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San Miguel de Allende, una atractiva ciudad con arte

Por: Christiane Goor y Charles Mahaux

La Gran Época, Francia

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(Foto: Charles Mahaux)

En el corazón de un paisaje de  montañas y valles exuberantes, San Miguel emerge como un sueño eterno. La pequeña ciudad mexicana y su centro histórico no han cambiado durante casi tres siglos y para preservar el encanto, todos los proyectos de restauración o construcción deben estar estrictamente de acuerdo con la arquitectura colonial del sitio para preservar el título de Patrimonio Mundial de la Humanidad que obtuvo en 2008.

Todo comenzó en 1555 cuando un misionero franciscano, el padre Juan de San Miguel, eligió establecer una comunidad cerca de dos manantiales de aguas transparentes que caían a los flancos de un cañón. Mal percibido por los autóctonos Chichimecas que vivían en la región, hizo venir a otros indígenas del Estado de México para intentar una mejor integración.

La pequeña ciudad estaba ubicada idealmente en la carretera que conectaba a la capital con dos importantes ciudades mineras, Zacatecas y Guanajuato, un destacamento de soldados españoles también se estableció ahí para asegurar la seguridad de los convoyes.

Parada de caravanas y mulas en la famosa Ruta de la Plata, San Miguel El Grande prospera rápidamente para atender a los viajeros y sus necesidades. Las calles adoquinadas están

bordeadas por hermosas mansiones coloniales pintadas en cálidos tonos ocre, amarillo y naranja, sus patios cargados de plantas con flores. Algunos barones de la plata de Guanajuato lo convierten en su segundo hogar y la pequeña ciudad despega como centro vacacional.

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Santa Cruz del Chorro, la primera iglesia construida por franciscanos en las alturas, no lejos de las fuentes que todavía alimentan a trece lavanderías como antaño. (Foto: Charles Mahaux)

La decadencia se inició a raíz de la independencia, a pesar de que la ciudad se enorgullece de haber dado a luz a un actor importante de la conspiración contra el gobierno español, Ignacio Allende, un criollo que dirigía la facción armada del grupo rebelde. San Miguel fue el primero en liberarse de la tutela colonial y es por eso que en 1826, la joven república rindió homenaje al hijo local uniendo su nombre al de la ciudad para formar San Miguel Allende.

Paraíso de los GI Bill

Con el cierre de la mayoría de las minas, la pequeña ciudad durmió como congelada en el tiempo y se hubiera convertido en un pueblo fantasma si su arquitectura barroca excepcional no hubiera atraído el interés del gobierno mexicano, al darse cuenta de la riqueza histórica del lugar y lo clasificara monumento histórico en 1926.

Los años 40 ven llegar a algunos artistas estadounidenses que, atraídos por la luz y la buena vida de la ciudad, se instalaron ahí, y detrás de ellos sus familiares que llegaban de visita.

En 1948, la revista Life publicó un reportaje sobre San Miguel Allende “el paraíso de los GI” porque permitía a los veteranos de guerra optar por una beca en la Escuela de Bellas Artes. El costo de la vida particularmente bajo en México contribuyó a atraer a muchos ex soldados e incluso hoy, la pequeña ciudad está poblada por ancianos americanos de Estados Unidos y Canadá, que eligen pasar el invierno ahí y no dudan en comprar una residencia.

Así nació por segunda vez la vocación turística de San Miguel de Allende que nunca se apagaría. A pesar de la gran presencia de extranjeros, estamos en México. La magia siempre emerge.

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Hay que tener muy buenas piernas para caminar por los floridos callejones bordeados de antiguas mansiones coloniales que llevan hacia el centro histórico. (Foto: Charles Mahaux)

Aferrándose a las laderas de un valle, el paseo es siempre algo deportivo entre calles empinadas y empedradas que caen en el centro de la ciudad. El Jardín Principal, la plaza principal es el lugar de encuentro para todos. Enmarcado por mansiones señoriales, algunas de las cuales están adornadas por arcadas y terrazas, está dominado por las torres de arenisca rosada de la iglesia parroquial de San Miguel Arcángel.

Si bien la construcción del edificio comenzó en 1578, evolucionó a través de los siglos y su factura actual de estilo neogótico es el fruto de la labor de un cantero de origen indígena que se inspiró en las catedrales góticas europeas para construir un sorprendente conjunto de torres con forma de flauta y altas bóvedas que recuerdan a la Sagrada Familia de Gaudí y los castillos de cuentos de hadas.

Otras iglesias, todas notables, marcan el descubrimiento del centro histórico, entre la rica fachada barroca mestiza del Oratorio de San Felipe Neri con domos múltiples, el portal del Templo de la Salud rematado con una gran concha de St. Jacques protegiendo el ojo de Dios o la espléndida fachada churrigueresca en arenisca rosa del Templo de San Francisco con aires de iglesia fortificada.

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Es imposible no enamorarse de la imponente iglesia de San Miguel Arcángel que domina la plaza principal llamada Jardín de Allende, sin duda debido a los muchos árboles que bordean el quiosco central. (Foto: Charles Mahaux)

Alma de bohemio

Pero el encanto de San Miguel de Allende es su relajado, cálido y un poco bohemio ambiente, sin duda inspirado por los artistas que han marcado la ciudad con su huella. El Centro Cultural Nigromante ubicado en un antiguo convento del siglo XVIII alberga una escuela de Bellas Artes activa desde 1938 y el trabajo de los estudiantes se muestra en las galerías. Una sala que vale la pena visitar para admirar un fresco sin terminar del famoso muralista, David Siqueiros, que relata la vida de Allende.

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San Miguel Allende es la cuna del movimiento muralista mexicano, David Alfaro Siqueiros es un fiel representante, aquí su fresco sin terminar en la sala del Nigromante. (Foto: Charles Mahaux)

El Instituto Allende es otro lugar que desde 1961 alberga una escuela de idiomas y otra de arte en los muros del convento carmelita. Las numerosas tiendas son pequeñas galerías que muestran la calidad de las artesanías mexicanas, así como el trabajo de los estudiantes que asisten regularmente a clases de arte en la ciudad. Finalmente, un importante mercado artesanal alinea docenas de tiendas que dan vértigo, tantas son las posibilidades de compra de recuerdos.

San Miguel cobra vida todas las noches en su plaza principal con bandas de mariachis que tocan las mejores canciones del género. Los eventos culturales, espectáculos y fiestas crean vínculos privilegiados entre los habitantes. Pero especialmente cada mes ve el nacimiento de un festival que bajo una connotación a menudo religiosa ayuda a mantener la cohesión social entre nativos y extranjeros que viven en la ciudad. Así, durante el carnaval, es costumbre que los niños aplasten un cascarón en la cabeza de un vecino, es decir, la cáscara de huevo seco relleno de confeti y, a veces de harina. No es raro ver a niños persiguiendo a bellas damas estadounidenses que disfrutan con ellos. Sutil encuentro entre lo cosmopolita y la tradición mexicana.

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El jardín del hotel La Puertecita ofrece un oasis de tranquilidad. (Foto: Charles Mahaux)

Alojamiento: El hotel boutique La Puertecita es un remanso de paz después de un día de turismo y compras. En la cima de la colina, lejos del ruido de la ciudad, enclavado en las laderas de un pequeño cañón rodeado de zonas verdes, abre la puerta a un pequeño paraíso de la arquitectura colonial contemporánea. 24 habitaciones, todas espaciosas, anidan entre los jardines animados por fuentes y tupidos árboles. Las cuencas floridas y las estatuillas desgastadas por el tiempo dan vida a los macizos de flores enmarcados por buganvilias y rododendros. Invitación para relajarse, hamacas extienden los brazos a los que quieren acurrucarse, ya sea para leer o escuchar el jardín,  www.lapuertecita.com

Artículo en francés: http://www.epochtimes.fr/san-miguel-de-allende-une-seduisante-ville-dart-217132.html

Traducido por: Lucía Aragón