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Burocracia amenaza el futuro de Europa

La solución es dejar que las fuerzas del mercado funcionen, no aumentar la regulación

Por: Príncipe Michael de Liechtenstein

La Gran Época, Estados Unidos

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Gran bandera europea adorna la fachada de la Comisión Europea de Bruselas el 14 de noviembre de 2018. (Emmanuel Dunand / AFP / Getty Images)

Después de la Segunda Guerra Mundial, Europa se dividió en dos bloques. La Unión Soviética controlaba Europa Central, mientras que Europa Occidental estaba bajo la protección de los Estados Unidos. Francia e Inglaterra, como aliados, habían ganado la guerra, pero habían perdido el estatus de potencias globales, y ahora estaba claro que sus imperios coloniales tenían sus días contados.

Esto se debió en gran medida al acercamiento y a la nueva amistad entre Francia y Alemania, que catalizaron el proceso de integración europea (la fundación de la Unión Europea) y condujeron al nacimiento de la Comunidad Económica Europea. El mercado común ha demostrado ser un gran éxito, y Europa se ha convertido en una potencia económica mundial que no debe subestimarse.

Además, con el colapso del imperio soviético, la Unión Europea se ha fortalecido aún más gracias a la anexión de nuevos países de la región del Báltico y de Europa central y meridional.

Una regulación excesiva que ahoga a Europa

Sin embargo, en los últimos 30 años el centro de la economía mundial ha comenzado a desplazarse del Atlántico al Pacífico. Aunque los países europeos siguen teniendo una ventaja tecnológica en varios sectores, sus economías se han visto frenadas por un exceso de reglamentación, un aumento desproporcionado de las políticas sociales y medidas proteccionistas, que se han introducido con el pretexto de proteger a los consumidores y equilibrar la competencia interna mediante su “normalización”.

La excesiva burocracia de la Unión Europea y la desconcertante deuda pública corren el riesgo de estrangular la economía de mercado, poner fin a la prosperidad, socavar el derecho a la propiedad privada y provocar el colapso del insostenible sistema de seguridad social.

Además de poner en peligro su seguridad financiera, las potencias europeas han descuidado la defensa militar, en parte por su arrogancia moral. Han olvidado que la fuerza militar puede ser un factor importante en la competitividad global. Como resultado, Europa ha seguido siendo un protectorado estadounidense, o en el mejor de los casos un “hermano menor” de los Estados Unidos, en términos de seguridad.

Europa y EE.UU. necesitan llevarse bien

Para seguir siendo competitiva a nivel mundial, Europa, aunque geográficamente forme parte de Eurasia, necesita trabajar en estrecha colaboración con los Estados Unidos. Por eso, una Europa fuerte, próspera y sobriamente segura de sí misma también beneficiaría a los Estados Unidos. Desde un punto de vista geopolítico, para una Europa más fuerte sería más fácil mejorar las relaciones con el Este, en particular con Rusia.

Pero, curiosamente, la ‘diplomacia directa’ de Donald Trump era necesaria para hacer sonar la alarma. Sólo recientemente el presidente francés Emmanuel Macron, el Ministro de Economía alemán Olaf Scholz y el Ministro de Asuntos Exteriores alemán Heiko Maas han afirmado que Europa necesita hacerse más fuerte. Por desgracia, sus palabras sonaban más a provocaciones hacia Washington que a declaraciones sinceras: de hecho, los países europeos todavía no han tomado ninguna medida concreta.

El pronunciamiento de Macron a favor de un aparato militar más autosuficiente y el apoyo de Scholz a posibles fusiones para mejorar la eficiencia de la producción y adquisición de tecnología militar parecen sensatos. Lo único que queda por hacer es esperar a que se aplique, teniendo en cuenta, sin embargo, que hace unos años el proyecto de fusión de los departamentos militares de Airbus y Bae Systems fue bloqueado por los gobiernos europeos.

En cambio, Maas está promoviendo el desarrollo de un sistema europeo de gestión financiera independiente de la World Interbank Financial Telecommunications Company. La competencia en este ámbito sería sin duda beneficiosa. Sin embargo, el razonamiento de Maas es erróneo, porque su punto de partida no es la eficiencia económica, sino el deseo de liberarse de los Estados Unidos.

A los políticos europeos les preocupa, con razón, que el viejo continente se esté quedando rezagado con respecto a los Estados Unidos y China en términos de tecnología digital e inteligencia artificial. Sin embargo, la solución no es aumentar los programas gubernamentales, sino dejar que las fuerzas del mercado actúen libremente. El obstáculo es precisamente una excesiva regulación europea.

Sería bueno que Berlín y París trabajaran juntos para promover los intereses europeos. Sin embargo, si esta cooperación se basara en el antagonismo contra los Estados Unidos y produjera un nuevo aumento del estatismo, los resultados serían desastrosos.

 El Príncipe Michael de Liechtenstein es presidente de Industrie-und Finanzkontor Ets y fundador y presidente de Geopolitical Intelligence Services. Esta entrada fue publicada originalmente por Gis Reports Online.

Artículo en inglés:  Bureaucracies, Debt Threaten Europe’s Future

Traducción de Lucía Aragón