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¿Conoce usted la agenda 2030 de las Naciones Unidas? Primera parte: de los impuestos, la producción nacional y el consumo

Por Sandra Rodríguez

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En la Cumbre para el Desarrollo Sostenible, que se llevó a cabo en septiembre de 2015, los Estados Miembros de la ONU aprobaron la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, que incluye un conjunto de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para poner fin a la pobreza, luchar contra la desigualdad y la injusticia, …( onu.org.mx)

Muy pocos han escuchado de la agenda 2030 de Naciones Unidas y aun menos son conscientes de las consecuencias nefastas de dicha agenda dirigida curiosamente por China, un país que es cada día más poderoso, y con una influencia que controla no solo el mercado internacional sino también naciones socialistas tales como Venezuela.

Esta agenda se justifica desde la necesidad del “desarrollo sostenible”, primordial para salvaguardar el planeta, que atraviesa en estos momentos los flagelos del cambio climático, las guerras y las hambrunas.

El objetivo central es que todos los países del mundo se acojan a estas reglas a la mayor brevedad, pero en especial los países occidentales, sobre todo las naciones ricas, pues para hacer posible el “desarrollo sostenible” se supone de la colaboración de los que tienen para con los que no. La pregunta es cómo se pretende recolectar dicha ayuda.

Los recursos no se pedirán voluntariamente según está agenda globalista de 2030, la ayuda se exigirá y los recursos de las naciones ricas pasarán a ser manejados y controlados por la ONU que decidirá a su vez a quién brindar dichas donaciones. Esto va directamente en detrimento de la economía de las naciones ricas de occidente, lo que supone indiscutiblemente un peligro inminente para la economía de todo el hemisferio occidental: si cae Europa y Estados Unidos, nos guste o no Latinoamérica caerá en desgracia. Todos nuestros países sufrirán el karma venezolano.

Nicolás Maduro es un ferviente ejecutor de dichas políticas socialistas maquilladas de humanitarias; a los ricos se les expropia, pero a los pobres no se les da nada, solo sobras. Entonces, ¿a dónde van esos dineros? A grandes multinacionales como por ejemplo Monsanto y Dupont, naturalmente también a la banca privada y a las grandes firmas del gigante asiático, sin olvidar otros actores menos legales como el narco.

La agenda 2030, un documento de 700 páginas, pareciera ser el plan de salvación del mundo, sin embargo, es una agenda socialista para el control de masas por parte de un gobierno global que inició operaciones después de 2015 y que se prevé estar completamente ejecutada para el 2030. En esta agenda, el contribuyente occidental verá cómo los impuestos que él paga a su nación se fugan al extranjero, provocando un resquebrajamiento de las economías nacionales. Tal escenario ya se ha vivido como experimento en Europa: con la crisis en Grecia, Italia y España se le obligó a los alemanes pagar un impuesto de ayuda a Grecia, el cual nunca llegó a solventar la crisis económica. Los recursos aterrizaron directo en los bancos que siguieron haciendo de las suyas, fomentando la xenofobia, la polarización y llevando a la gente a confiar en los partidos de corte ultraderechista, o más bien, nacional…socialista.

Como resultado, el desempleo y la crisis económica en Alemania creció, pero nunca en la escala de los países mediterráneos, pues la idea no es desangrar rápidamente al contribuyente, sino mantenerlo con la soga al cuello con contribuciones cada vez más numerosas y que se incrementarán de a poco, acudiendo a su moral como buen ser humano: tienes que ayudar al que necesita y si no, eres malvado. Por su parte, en los países en crisis, el desempleo y la burbuja inmobiliaria estalló y las pensiones desaparecieron.

La redistribución de la riqueza no solo se pretende lograr a través de estos impuestos sino también a través de la reestructuración de los modelos de producción y consumo de cada nación. El país que quiera implementar el proteccionismo para cuidar a su industria nacional será severamente castigado, pues interferiría gravemente con la recaudación de dineros para las naciones empobrecidas con regímenes socialistas y comunistas. Justamente, hoy un medio independiente colombiano denunció cómo Guaidó, el presidente interino de Venezuela, se apropió de recursos internacionales para ayudar a los pobres en Colombia y se los llevó a su país.

Usted se preguntará qué tiene que ver Guaidó con Maduro, pero es muy simple. Todo hace parte de una puesta en escena. Se trata de polarizar y enfrentar a los ciudadanos unos en contra de otros. El régimen se enriquece con las políticas de hambre de la ONU, mantiene a China y Rusia surtidos con petróleo gratis y roba recursos a su vecino para empobrecerlo y sofocarlo hasta que caiga en una crisis tan profunda que sea fácilmente influenciable en las elecciones de alcaldes y presidente, como pronto sucederá en Colombia. Todos juegan sus cartas con el mismo objetivo: El gobierno global.

El documento a punta en primer lugar a la insostenibilidad del sistema de consumo, lo que implica que cada nación se vea en la necesidad de restringir el poder adquisitivo de sus ciudadanos y al mismo tiempo retire el apoyo estatal a la industria nacional, provocando miles de despidos masivos, ya sea por reestructuración o por cierre de empresas y fábricas que ven cómo ya nadie compra sus productos. Esto lo ha venido propiciando China con sus industrias de muerte y esclavitud en su territorio matando las economías de muchos países. La materia prima es barata, la producción es barata, la mano obra casi gratuita. Un cóctel mortal para la mediana y pequeña industria de cualquier nación en el planeta y también para el consumidor: sus compras son de pésima calidad y se verá obligado a comprar una y otra vez lo mismo porque no dura. Esto va en detrimento de la economía y del bolsillo del consumidor empobrecido.

Todo esto se sostiene en la agenda justificando que hay demasiada gente que consume demasiados recursos y que el planeta sucumbirá a esta tendencia. Sin embargo, al analizar tal premisa se puede ver lo ilógico del asunto. Si bien, la población mundial es enorme, eso no quiere decir que todos consumen de igual manera, que todos tienen dinero para comprar, que todos tienen empleo. Solo menos del 20% de la población mundial sostiene la economía del planeta, los cientos de millones de pobres no cuentan para el sistema, no existen, y los mega ricos que son un escaso 1% de la población, evaden impuestos y obligaciones en paraísos fiscales que ninguna autoridad controla.

Entonces, ¿cómo afirman que el ritmo de consumo es insostenible? La clase media y la media alta cada día pierden más derechos debido a los impuestos y la reestructuración del sistema de producción. La especulación y el sistema de crédito engañan a los incautos y los ahogan en deudas, dejándolos en la total ruina. La clase media mundial es cada vez más pobre. Por lo tanto, ¿quién es el que consume desmesuradamente los recursos del planeta? Sí, las grandes multinacionales que, como Nestlé, llegan a naciones tercermundistas y se apoderan del territorio y del agua, alegando que el preciado líquido NO es un derecho humano, sino un bien de consumo. El consumidor sin ética ni control no son más que esos conglomerados alimenticios, tecnológicos, banqueros y farmacéuticos, no el ciudadano común.

Esta agenda se empeña con su discurso climático en hacerle creer al ciudadano de a pie que él es el culpable y no responsabiliza abiertamente a las grandes multinacionales por la contaminación. Por lo tanto, insiste en no comprar automóviles o mejorar los medios públicos de transporte, sino optar por la bicicleta, en no consumir agua y electricidad, mientras las grandes mineras a través del fracking envenenan las reservas subterráneas de agua y devoran energía sin límites ni restricciones, en no tener descendencia, mientras a los niños ya nacidos se les mata con azúcar y químicos.

Si bien, es imperativo regular cosas como el uso de plásticos, concretamente responsabilidad de una industria alimentaria devastadora e irresponsable, la agenda 2030 quiere hacerle creer al ciudadano que todo el caos planetario es su responsabilidad y de las naciones soberanas, por lo tanto, un gobierno global es la única solución. Un gobierno ideal en cabeza de las Naciones Unidas guiadas por China, el nuevo líder de la organización, bien conocido por sus crímenes de lesa humanidad, por sus políticas de producción desmesurada sin ética, de abortos forzados, de eugenesia, de esclavitud y control de masas por medio de la censura y de la represión.

En China pensar diferente es un delito mortal. Bien lo saben los practicantes de Falun Dafa. Cerca de 65,000 de ellos fueron perseguidos, desaparecidos, torturados y asesinados por el régimen chino y sus órganos vendidos en el mercado internacional de manera ilegal sin el consentimiento ni de las víctimas ni de sus familias. Incluso muchos de los cadáveres son ahora parte de la exposición BODIES de Günther von Hagens, ahora también investigado por estos crímenes.

Por su parte, los ciudadanos comunes son controlados por una red de cámaras al mejor estilo BLACK MIRROR y ven cómo sus derechos y libertades individuales básicas son coartadas y violadas por el régimen.

Eso es lo que le espera al mundo si más naciones se unen a esta agenda liderada por China. La ciudadanía debe saber y conocer a profundidad este documento. Trabajar, producir y consumir no es malo, quienes propician el caos y la crisis de recursos son las grandes industrias, es imperativo que los países protejan sus economías y fronteras y cuide de los suyos.

Migrar para volver a casa

Por: Sandra Rodríguez

La Gran Época, México

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Un conserje limpia la sala de sesiones de jurados en el juzgado del condado del Bronx. (Foto: Michael Appleton para The New York Times

Al viajar salimos de nuestra zona de confort y experimentamos cosas nuevas: olores, sabores, sensaciones y realidades. A pesar de lo bueno, lo malo y lo feo los rostros sonrientes prevalecen sobre los fríos, las palabras cálidas sobre las secas y los atardeceres sobre el cansancio.

Cuando se deja el hogar se tiene miedo por lo desconocido, por lo que pueda pasar, pero al mismo tiempo hay cierta emoción que se alimenta de este temor que nos empuja a tomar el riesgo. Sin embargo, cuando hay que dejar el hogar porque no hay más alternativa, el miedo es enorme, las expectativas aumentan y la realidad golpea más fuerte.

Ser diferente es como andar a tientas en un mar de personas que saben que no somos como ellos y a veces eso puede ser aterrador. Hay miedos y prejuicios de ambos lados. Nos espanta lo diferente y vemos al otro como un extraño fuera de este mundo; del otro lado, él piensa exactamente lo mismo. Nos asaltan las dudas y ellas se alimentan de los comentarios malintencionados, de las falsas informaciones de los medios, de las malas experiencias y del miedo fortaleciendo así nuestra ignorancia.

Perder es el mayor temor frente al que es diferente. Pero en realidad ¿qué perdemos al conocer al otro? Muchos argumentan que la migración es negativa para el desarrollo de un país y que amenaza su dinámica de crecimiento afectando el empleo. En todos los países que he visitado se repite esta fórmula y en todos se repite la misma realidad: un migrante toma siempre los empleos que los locales no quieren porque son trabajos de bajo estatus o mal remunerados, sin embargo, los locales les acusan de robarse los empleos que les corresponden.

En primera instancia se debe tener en cuenta la situación de pobreza, la crisis económica, la dinámica de los mercados y los desastres naturales, así como los conflictos internos, la violencia y la radicalización de políticas de estado que conllevan a más impuestos y menos valor adquisitivo del ciudadano promedio. Todos en Latinoamérica nos hemos visto de un modo u otro tentados a salir del país para buscar otros horizontes y mejores oportunidades que no tendremos en casa, sin embargo, cuando alguien cruza nuestra frontera, el rechazo es inminente. Los comentarios a la defensiva y querer evitar conocer la historia del otro forman la barrera que impide comunicarnos y entendernos.

¿Qué haces aquí? ¿Viniste a trabajar? ¿Hace cuánto que estás aquí? ¿Por cuánto tiempo te vas a quedar? ¿No hay trabajo en tu país? ¿Todavía se puede trabajar en tu país? Las preguntas salen con temor de sus bocas porque no quieren contar a uno más. Pero hay una pregunta que escuché en Alemania y que no olvidaré ¿Por qué aquí? ¿Por qué no te vas a otro país? La molestia de ver a otros luchar por sus esperanzas y sueños es algo que a muchos les hace caer la máscara de buen samaritano y desvela su odio por lo que no quiere conocer y su cobardía por no atreverse a arriesgarse a algo así.

Al contrario de lo que muchos piensan, los migrantes dinamizan el mercado no porque tomen los empleos existentes sino porque los crean ya que muchos de ellos abren sus propios negocios generando puestos de trabajo incluso para los locales.

Por otro lado, un migrante no ha representado ningún gasto para el Estado, como ciudadano no recibe subsidios o salud y educación gratuita. ¿Cuánto cuesta un ciudadano promedio desde que nace hasta que empieza a trabajar en su país? ¿Cuántos ciudadanos promedios pagan sus impuestos y se mantienen al día con sus obligaciones? Las tasas de evasión son altísimas en Latinoamérica y curiosamente los migrantes son los primeros en pagar sus obligaciones para no ser deportados.  La tendencia se repite en Europa y Estados Unidos.

Naturalmente también hay gente poco honesta y que sale solo porque delinquir parece más rentable en otro lugar, pero de esos hay pocos y de todas las nacionalidades. Son pocos en comparación con los miles que luchan cada día por un mañana mejor, lidiando con el miedo, el rechazo y el desprecio.

El miedo a la migración alimenta fobias y tendencias sociales muy nocivas como la xenofobia y el racismo, así como el elitismo y hasta el machismo. Estas se meten en la psique del colectivo y llegan a enraizar conductas incomprensibles como los ataques verbales, los golpes y hasta el asesinato o el abuso sexual. Comprender que la diferencia es diversidad y que esta es parte vital de la esencia del ser humano es indispensable para derrocar los muros de la intolerancia y más en Latinoamérica, en donde nos llenamos de orgullo por ser un pueblo grande, único y diverso, pero al parecer solo de boca para afuera.

¿Qué he aprendido de los migrantes? La capacidad de sonreír, de enfrentar a la adversidad con optimismo y de salir adelante así cueste mucho y duela. Lo vi reflejado en las lágrimas de una venezolana amable y dulce que dejaba Chile después de un malentendido en su trabajo y que mandaba mensajes optimistas a su hijo en Colombia para que siguiera luchando porque a pesar de todo, ella se mantenía firme en su meta: migrar de nuevo esta vez a Ecuador, para algún día poder volver a casa.

Las inversiones de China en América Latina, a expensas de EE.UU.

La compra desenfrenada de infraestructura en Latinoamérica podría resultar un arma útil contra Estados Unidos

Por: Paul Huang

La Gran Época, EE.UU.

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El empresario chino Wang Jin (Izq.) del Grupo HKND da la bienvenida a miembros del Frente Sandinista de Liberación Nacional para la inauguración de trabajos relativos a un canal interoceánico en Tola, 22 de diciembre de 2014 (Inti Ocon / AFP / Getty Images)

La creciente influencia económica de China en América Latina, debido a la compra desenfrenada de infraestructura, podría resultar útil como arma contra los Estados Unidos en caso de conflicto militar. Es lo que sostiene el doctor Evan Ellis, investigador de Estudios Latinoamericanos en el Instituto de Estudios Estratégicos del War College de los EE. UU.

El profesor Ellis argumenta que Sudamérica está cada vez más en los pensamientos del Partido Comunista Chino, ya que el Dragón tiene la intención de crear una “base operativa” en el hemisferio occidental.

Durante una conferencia en el Hudson Institute, Ellis dijo que aunque China afirma estar interesada solo en el aspecto económico de estas operaciones, el enorme alcance de estas sugiere que hay motivos militares.

Tal como se observó en Medio Oriente y África, China comenzó a comprar infraestructura y otros activos estratégicos en Latinoamérica en años recientes a un ritmo desenfrenado, a menudo a través de empresas estatales chinas, financiadas con dinero del régimen.

En Brasil, por ejemplo, China compró 87 grandes proyectos por valor de 46,800 millones dólares, vinculados a todas las áreas importantes de los sectores público y privado, que incluyen: centrales hidroeléctricas, puertos, aeropuertos, empresas agrícolas, compañías de telecomunicaciones, hospitales y bancos.

Según Ellis, la expansión de China en América Latina debería servir de advertencia a quienes toman las decisiones de seguridad nacional en Estados Unidos. Los países latinoamericanos, alguna vez considerados como el patio trasero de Estados Unidos, están recogiendo dinero chino, regalando la propiedad y el control de su infraestructura y activos críticos.

Todo lo que China compró o intentó comprar en América Latina podría usarse contra los Estados Unidos “en caso de conflicto”; Ellis afirma: “Si yo estuviera al mando del Ejército Popular de Liberación de China, miraría un mapa (de América Latina, ndr) y comenzaría a hacer preguntas sobre qué podemos hacer”.

“Si no podemos lograr que la Organización de Estados Americanos (OEA) actúe en Venezuela dada la situación ridícula que ocurre ahí, ¿cómo esperamos que estas compañías y países que están profundamente involucrados con los chinos apoyen a los Estados Unidos?”, pregunta Ellis. Venezuela sigue siendo uno de los aliados más cercanos de China, a pesar de que la economía socialista del país ha fracasado en los últimos años, convirtiéndose en un caso de crisis humanitaria.

Ellis señala que China ha definido sus relaciones con muchos estados que desea cortejar, y en América Latina hay siete (Argentina, México, Brasil, Venezuela, Ecuador, Chile y Uruguay) ‘asociaciones estratégicas’. El término parece oscuro para la mayoría de los observadores occidentales, pero en realidad es muy significativo.

En 2016, mientras los Estados Unidos estaban distraídos con sus elecciones, China silenciosamente promovió a seis de esos siete países (excluyendo Brasil) a la categoría más prestigiosa de “asociaciones estratégicas integrales”, lo que significa que China ahora considera de importancia estratégica aún mayor sus relaciones con estos países.

Ellis dice que las compras estratégicas de China en Latinoamérica, podrían permitirle acceder a “puertos de importación y puntos de apoyo de los Estados Unidos, que están muy cerca de las instalaciones comerciales operadas por los chinos”. Los que toman las decisiones en los EE.UU., dice Ellis, deberían reflexionar en las posibles consecuencias de esto.

Por ejemplo, a cien kilómetros de la costa de los EE.UU., las empresas chinas tienen depósitos, instalaciones logísticas y aeropuertos por valor de 10 mil millones de dólares, e incluso un hotel en las Bahamas, valuado en 4,200 millones de dólares.

Según Ellis, la expansión de China en África reveló muchas pistas de cómo pretende explotar estas propiedades una vez que se haya establecido una presencia lo suficientemente grande. De hecho, con el pretexto de operaciones contra la piratería, se construyó una base naval en Yibuti en el Cuerno de África, que se inauguró formalmente en agosto de 2017.

De acuerdo con el ritmo al que China compra e instala estas bases comerciales (en América Latina), puede en el futuro fácilmente convertir una base civil normal en una instalación equipada militarmente.

Versión original en inglés: https://www.theepochtimes.com/chinas-investments-in-latin-america-could-turn-military-assets-against-us-says-expert_2337148.html

Traducido del inglés al español por: Lucía Aragón

 

China quiere comprar América Latina

Valentin Schmid, Epoch Times

01/11/2015

Cuando se trata de China, todo es grande, sobre todo las cifras. China acaba de anunciar nuevas e importantes cifras: un programa de inversión de 250 mil millones de dólares para América del Sur.

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El presidente de Venezuela (der.), Nicolás Maduro, acompaña al dirigente de China, Xi Jinping (izq.), revisan la guardia de honor durante la ceremonia de bienvenida en el Gran Salón del Pueblo el 7 de enero 2015 en Pekín, China. (Foto: Andy Wong/ Getty Images)

El problema con las cifras es que, por un lado, esconden muchas cosas y, por otro, sacan conclusiones que son falsas después de un análisis minucioso.

Sí, 250 mil millones de dólares en una cifra relativamente grande. Pero esta inversión principalmente se hace en préstamos o dinero invertido en infraestructura, se repartirán en diez años. De repente, se reduce a 25 mil millones de dólares por año para todo un continente con un PIB de 5.7 billones de dólares en 2013, incluyendo el Caribe.

Desde otro punto de vista, los 25 mil millones de dólares representan un escaso 0.6% de las reservas de divisas de China, sin contar los intereses recibidos de sus más de un billón de dólares de los títulos del tesoro. China sabe que necesita diversificar esta enorme cantidad de activos y aprovecha cada oportunidad.

Por último, pero no menos importante, comparar esta cantidad con la de otros países: Estados Unidos invirtió $22.6 mil millones en América del Sur en inversiones extranjeras directas, sin incluir los préstamos oficiales.

Estados fallidos

Está claro que el sector público de los países socialistas sudamericanos necesita dólares en efectivo.

Después de provocar la caída de sus economías por la nacionalización y la sobrerregulación de los sectores productivos, países como Venezuela y Ecuador esperan recibir préstamos de 20 mil millones y 7.5 mil millones de dólares, respectivamente. Préstamos para comprar mercancías de Europa, Estados Unidos y China.

Sus deficientes economías se mantenían a flote por los altos precios de las materias primas, que ahora se derrumbaron, irónicamente,  debido principalmente a la desaceleración de la demanda china.

Así, mientras bajan las inversiones del sector privado de Estados Unidos, el sector público chino toma su lugar: trata de ganar influencia y asegurar recursos naturales (principalmente petróleo) a bajo precio a la espera de la recuperación de su economía.

Al comprar a los países socialistas de América del Sur (especialmente Venezuela), China apuesta por un mercado que indica que el país tiene un 90% de probabilidades de declararse en moratoria antes de finales del próximo año. China toma el control de América del Sur, lo que Occidente evita, similar a los países satélites de la época soviética durante la Guerra Fría.

Ganancia

Por cada inversión, hay que calcular la ganancia. Nadie en su sano juicio prestaría dinero a estos países cuando están al borde la quiebra, y tienen la reputación de rechazar tanto a inversores públicos como privados.

Tal vez China considera, porque es rica y poderosa, ¿qué estos países no se atreverán a hacer lo mismo?  No está del todo equivocada, porque América del Sur ya tiene cierto grado de dependencia con China, en dólares, importaciones o transferencia de tecnología.

Sin embargo, los países pequeños no tienen miedo de luchar contra China, que tiene la reputación de tirar el dinero en inversiones de riesgo en el extranjero.

Según cálculos de la American Enterprise Institute, en la última década, 250 mil millones de dólares de inversión y de construcción chinas en el extranjero se desperdiciaron por razones ajenas al mercado, principalmente debido a disputas legales. Esto representa una cuarta parte de las inversiones chinas y proyectos de construcción de la década pasada, ¡una cifra grande!

Fuente: http://www.theepochtimes.com/n3/1186633-china-wants-to-buy-out-latin-america/

China diversifica sus inversiones en América Latina

El gran apetito de China por materias primas ha hecho que su presencia en América Latina sea cada vez más importante, pero el gigante asiático está tratando de diversificar sus inversiones financiando con miles de millones los sectores clave de desarrollo como la infraestructura.

Mina peruana de Las Bambas (Foto: AFP/ Getty Images)

La cumbre G77 + China, que se llevará a cabo el sábado en Santa Cruz en el 50° Aniversario del grupo, tiene como objetivo promover el desarrollo económico, a través de la cooperación Sur-Sur y cuenta con delegaciones de los 133 Estados miembros, entre treinta jefes de Estado y de gobierno.

Bolivia, el país más pobre de América del Sur, ha experimentado un crecimiento, en estos últimos años, de más del 6% y planea grandes obras de infraestructura.

Las empresas chinas han expresado su interés en la construcción de un ferrocarril de Bolivia a Brasil, conectando el Atlántico con el Pacífico, así como carreteras y proyectos de conexiones fluviales.

El ministro chino de Relaciones Exteriores, Wang Yi, expresó recientemente en Brasilia, el interés de China, el mayor socio comercial de Brasil, de aumentar sus inversiones y su relación con América Latina y el Caribe.

El dirigente chino, Xi Jinping, brilla por su ausencia en la Cumbre de Santa Cruz, participará a mediados de julio en la Cumbre de los Brics, que reúne a los principales países emergentes (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica).

En Brasil, la mayor economía de la región, el interés de China se concentra en las grandes licitaciones para vías férreas, carreteras y electricidad.

En los últimos años, con la compra al por mayor de materias primas a América Latina y la venta de sus productos manufacturados, China se ha convertido en el segundo socio comercial de muchos países de la región y el primero en Brasil desde 2009.

Bolivia no consideraba a China como socio, pero ahora hay más comercio y, de hecho, hace poco le compró un satélite.

De acuerdo con un reciente informe de académicos estadounidenses, China proporcionó $102 mil millones de dólares en préstamos a países de Latinoamérica entre 2005 y 2013, principalmente a Venezuela y Argentina.

El año pasado, los préstamos chinos a los gobiernos, empresas públicas y privadas latinoamericanas fueron $20 mil millones de dólares. En 2012, la cifra sólo fue de $3, 500 millones de dólares, el más bajo desde que Pekín comenzó a interesarse en la región desde 2005.

Actualmente, en términos de comercio e inversión, China va más allá que los socios tradicionales de la región como Europa y Estados Unidos.

China juega cada vez un papel más importante en el nuevo milenio y consolida su expansión comercial acercándose a América Latina.

En Perú, una de las economías más dinámicas de la región, China hizo su más importante adquisición en el extranjero en la industria minera, con Las Bambas, mina de cobre por $4 mil millones de euros.

China es el segundo mercado más grande después de los Estados Unidos para Venezuela, país que dispone de las más importantes reservas probadas de petróleo en el mundo, y los dos países han hablado de aumentar la producción en la Faja del Orinoco, con una inversión de $28 mil millones de dólares.

América Latina es la región más feliz del mundo

Alex Johnston, Epoch Times

Una reciente encuesta de Gallup reveló que América Latina es, con mucho, la región más feliz del mundo. Ocho de las diez personas más felices del mundo son latinoamericanos, Panamá y Paraguay encabezan la clasificación.

En el centro de Asunción, los fanáticos de fútbol paraguayos celebran la victoria de su equipo nacional en la Copa del Mundo 2010 ( Norberto Duarte/ AFP/ Getty Images)

En el centro de Asunción, los fanáticos de fútbol paraguayos celebran la victoria de su equipo nacional en la Copa del Mundo 2010 (Norberto Duarte/ AFP/ Getty Images)

La encuesta, publicada el 19 de diciembre, evaluó las sensaciones positivas de los individuos de 148 países diferentes, a partir de sus respuestas a cinco preguntas, a saber: Cuánta alegría les dio el día anterior, si se sentían respetados, si aprendieron algo interesante, si se rieron o sonrieron mucho, y finalmente si se sentían bien descansados.

“El porcentaje promedio mundial de los interrogados que respondieron afirmativamente a todas las preguntas, refleja un planeta relativamente optimista”, dice el comunicado emitido por Gallup.

América Latina ganó casi todos los lugares del top 10, los habitantes de Panamá, Paraguay, El Salvador, Venezuela, Trinidad y Tobago, Guatemala, Ecuador y Costa Rica sintieron las emociones más positivas.

Fuera de América Latina, los dos países restantes en la primera decena de la clasificación son Tailandia y Filipinas.

Las respuestas más negativas, por el contrario, fueron las de los habitantes de Singapur, Armenia e Iraq. En Singapur, el índice de respuestas positivas al cuestionario de Gallup fue del 46%; en Armenia e Iraq del 49% y 50% respectivamente. Junto se colocan Georgia, Yemen, Serbia, Bielorrusia, Lituania, Madagascar y Afganistán.

Gallup refirió un estudio en el que el aumento de ingresos no necesariamente proporciona más bienestar. En los Estados Unidos, “los ingresos no representan una diferencia significativa en las emociones positivas cotidianas, hasta que el individuo gana más de US$ 75,000 por año”, dice.

“Estos datos podían sorprender a analistas y dirigentes que sólo se interesan en los indicadores económicos tradicionales”, afirman en Gallup. “Los habitantes de Panamá, en el lugar 90º del ranking mundial, según el indicador del PIB per cápita, se encuentra entre las poblaciones más susceptibles de expresar emociones positivas.”

Al final de esta última encuesta, Gallup señaló la necesidad de que más países recurran a un “enfoque holístico para el progreso”, en lugar de aspirar a ello refiriéndose solamente a los indicadores puramente económicos.