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Se necesita ética y valor para enfrentar a China

Por Peter Zhang

La Gran Época, Estados Unidos

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Foto: NICOLAS ASFOURI/AFP/Getty Images

Para Benjamín Franklin, uno de los padres fundadores de los Estados Unidos de América, no se debe “arruinar nunca una disculpa con una excusa”.

Los esfuerzos occidentales por llevar la democracia a China a través de las llamadas relaciones diplomáticas y comerciales constructivas han fracasado regularmente durante décadas, para encontrar, digamos la “excusa”.

Cómo se equivocó Occidente con China, The Economist dijo: ¨Fue un sueño digno […] Occidente perdió su apuesta con China”.

Lo que ocurrió, sin embargo, fue que China cambió a Occidente.

El profesor Andrew Nathan, de la Universidad de Columbia, dijo en una entrevista con ChinaFile: “No solo no estamos cambiando a China, sino que China nos está cambiando a nosotros. Nathan se refirió en particular a los estudios sobre la influencia china en Nueva Zelanda y Europa, pero también señaló “usos similares del poder blando y del poder del dinero” con el fin de “influir en la política y la opinión pública de Estados Unidos”.

Quizás uno de los ejemplos más notables de infiltración china en el extranjero son los Institutos Confucio en los campus universitarios. De hecho, a pesar de que, según el Banco Mundial, China ocupa el puesto 104 en el mundo en lo que respecta a los gastos en educación, Pekín cuenta con el financiamiento de mil institutos de propaganda de este tipo, que tienen el propósito preciso de promover los intereses chinos en el extranjero mediante una cuidadosa selección de libros de texto y facultades.

Kurt M. Campbell y Ely Ratner, dos ex diplomáticos estadounidenses que escribieron The China Reckoning-How Beijing Defied American Expectations, dicen que Washington debería considerar cambiar su enfoque hacia Pekín, alejándose de la política de diálogo que se implementó desde Nixon, tanto por republicanos como por demócratas.

La ‘trampa de Chamberlain’.

Los expertos en política exterior están ahora en la misma frecuencia y finalmente han comprendido que China no está en un “crecimiento pacífico” o de “desinterés en la hegemonía”, como se prometió en la era Hu Jintao (2002-2012); en cambio, está impulsando activamente su iniciativa “Una Franja – una Ruta”, que va en la dirección opuesta.

Y es aún más alarmante que el Dragón esté construyendo bases militares en los territorios disputados del Mar de China Meridional. Además, ante los intentos norteamericanos de reducir los desequilibrios comerciales con China, Pekín se resiste y se venga, mordiendo la mano que le ha dado de comer desde la era de Nixon.

A pesar de que Pekín es el mayor exportador del mundo (el 13 por ciento de las exportaciones mundiales proceden de China), China no es una economía de mercado y, a pesar de ello, está estableciendo las reglas y utilizando la influencia del comercio para obligar a la comunidad internacional a aceptar sus términos.

Entonces, ¿qué debería hacer Washington? El profesor Graham Allison, de la Harvard Kennedy School, cree que un futuro baño de sangre entre China y los Estados Unidos es inevitable, y esto sobre la base de la “trampa de Tucídides”: la tesis de que, cuando las potencias crecientes amenazan a las ya estables, la guerra es inevitable.

Sin embargo, el profesor Arthur Waldron, de la Universidad de Pensilvania, en una reseña del libro de Allison afirma: “La realidad es que la solución de Allison es una solución de guerra. Satisfacer a los agresores es mucho más peligroso que tratarlos con mesura […] Hablando de China, nos gustaría estar más atentos a la “trampa de Chamberlain”, el primer ministro inglés amante de la paz, uno de los autores del desastroso acuerdo de Múnich de 1938, que pretendía evitar la guerra por medio de concesiones, y que no hizo más que señalar a Hitler que se podía engañar fácilmente a los británicos. Este es el tipo de trampa que debemos evitar, y con urgencia”.

Choque de ideologías

La “trampa de Tucídides” propuesta por el profesor Allison, aunque tuvo una respuesta real, no se debe a la mera amenaza que representa una superpotencia en ascenso en comparación con una superpotencia consolidada, sino que se debe básicamente al choque entre dos ideologías opuestas: la democracia capitalista y los regímenes comunistas totalitarios.

A lo largo de los años, muchos grupos de interés económico y académico han logrado presentar a China como un socio estratégico positivo, muy diferente de la antigua URSS, ignorando, quizás intencionalmente, el hecho de que China es también un Estado del mismo tipo.

De hecho, el sistema político chino se inspira en el de la URSS, y se ha fortalecido aún más tras las lecciones aprendidas después del colapso de la Unión Soviética. El actual sistema comunista chino no es diferente en sus objetivos políticos de la URSS. De hecho, el objetivo sigue siendo el de tener una sociedad comunista mundial en el futuro. Y si acaso, el régimen chino está demostrando ser más poderoso y astuto.

Al igual que la URSS, el Partido Comunista Chino ha creado organismos de propaganda que controlan la información y campos de trabajo para prisioneros de conciencia al estilo de los gulag; ha eliminado a decenas de millones de inocentes, ha centralizado todos los principales sectores económicos y ha apoyado a las facciones comunistas pro-Pekín en muchos países en desarrollo. En general, se opone a los valores y esfuerzos de Occidente en el mundo, ya sea en Corea del Norte, Irán o África.

Una perspectiva realista

No importa lo mucho que los líderes chinos parezcan ‘occidentalizarse’, siguen siendo leales al comunismo. De hecho, la Constitución china sigue afirmando que China es un Estado gobernado por el sistema del socialismo “con características chinas”, y que finalmente aspira a ser completamente comunista.

Por lo tanto, es hora de abordar a Pekín de forma realista, abandonando todas las ilusiones. En un reciente Foro sobre Seguridad en Aspen, el director del FBI, Christopher Wray, dijo que China constituye “la mayor y más importante amenaza para Estados Unidos”, también por su continuo espionaje.

Durante el mismo evento, un funcionario de la CIA, citado por la CNN, dijo: “El objetivo de las operaciones de influencia de China en el mundo es reemplazar a Estados Unidos como la mayor superpotencia del mundo”.

Las cartas están sobre la mesa: China es un partido de Estado comunista muy similar a la URSS en alma y espíritu, y debemos dejar de fingir que no es así. Además, todos los dirigentes comunistas son débiles y moralmente inferiores, porque saben que están del lado opuesto al de su pueblo, y por eso deben imponerles un control draconiano.

Estados Unidos debe mantener el valor moral para oponerse a cualquier fuerza oscura que socave los valores universales de la Constitución de Estados Unidos y la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU.

Estados Unidos tiene dos grandes activos: su riqueza material y las instituciones democráticas proporcionadas por los padres fundadores.

Sin embargo, como se ha demostrado en los últimos tres siglos, es el segundo activo el que determina el primero, y no lo contrario. Como dijo sabiamente Confucio: “El caballero entiende lo que es correcto, mientras que el hombre malo entiende el beneficio”. En este contexto, Washington debe evitar la “trampa de Chamberlain”, tal como recuerda el profesor Waldron, ya que conduciría inevitablemente al abandono de la dignidad humana y a la realización de los horrores de Orwell de 1984, no sólo para Estados Unidos sino para el mundo entero. Y no podemos dejar que eso suceda.

Peter Zhang es un experto en economía política china y asiática. Se graduó en el Instituto de Estudios Internacionales de Pekín, en la Fletcher School of Law and Diplomacy y en Harvard Kennedy School.

Las opiniones contenidas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente las de La Gran Época.

Artículo en inglés: Moral Courage Needed in Reconsidering China Policy

Traducción de Lucía Aragón

Documental canadiense examina el Caballo de Troya chino: Institutos Confucio

Omid Ghoreishi

La Gran Época, Canadá

Michel Juneau-Katsuya, anteriormente un experimentado oficial de inteligencia y Director del Servicio de Inteligencia y Seguridad de Canadá, no escatima palabras para hablar sobre los Institutos Confucio.

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Michel Juneau-Katsuya, ex director de SISC y la cineasta Doris Liu participan en una mesa redonda después de ver el documental In the Name of Confucius en el Festival de Cine One World en Ottawa, 30 de septiembre de 2017. (Jonathan Ren / The Epoch Times)

“Son espías, es todo”, afirma Juneau.

“Hay muchos países y servicios de inteligencia que comparten nuestras conclusiones de que, por desgracia, es un caballo de Troya.”

El Sr. Juneau-Katsuya, que trabajó en el Servicio de Inteligencia y Seguridad de Canadá (SISC) por más de 21 años, habló en una mesa redonda tras la proyección del documental canadiense In  the Name of Confucius, en el estreno del Festival de Cine One World en Ottawa, Canadá.

Dirigida por la cineasta canadiense-china Doris Liu, la película – donde se entrevista a Juneau-Katsuya – documenta las controversias que rodean a uno de los proyectos de influencia más importantes de China.

Los Institutos Confucio, que ofrecen programas de idioma y cultura de China, son una forma de “recopilar información de los participantes del programa, luego algunos son el blanco de los agentes de inteligencia (chinos)”, dice Juneau-Katsuya.

“Desgraciadamente, (una parte) de la estrategia del gobierno chino era poder, bajo el disfraz de la amistad, infiltrarse en otras actividades”, agregó.

Prácticas discriminatorias de contratación

El documental examina los Institutos desde la perspectiva del espionaje, la independencia académica, la censura, las violaciones de los derechos humanos, su influencia y políticas.

Doris Liu se inspiró para hacer esta película en la historia de Sonia Zhao, una antigua profesora del Instituto Confucio de la Universidad McMaster en Hamilton. La deserción de la Sra. Zhao en Canadá y sus revelaciones sobre el funcionamiento de los Institutos llevaron al cierre del capítulo en McMaster.

Siga la línea del partido

Otros participantes en el debate fueron Doris Liu y David Kilgour, ex diputado canadiense que fue Secretario de Estado para Asia y el Pacífico.

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David Kilgour, ex Secretario de Estado canadiense, participa en una mesa redonda después de ver el documental In the Name of Confucius en el Festival de Cine One World en Ottawa el 30 de septiembre de 2017. (Jonathan Ren / The Epoch Times)

La Sra. Liu señaló haber invitado al debate a representantes de la Universidad de Carleton, que alberga un Instituto Confucio, pero nadie respondió a la invitación. Carleton es una de las doce instituciones educativas de Canadá que albergan un Instituto.

El Sr. Kilgour, que vive en Ottawa, dijo que es indignante que Carleton tenga un Instituto. “Lo peor para mí – soy de Edmonton – es que la Junta de Escuelas Públicas de Edmonton alberga un Instituto.”

Las Asociaciones de Canadá y Estados Unidos de Profesores Universitarios pidieron a las instituciones educativas que corten lazos con los Institutos.

En una respuesta por correo electrónico, un portavoz de la Universidad de Carleton dijo: “Carleton no pretende limitar la expresión de opiniones divergentes (…) no hay ninguna evidencia de que se haya enseñado o se esté enseñando algo perjudicial en los cursos patrocinados por el Instituto.

En una entrevista anterior con La Gran Época, Sonia Zhao pintó un panorama diferente, dijo que durante la capacitación en el Instituto, se enseña a los maestros a evitar preguntas sobre temas tabú como Taiwán  y el Tíbet, pero si un estudiante insiste, los maestros deben seguir la línea del Partido Comunista Chino sobre el tema: Taiwán es parte de China y el Tíbet fue “liberado” por el régimen.

Version en inglés : Documentary at Ottawa Film Festival Probes China’s ‘Trojan Horse’

Traducido por: Lucía Aragón

Xi Jinping, rinde homenaje a la cultura china

Por Larry Ong, Epoch Times

Los líderes del Partido Comunista Chino les encanta hablar de una “nueva China”. Por ejemplo, durante la Revolución Cultural de Mao Zedong (1966-1976), la población se vio obligada a abandonar cinco mil años de tradiciones y costumbres. Las canciones revolucionarias y el teatro popular reemplazaron con violencia la poesía y la danza clásicas.

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El dirigente chino, Xi Jinping, en el Gran Palacio del Pueblo en Pekín, el 11 de noviembre de 2016. (Foto: Wang Zhao/ AFP/Getty Images)

Sin embargo, el quinto líder del régimen chino, cambió el guion, elogió recientemente a la cultura tradicional china con tono casi reverencial. El 30 de noviembre, en Pekín, en presencia de más de tres mil intelectuales y de todo el Comité Permanente del Politburó, Xi Jinping, sostuvo que hay que recurrir a la tradición para inaugurar un “ gran renacimiento cultural” del pueblo chino.

“La capacidad del pueblo chino para progresar sin cesar y de forma continua para recuperarse de los reveses, está inevitablemente vinculada al poderoso sostén de la cultura china”, dijo Xi. “La filosofía de la cultura china no tiene comparación, su sabiduría, las buenas costumbres y su gracia, fortalecen a confianza y el orgullo más íntimos de los ciudadanos y del pueblo chino”. Los escritores deben “buscar diligentemente la erudición auténtica, la moral, la buena conducta y un gusto estético de alto nivel”, agregó.

Xi también ha demostrado conocer la cultura china, exponiendo en su discurso algunas máximas clásicas, como “la pluma literaria fomenta la compasión y castiga el mal”: una visión inesperada para el líder de un régimen que ha violado gravemente los derechos humanos durante más de 60 años.

Naturalmente, el discurso de Xi, más de 9,500 caracteres, contiene referencias obligatorias al “socialismo”, y el papel del partido como “guía” del desarrollo cultural de China. De hecho, su discurso puede de alguna manera interpretarse como un proyecto a largo plazo del partido comunista para legitimar su régimen, uniendo ideas y tradiciones pre comunistas.

Sin embargo, de acuerdo con Li Tianxiao, analista político independiente, el elogio tan obvio a la cultura tradicional, por no hablar de algunos términos muy específicos utilizados por Xi Jinping, se puede interpretar como “ruptura de la estructura del Partido Comunista Chino. De hecho, el partido, ateo por naturaleza, aunque se haya apropiado en el pasado de algunas tradiciones como la caligrafía o la danza popular, “siempre ha rechazado la fuente de inspiración divina de la cultura tradicional china”, explicó Li. “El hecho de que Xi reconociera la gracia de la cultura china es un rechazo de la definición misma de la cultura del partido comunista.”

El analista indicó que la elección de Xi de hablar del ideograma que significa “gracia” (Shen Yun), es significativo porque “no podía ignorar o no haber oído hablar de Shen Yun Performing Arts en los Estados Unidos”. Shen Yun es una compañía de danza y música clásica china con sede en Nueva York, que tiene la misión de revivir cinco mil años de civilización china. Durante la última década, esta compañía, se ha presentado en cientos de ciudades de todo el mundo (incluso en México), a menudo en teatros de alto nivel, recibiendo el aplauso de celebridades y dignatarios de todo el mundo.

En el mes de noviembre el Fei Tian College, la escuela donde los bailarines de Shen Yun aprenden la técnica de danza clásica, fue autorizado a ofrecer un grado de maestría en danza clásica china, convirtiéndose en la única institución de educación superior reconocida en Estados Unidos en este campo.

Hasta el momento, el régimen chino ha impedido que Shen Yun se presente en China, a menudo interfiere con sus actuaciones en el extranjero, ya que incluye regularmente en sus programas actos que dramatizan la violencia sufrida por los practicantes de la disciplina espiritual Falun Gong, perseguida por órdenes del ex líder del partido, Jiang Zemin.

Sin embargo, el actual liderazgo parece estar distanciado de la destructiva campaña política de Jiang.

Li Tianxiao, comentarista político, cree que la elección de las palabras de Xi pueden tomarse como un reconocimiento para Shen Yun Performing Arts. En noviembre pasado, la sucursal en Hong Kong de New Tang Dynasty Television, medio de comunicación asociado a Epoch Times, propuso a las autoridades de la región semiautónoma invitar a Shen Yun para presentar sus espectáculos en la gira de 2017.

El discurso de Xi es coherente con sus ideas sobre la cultura tradicional china, que ha mostrado desde su llegada al cargo en 2012. Por ejemplo, en 2013, durante una visita al templo de Confucio en Qufu, citó las enseñanzas del famoso filósofo en muchos discursos. Además a mediados de octubre, Xi citó una obra de Yue Fei (famoso general y patriota de la dinastía Song) como su libro favorito.

Actualmente, la política disciplinaria del partido, que se extiende a la campaña anticorrupción de Xi, a menudo se refiere a las historias de la antigua China sobre la corrupción para sacar una lección y establecer paralelismos con la actualidad.

Por último a fin de mes, un funcionario de Shanghai fue entrevistado por Epoch Times en Nueva York, habló del “reconocimiento reverencial y de un estudio profundo” de cinco mil años de cultura china de Xi Jinping.

Traducido del inglés al español por: Lucía Aragón

Fuente: http://www.theepochtimes.com/n3/2193208-xi-jinping-lauds-chinese-culture-in-unusually-bare-terms/

Mozi, el gran pensador chino de la paz y el amor

David Wu, Epoch Times

Mozi, el gran pensador chino de la paz y el amor (Ilustración de Zona Yeh/ The Epoch Times)

Mozi (479-392 a.C.) nació después de Lao Tse y Confucio (Kongzi), en el periodo de las primaveras y otoños, y de los Reinos Combatientes (770-222 a.C.), un periodo muy oscuro de crueldad. En esa época de caos, todo el mundo incluido el rey, estaban ansiosos por encontrar a alguien que proporcionara métodos adecuados para gobernar el estado. En este contexto, muchas doctrinas filosóficas surgían para enfrentar los problemas sociales, incluso la forma de mantener la moral de las personas.

El verdadero nombre de Mozi era Mo di. Era un entusiasta y sano humanista, fundador del mohismo o moísmo, de donde viene la famosa teoría del “amor universal y no a la lucha”. Se le conoce como uno de los grandes pensadores de China.

De acuerdo con el punto de vista de Mozi, las razones principales que llevan al mundo a la confusión son el interés personal y el egoísmo humano. Evita que la gente sienta más compasión y que se amen los unos a los otros. Cuando venga el tiempo donde cada uno pueda amar al otro como a sí mismo, tratar a los demás como su propia familia, cuidar a los demás estados como al suyo propio, dejar de lado completamente los pensamientos egoístas, el mundo entero no estará en guerra y la verdadera paz reinará.

Al presentar la teoría de “no lucha”, creía que la guerra era injusta y trágica para los seres humanos. Cada guerra destruyó innumerables regiones, vidas, familias, por esta razón, estaba en contra de la guerra y presionó para impedirla.

Además de la teoría del “amor universal y no a la lucha”. Mozi también presentó sus ideas para distinguir una persona capaz e inteligente que pudiera ocupar posiciones oficiales y trabajar para el estado, independientemente de sus antecedentes familiares y estatus social. Todo funcionario corrupto debe ser removido de su cargo tan pronto sea posible.

Sin embargo, Mozi estaba en contra de los funerales fastuosos y la música como actividades de tiempo libre, ya que pensaba que la gente no tenía tiempo ni material suficiente. Estas ideas estaban en contradicción con las de Confucio, eran difíciles de aceptar para el pueblo chino.

El espíritu trabajador y dedicado a la paz en el mundo de Mozi era magnifico. Su idea de “amor universal y no a la lucha”, que data del año 350 a. C., es actual y representa su elemento fuerte.