, volaban con alas o en nubes”. De hecho, se dice que Hou Yi obtuvo el elixir de la inmortalidad que se deriva de unos melocotones especiales que maduran después de mil años.

El historiador Sima Qian escribió que durante el reinado de Yáo dì, gobernante de 2145 a 2043 a.C., la tierra sufrió dos grandes catástrofes: una de agua y otra de fuego. Esa agua surgió cuando el monstruo Gong gong derribó con su ira un pilar del Monte Buzhou, situado al noroeste. Todas las aguas causaron una inundación catastrófica. Los textos nos dicen que este pilar sostenía el cielo hacia el noroeste, no lejos de la frontera hacia el oeste, llamado Kunlún. Cuando se derrumbó, “el cielo se inclinó hacia el noroeste y la Tierra, inclinada hacia el sureste, causó la inundación catastrófica de todas las aguas continentales”.

En la catastrofe del fuego, llamaron al inmortal Yi

Yi tuvo que salvar la Tierra que estaba en peligro de arder porque diez soles habían aparecido simultáneamente en el cielo. Estos soles eran hijos de la diosa Xihé y del dios Dìjùn. Se decía que su apariencia era la de flores brillantes, pero que el alma encerrada tenía la forma de un cuervo de tres patas. Surgieron del mar oriental, el Donghai, y recorrieron su ruta diaria por turnos, una al día para esconderse en el lado oeste. El carro dorado de su madre los llevó a las montañas del Este y luego los sacó de las montañas del Oeste, para llevarlos de regreso a Donghai. Un día, los diez soles decidieron no esperar a su madre y salir todos juntos al cielo causando mucha destrucción.

“Los ríos se secaron, los animales comenzaron a morir como moscas, y los hombres ni siquiera podían mantener los ojos abiertos. Si los diez soles hubieran seguido jugando todos juntos en el cielo, todo el universo se habría quemado. El gobernante Yao oró a los dioses para que salvaran a la tierra y a la humanidad de la catástrofe”.

En respuesta, el dios Dìjùn, padre de los 10 soles y las 12 lunas, le dio a Yi un arco rojo y un carcaj con diez flechas blancas y le ordenó que amonestara a sus hijos para que su calor excesivo no quemara el universo.

En el Donghai, el inmortal Yi amenazó a los soles pero jugaban a perseguirse en el cielo y no escuchaban. Como no quería que la Tierra fuera destruida, empuñó su arco y lanzó sus flechas. Los soles comenzaron a caer al mar convirtiéndose en cuervos de tres patas, mientras el agua ardía. Se dice que sólo quedaba un sol y el dios Dìjùn no permitió que Yi volviera al cielo. La pérdida de su inmortalidad le obligó a vivir en la Tierra.

En la Tierra entró al servicio de Yao y eliminó a las terribles criaturas que aterrorizaban a la gente, incluyendo un monstruo con cabeza de dragón y cuerpo de leopardo, un ogro con dientes muy largos afilados como dagas, un monstruo de nueve cabezas, una enorme ave de presa, un poderoso y feroz jabalí y una gigantesca serpiente acuática.

Yi también luchó contra He Bo, el “barquero de los ríos”, y Feng Bo, “el cuenta vientos”, haciendo al mundo más habitable. Pero estar condenado a la vejez y a la muerte le preocupaba. Lo mismo ocurrió con Heracles y Gilgamesh.

De Heracles se cuentan increíbles hazañas. En los doce trabajos se enfrenta a una serpiente con muchas cabezas, al león con piel imposible de raspar, a un toro y a otros animales feroces. Gilgamesh tiene algunas historias similares. Además, el guerrero del arco Yi también es comparado con Arjun en la India y Ullr en Escandinavia.

Después de realizar estas hazañas, Yi emprendió un largo y peligroso viaje a las montañas de Kunlún, en el Oeste o Noroeste, con la esperanza de obtener de la diosa Xiwangmu el elixir de la inmortalidad. Cuando llegó a su jardín, la diosa le dio un tarro de jugo de melocotones que se recogían una vez cada mil años. La cantidad de elixir fue suficiente para salvar a una sola persona. Al tener que compartirlo con su esposa, se le pidió beber cada mitad después de la Luna Nueva, pero sólo alcanzaría un nivel bajo del universo. La esposa, sin embargo, quien no sacrificó su reino celestial para siempre, tomó el elixir sola, y lo hizo antes de la Luna Nueva, convirtiéndose en la diosa reguladora del movimiento de las 12 lunas.

El elixir recogido después de mil años, obtenido después de haber sufrido difíciles hazañas, podría compararse con la inmortalidad alcanzada sólo después de un largo proceso en el Camino del Tao.

Gilgamešh tenía un compañero, Enkidu, que se dice fue creado como su gemelo, mientras que Heracles tenía a Iphicle como su gemelo. Algunos han identificado una relación entre el héroe Yì y Féng Méng, pero en el mito chino se dice que Féng Méng mató por celos a Yi.

Muchas religiones afirman que el hombre cayó a la Tierra después de haber cometido malas acciones y que el camino de la salvación y el regreso al mundo celestial de los inmortales se logra realizando buenas obras. En Occidente, hablamos de la vida después de la muerte y del juicio final. El Budismo y el Taoísmo hablan de continuas reencarnaciones hasta la iluminación en el momento en que el hombre encuentra el Gran Camino de regreso.

Cuando los inmortales y dioses de la mitología china, griega y sumeria fueron castigados, cayeron a la Tierra para sufrir la vejez y la muerte, pero todavía tenían la esperanza de regresar, aunque agobiados con grandes dificultades. Los grandes mitos hablan de las catástrofes que pueden sufrir los seres humanos y de cómo el bien y el mal juegan un papel decisivo en el destino humano.

Artículo en italiano: https://www.epochtimes.it/news/limmortale-yi-come-eracle-voleva-tornare-al-suo-mondo-celestiale/

Traducción de Lucía Aragón

China: País de multitudes, regresan los ermitaños

Mientras cientos de millones de chinos emigran en grupos a la ciudad para participar del auge económico de las últimas décadas, otros le han dado la espalda y optan por la soledad de las ermitas.

Lao Tse (Grabado de dominio público)

Una elección que tiene sus raíces en la tradición ancestral, curiosamente de retorno en China, donde los seguidores de la tradición budista y taoístas locales tenían ya por costumbre de retirarse lejos del mundo.

Las montañas son lugares que atraen a los ermitaños, dedicados exclusivamente a la meditación.

Las temperaturas en invierno bajan hasta menos 20 y en el verano hay serpientes venenosas que se esconden debajo de las rocas. Pero estos lugares atraen cada vez más chinos a los que el materialismo ya no les atrae.

Imposible encontrar algo más alejado de la colectividad absoluta impuesta a los chinos, no hace mucho en la época maoísta.

Las ermitas actuales no hacen más que seguir el camino recorrido por sus antepasados. El Taoísmo, corriente filosófica y religiosa atribuida al sabio Lao Tse que vivió hace 2,500 años, requiere de seguir el “camino”, concebido como un retorno a la naturaleza.

Los ermitaños chinos, a diferencia de los occidentales, históricamente eran solicitados por los gobernantes.

La tradición terminó con la llegada al poder del Partido Comunista Chino en 1949 y sus campañas recurrentes de persecución religiosa.

Sin embargo, los expertos estiman que varios cientos de ermitaños lograron sobrevivir en las montañas, algunos haciendo caso omiso a los comunistas que gobernaban el país.

El retorno de los ermitaños se suele atribuir a la influencia del escritor estadounidense Bill Porter. Su primer libro sobre su experiencia fue un fracaso comercial en los Estados Unidos. Pero, una vez traducido, se convirtió en un best-seller en China.

Más de dos décadas de crecimiento desenfrenado han creado una clase media, que cuestiona ahora los valores materialistas.

Más de la mitad de los ermitaños son mujeres, que escapan del ruido de la ciudad, buscando la paz interior.