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Venecia en peligro: los venecianos no le quieren decir adiós a su ciudad

Por: Sandra Rodríguez

La Gran Época, México

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Venecia (Foto: National Geographic)

Venecia, hermosa ciudad italiana, evoca la belleza, la elegancia, la opulencia, el poder de sus días de ciudad estado, potencia del Mediterráneo. Sus canales y palacios, sus puentes y estrechas callejuelas a lo largo de los canales, la plaza de San Marcos y las góndolas; una imagen por la que miles de personas suspiran y visitan esta ciudad de ensueño, pero el sueño se ha convertido en una verdadera pesadilla para los venecianos.

Los turistas llegan en enormes grupos todo el año como si estuvieran invadiendo la ciudad, no se puede caminar por los puentes y las escaleras, el estado de muchas casas en el centro es ruinoso y muchos dueños se rehúsan a alquilarle a un conciudadano con un contrato porque alquilarles a los turistas da más dinero por menos tiempo, lo que implica el desplazamiento de los lugareños, el cierre de tiendas tradicionales, mercados y restaurantes para locales. La vida de barrio muere rápidamente.

Ahora muchas casas son refaccionadas y se alquilan solo para turistas, un negocio redondo y en auge, pero los venecianos que no tienen casa propia tienen serios problemas. El portero Mateo Zecchi cuenta que nadie quiere alquilarle a un veneciano, su situación es complicada porque su contrato vencerá pronto y no puede encontrar una nueva casa. Los alquileres son muy caros para los locales y los turistas no tienen problema en pagar, pues estos apartamentos resultan de todas maneras más baratos que un hotel convencional.

El buen negocio para unos es la ruina para muchos. Con esta nueva dinámica de bienes raíces se generan problemas porque no hay normativas. El profesor de economía Guisseppe Tattara explica en un documental de la Deutsche Welle que debido a esta práctica se generan muchas ganancias ilegales pues muchas veces, por ejemplo, los turistas no exigen factura y por lo tanto, no se recaudan los impuestos, un dolor de cabeza para la administración que encara una deuda cada vez más grande. Tattara afirma: “Si usted apuesta a la ética o la moral pierde”.

La especulación y los alquileres ilegales han puesto en tela de juicio la falta de leyes y el pulso suave de los políticos. La administración de la ciudad asegura que es difícil llegar a acuerdos que beneficien a todos, pero los venecianos alegan que la misma municipalidad participa de este mercado de bienes raíces y del turismo desenfrenado apropiándose de ganancias de forma privada y beneficiando solo a los inversores y dueños de cadenas hoteleras y de cruceros.

Muchos venecianos deciden con resignación abandonar su ciudad porque la vida cada vez es más cara; todo llega a las islas en barco y esto lo encarece todo. Por otro lado, los inversores invaden cada parte del centro de la ciudad, desplazando a los lugareños. Ya no hay panaderías, ni correos, ni tiendas o mini mercados, solo tiendas de recuerdos baratos y cafés para turistas.

En Venecia, Airbnb no regula la oferta de apartamentos aludiendo que ellos no pueden hacerlo porque es asunto del gobierno, sin embargo, la municipalidad argumenta que debe negociar con ellos y no saben a ciencia cierta cómo regular la oferta desmesurada de apartamentos turísticos. En teoría, con Airbnb, dueños particulares ofrecen un apartamento propio o una habitación en su casa a otro particular, pero hay gente hasta con 90 apartamentos en oferta en la aplicación. ¿Dónde está el control? ¿Es esto un negocio de personas particulares?

También hay campañas por parte de ciudadanos que quieren proteger Venecia de los desmanes y la falta de consideración de turistas irrespetuosos. Filman a quienes orinan en vía pública, recriminan a quienes comen en la calle, se emborrachan y dejan basura, pero a pesar de los esfuerzos, los turistas siguen burlándose de los venecianos; la última moda es copular en público en los puentes de la ciudad. Los lugareños no saben qué hacer.

Pero no solo los venecianos comunes sobreviven a estos problemas, también la industria turística oficial está sufriendo pérdidas. Los famosos guías con tours gratuitos, son guías ilegales y desplazan a los guías diplomados, les quitan sus trabajos y ganan dinero sin pagar impuestos como lo debe hacer un guía oficial, porque sus tours en realidad no son gratis. Al final de la jornada los turistas deben aportar como mínimo €20 por cabeza. Muchos de ellos no tienen estudios y menos certificación o licencia.

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Los cruceros, o “los monstruos” como los llaman los venecianos. (Foto: National Geographic)

La Iniciativa Ciudadana por la Vivienda Social, ACS, por sus siglas en italiano, denuncia otro grave problema de la bella Venecia: la clase baja y la media no pueden acceder a vivienda no solo por los costos, ni por el desplazamiento que ejerce el turismo, sino porque también la municipalidad prefiere clausurar y abandonar domicilios, antes que ofrecerlos como alternativa de vivienda social para familias necesitadas, que en este caso, son todas aquellas que no poseen casa propia.

Hay casas abandonadas por años y nadie puede habitarlas, aunque son de interés social. La municipalidad destruye baños y cocinas de estos domicilios para que la gente no pueda habitarlas. Sin embargo, varios ciudadanos deciden tomar ilegalmente estas casas para poder tener un techo, no tienen más alternativas. Los alquileres sobrepasan los €900 por solo 50 metros cuadrados. La ACS ayuda a familias que toman las casas y pagan los arreglos de su bolsillo.

Los desalojos son una realidad, pero los vecinos no lo permiten, se organizan y no dejan que estas familias se vayan. Con la ACS estas personas pagan un alquiler simbólico, pero de todos modos cada día 6 familias son desalojadas al día, muchas veces voluntariamente porque la carga emocional es muy fuerte y prefieren desistir.

Otra pesadilla son los cruceros. Los venecianos los llaman “los monstruos”. Por los barcos enormes se tienen muchos problemas graves tales como el hundimiento de la ciudad porque su peso y la fuerza que ejercen con el agua desplazada hacen que los cimientos de la ciudad se debiliten. Por otro lado, la contaminación por los gases de escape sobrepasa las 5 mil unidades al día. Los niveles de dióxido de azufre son muy peligrosos no solo para la gente, sino también para los monumentos. No obstante, no hay regulación, es más barato matar una persona, asegura un investigador alemán.

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Venecia. (Foto: National Geographic)

Los activistas y los ciudadanos denuncian que estos mega centros comerciales no benefician a la ciudad, una empresa turca se queda con todas las ganancias. La mecánica funciona así: una empresa estatal italiana funda una firma privada en manos de extranjeros. Conclusión: el dinero nunca llega a Venecia.

Estas personas están en alerta y piden activamente a los cruceros que se vayan, que no los quieren, ni los necesitan. Con pequeñas lanchas se aproximan a los “monstruos” y echan a los turistas. La policía los reprime, pero los mismos ciudadanos, un 98 por ciento, no quieren más cruceros, ni más turistas de borracheras.

“Destruyen nuestra ciudad y nuestras obras de arte, no los queremos aquí. ¡Váyanse y no vuelvan!” así reciben los venecianos a un crucero. Aquí cabe preguntar, ¿quién se beneficia de esta hecatombe social? ¿Por qué la municipalidad no regula, ni hace nada? ¿El dinero, la especulación de los bienes raíces, el consumo en masa pueden acaso condenar nuestro legado impunemente, mientras la gente no puede vivir en su propia ciudad? Debemos recapacitar y cambiar estas prácticas de masas que nos llevarán a la catástrofe.