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Extraño romance entre el gran capital y el socialismo

Se ha escrito una historia de amor extraña y poco convencional entre las grandes empresas y el socialismo.

Por: Joshua Philipp

La Gran Época, Estados Unidos

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(JOEL SAGET/AFP/Getty Images)

En las llamadas sociedades libres, las grandes empresas se han convertido en fuerzas que imponen la aplicación de “leyes” culturales: pueden despedir, humillar, arruinar la vida de aquellos que no cumplen con los nuevos sistemas de lo políticamente correcto.

La Corte Suprema de los Estados Unidos reafirmó unánimemente en junio de 2017 que la llamada “incitación al odio” no es ilegal en los Estados Unidos porque está protegida por la Constitución como manifestación de la libertad de expresión. Sin embargo, esta protección constitucional es ignorada por una gran parte de la sociedad.

Por supuesto, la definición de “discurso de odio” está cambiando en gran medida y, en la práctica, ha evolucionado a menudo de acuerdo con las necesidades de la izquierda socialista. Hay muchos ejemplos; recientemente, por ejemplo, un empleado de Google le dijo al Proyecto Veritas que Google censuró el contenido conservador en su motor de búsqueda para evitar la elección de Donald Trump. Incluso un sitio tan apolítico como Ravelry, que agrupa a la comunidad de tejedores, había anunciado que cerraría las cuentas de sus usuarios que apoyan a Donald Trump, bajo el pretexto de que el presidente era el símbolo de ideas consideradas odiosas.

En todos los casos de estos llamados discursos de odio, las personas que no cumplan con las leyes no escritas del buen pensamiento corren el riesgo de ser denunciadas públicamente, como en junio, cuando el Daily Beast humilló públicamente a un conductor de un montacargas negro del Bronx por haber creado un video humorístico que mostraba a Nancy Pelosi, la Presidenta de la Cámara, tartamudeando como si estuviera borracha.

Una situación similar ocurrió en febrero de 2018, cuando CNN envió a un periodista a la casa de una anciana para acusarla de compartir un artículo “ruso” en Facebook. La misma situación ocurrió cuando Nick Sandmann, un estudiante de secundaria de 16 años, fue falsamente acusado por los medios de comunicación de acosar a un amerindio. En respuesta, las celebridades bromearon en Twitter sugiriendo que lo mataran a él y a sus compañeros de clase.

Lo políticamente correcto nació, como herramienta política, con el Partido Comunista Chino de Mao Zedong, cuando estableció en 1967 que aquellos que apoyan las políticas socialistas son “políticamente correctos” y los que se oponen a ellas pueden ser humillados, arrestados o asesinados públicamente.

Los medios de comunicación y las grandes empresas se han convertido en organismos no oficiales de aplicación de la ley, árbitros de lo políticamente correcto. Identifican a las personas, las humillan, se ponen en contacto con sus empleadores y tratan de destruir sus vidas. Envían el mensaje de que cualquiera, sin importar su edad o raza, es susceptible de ser atacado si viola estas leyes socialistas de lo políticamente correcto, que estas compañías establecen y aplican.

Las grandes corporaciones, en connivencia con las facciones políticas socialistas, han encontrado una manera de aplicar los dictados socialistas al suplantar las leyes. A través de lo que se puede llamar terrorismo político, envían el mensaje de que es peligroso no cumplir con lo políticamente correcto. Y así comprar el silencio forzado de las víctimas potenciales, aterrorizadas.

“El monopolio del capitalismo de estado”

Contrariamente a la creencia popular, el socialismo no se deshace de las grandes empresas. Lo que elimina son los principios del libre comercio; coloca a las empresas bajo el control del Estado, luego las subvenciona devolviéndoles los frutos de los altos impuestos y las controla a través de leyes estrictas y sofocantes. Estas nuevas empresas estatales aprenden a vivir en un entorno competitivo; los ejecutivos pueden ser nombrados como el Estado lo considere oportuno; y los impuestos apoyan a las empresas que de otro modo se declararían en quiebra.

El ejercicio de confirmación es simple: nombrar un país o régimen socialista que haya eliminado las fábricas, las grandes corporaciones o los regímenes socialistas endeudados a los que se oponen muchas personas en los sistemas capitalistas. Muchos países que siguen el “modelo nórdico” son probablemente más capitalistas que Estados Unidos: en Dinamarca, por ejemplo, es más fácil iniciar un negocio que en la mayoría de los estados americanos, y ni siquiera existen leyes sobre el salario mínimo.

Incluso en las sociedades llamadas “agrarias”, como la Rusia zarista o Camboya a mediados del siglo XX, donde no había un sistema “capitalista” que destruir, los revolucionarios socialistas se “apoderaron de los medios de producción” de la gente, incluyendo las semillas, el equipo agrícola y la tierra. Y en ambos casos, esto condujo al genocidio por la “causa socialista”.

Lenin explicó la intención de asegurar que las empresas sirvan al Estado desde el principio, refiriéndose al socialismo de 1917 como un sistema de “monopolio del capitalismo de Estado” que era un paso necesario hacia los objetivos finales de la disolución social y moral del comunismo.

El resultado, en esta ideología política, es que las empresas independientes son destruidas, los medios de producción y los recursos confiscados, y el Estado trata de microgestionar la economía a través de estas empresas y de una burocracia estatal masiva.

Al mismo tiempo, los directivos de las grandes empresas están a veces a favor de este sistema. Después de todo, el socialismo no se deshace de la corrupción o la codicia: las subvenciona. El socialismo es, en última instancia, sólo una cuestión de monopolio, un monopolio de estado.

Esta es en parte la razón por la que los antisocialistas de principios del siglo XX se opusieron no sólo al socialismo, sino también a las formas emergentes de corporativismo colectivista que finalmente definieron la economía moderna de Occidente.

Tomemos el ejemplo del famoso escritor G.K. Chesterton. Como muchos antisocialistas de su tiempo, consideraba que los problemas del socialismo no se limitaban a los sistemas socialistas tal como los conocemos hoy en día. Los problemas se extendieron a los cambios en el “libre” mercado bajo el monopolio de las empresas.

Muchos escritores, entre ellos Chesterton, expresaron sus críticas de manera más general como una oposición a la “tiranía” y al “monopolio”, que incluye todo el espectro del socialismo y las partes más oscuras del funcionamiento de las grandes empresas.

Chesterton escribió en su revista GK’s Weekly en 1925: “No hay nada frente a nosotros más que un desierto plano de estandarización, ya sea por el bolchevismo o por las grandes empresas. Y es extraño que al menos no hayamos visto la razón de ello, aunque sólo sea en una visión, a medida que avanzan, condenados eternamente al crecimiento sin libertad y al progreso sin esperanza”.

La tiranía del socialismo de las grandes empresas

El socialismo es un sistema de tiranía subsidiada y corrupción. Toma todas las peores características de las grandes empresas y de la política corrupta y las solidifica en la sociedad a través de los altos impuestos y el control burocrático del Estado.

El clásico economista liberal Ludwig von Mises explica en su libro de 1947, Planned Chaos, que “nada es más impopular hoy en día que la economía de mercado”. Muchas facciones políticas hacen diferentes acusaciones contra el capitalismo, hasta el punto de contradecirse, cuando muchas de estas críticas están de hecho dirigidas contra los conceptos socialistas adoptados en las economías de mercado.

Mises escribió: “Aunque el capitalismo es el sistema económico de la civilización occidental moderna, las políticas de todas las naciones occidentales están guiadas por ideas totalmente anticapitalistas. El propósito de estas políticas intervencionistas no es preservar el capitalismo, sino sustituirlo por una economía mixta”.

Muchas grandes empresas apoyan las políticas socialistas de los Estados, ya que pueden beneficiarse de los sistemas de monopolio y de las subvenciones.

¿Por qué, por ejemplo, la industria farmacéutica apoya a los políticos que quieren una asistencia médica basada en un modelo socialista, es decir, gratuita? Esto se debe a que el costo de esta atención los financiaría y se beneficiarían de una mayor protección.

En lugar de presionar a estas grandes empresas para que reduzcan los costos de los medicamentos y mejoren los servicios, un sistema socialista de salud hace que estos temas sean incuestionables. Las grandes compañías farmacéuticas se apoyan entonces en los impuestos, en lugar de verse obligadas a reducir los precios de los medicamentos y mejorar la calidad de la atención.

El socialismo en los Estados Unidos también significaría que el gobierno podría regular la salud pública y forzar a la gente a recibir atención médica, al mismo tiempo que evitaría algunas opciones externas de atención.

El mismo principio se aplica a la educación y al azote de la deuda de los estudiantes. En lugar de reducir el costo de la educación y cambiar los programas educativos para ayudar a los graduados a encontrar empleo después de la universidad – y así permitirles pagar sus deudas – muchas instituciones educativas quieren que las políticas socialistas subsidien la educación. Esto les permite utilizar el dinero de los contribuyentes para mantener altas tasas de matrícula y seguir ofreciendo diplomas que no son muy útiles en el mundo real, porque no importa si los estudiantes no encuentran un trabajo para pagar sus préstamos.

La dura realidad es que las políticas socialistas trabajan en conjunto con las grandes empresas.

Los políticos financiados por estas grandes compañías se convierten en títeres que trabajan para ellos. En este intercambio, estos políticos crean historias para convencer al público de que vote por políticas que subsidian a las grandes empresas. Y a través de este nuevo tipo de corrupción, llegan a representar los intereses de las grandes corporaciones más que el bienestar de la gente que se supone que representan.

Esta red corrupta entre el socialismo, las grandes empresas y la política siempre ha existido. Es un fundamento de los sistemas socialistas. Durante la Guerra Fría, Wall Street en los Estados Unidos inyectaba dinero en la Unión Soviética, y sólo cuando este canal de financiación fue cortado el régimen comunista se derrumbó. Vemos los mismos vínculos entre la actual Wall Street y el Partido Comunista Chino.

Si una empresa es corrupta, no puede durar mucho cuando se vuelve demasiado grande. Las empresas que no ofrecen precios competitivos y buenos servicios sólo pueden perdurar si tienen un monopolio, y las sociedades libres se supone que deben romper con tales monopolios. El socialismo hace todo lo que puede para limitar la competencia de las pequeñas y medianas empresas.

Entonces, ¿por qué tantas grandes empresas quieren políticas socialistas, si el socialismo se está deshaciendo del sistema “capitalista” del que dependen?

La base del socialismo es el monopolio. Bajo el socialismo, se permite que las grandes empresas persistan -bajo el control del Estado- con dinero de los impuestos, lo que significa que no necesitan ser competitivas en términos de precios y servicios. El socialismo es el modelo preferido de las grandes empresas corruptas, porque elimina los riesgos y obligaciones que conlleva ser una gran empresa.

Y es probablemente por eso que tantos “millonarios y multimillonarios” lo apoyan.

Traducción: Lucía Aragón

Régimen chino restaura la propaganda maoísta

Por Nicole Hao

La Gran Época, Estados Unidos

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Una foto de La leyenda de la linterna roja, “ópera modelo” comunista china. (Foto: Dominio público)

Desde el período de reforma económica que comenzó en la década de 1970, el Partido Comunista Chino ha adoptado una actitud ambigua hacia el legado de Mao Zedong, el dictador que gobernó China entre 1949 y 1976, y cuyo reinado culminó en la traumática y destructiva Revolución Cultural.

Pero recientemente, mientras el PCCh busca fortalecer su control ideológico sobre sus cuadros y la sociedad china en general, ha traído elementos de propaganda de la era de Mao Zedong, tales como las revolucionarias “ocho óperas modelo”, y revisaron los libros de texto de historia para dar un tono más positivo a su gobierno.

Según un informe de Chinascope del 13 de septiembre, los internautas chinos descubrieron que la nueva edición de los libros de texto de historia china de octavo grado publicados por la Prensa Popular para la Educación, controlada por el PCCh, omite la palabra “erróneamente” en su descripción de cómo Mao comenzó su última y más larga campaña política, la Revolución Cultural.

Durante la Revolución Cultural, personas de todos los sectores sociales, incluidos los miembros del Partido, fueron objeto de duras críticas, humillaciones públicas y, a veces, de violencia mortal. La campaña también acabó con la cultura tradicional china. Después de la muerte de Mao, los líderes del PCCh criticaron la Revolución Cultural y revirtieron parte del daño que había causado.

Pero mientras que la vieja edición del manual dice que Mao Zedong “creyó erróneamente que había revisionismo en el Comité Central del Partido” y lanzó la Revolución Cultural, la nueva edición destaca los peligros del capitalismo y el contexto ideológico comunista de la campaña:

“A mediados de la década de 1960, Mao Zedong creyó que el partido y el país se enfrentaban al peligro de la restauración capitalista. Con este fin, hizo hincapié en “tomar la lucha de clases como la clave” y tratar de evitarla poniendo en marcha la “Revolución Cultural”. En el verano de 1966, la “Revolución Cultural estaba en pleno apogeo”, dice el texto de la nueva edición.

Aunque el PCCh ya no sigue las mismas interpretaciones del comunismo que Mao Zedong, sigue adorando a la ideología comunista y a Karl Marx. Los miembros del partido y los funcionarios del régimen están obligados a leer las publicaciones del partido, ver sus emisiones de televisión y navegar por sus sitios web, como se indica en una “notificación urgente” que las autoridades del PCCh en Luodi, provincia de Hunan enviaron a los

funcionarios locales, según Radio Free Asia informó el 13 de septiembre.

El 11 de septiembre, el Servicio de Noticias de China anunció que la ópera de propaganda revolucionaria china La leyenda de la linterna roja se presentaría los días 4 y 5 de octubre en Nanjing, en el este de China. El reporte enfatiza que todos los artistas de ópera nacieron entre 1980 y 1990, y que el espectáculo podría educar a las jóvenes generaciones en la historia del PCCh.

La Leyenda de la linterna roja es una de las “ocho óperas modelo” planeadas por la esposa de Mao, Jiang Qing. Durante la Revolución Cultural, fueron las únicas formas de artes escénicas aceptadas en toda China. Establecida durante la ocupación japonesa, La leyenda de la linterna roja sigue la historia de varios guerrilleros comunistas mártires por la causa revolucionaria.

Artículo en inglés: Version original

Traducción de Lucía Aragón

Cuando la fe marxista falla incluso en China

Por: Annie Wu

La Gran Época, EE.UU.

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Muchos funcionarios chinos corruptos para escapar de su destino oran a las deidades autóctonas. (Foto: Pixabay)

El partido comunista de China es una organización atea, una dictadura orwelliana que controla a sus ciudadanos, les imponen que pueden creer y que no. Sin embargo, muchos funcionarios del partido comunista recurren a prácticas ocultas que en Occidente llaman superstición: la adivinación, la predicción de la suerte y prácticas de diversos tipos. Todo en un intento de evadir su destino.

Minzhou Wei, secretario del Partido Comunista en la ciudad de Xi’an, al saber que estaba en problemas cuando sus superiores lo llamaran para una ‘entrevista’, inmediatamente consultó a un adivino que le aconsejó sembrar una planta de bambú frente a su casa.

El caracter chino para ‘bambú’ suena como la palabra ‘stop’, el presunto acto propicia detener la investigación contra la corrupción abrumadora de Wei, pero no le funcionó. En agosto de 2017, fue expulsado del partido comunista por soborno y ahora está en espera de juicio.

Desde que Xi Jinping comenzó la versión china de manos limpias, casos como el de Wei son muchos.

El PCCh prohíbe a sus miembros creer en todas las prácticas que (a su entera discreción) define como “supersticiosas”. Además el ateísmo estructural innato en el comunismo, esta línea particularmente dura contra lo espiritual, se origina en la Revolución Cultural de Mao Zedong de los años 60 y 70.

El objetivo del entonces dictador era erradicar la fe tradicional y las costumbres que estaban enraizadas en las antiguas religiones tradicionales del budismo, taoísmo y confucianismo. Es la infame campaña para destruir y “erradicar” a los Cuatro Viejos de la mente de las personas: viejas ideas, vieja cultura, viejas costumbres y viejos hábitos.

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Chinos queman varitas de incienso durante el Festival de Medio Otoño en el Templo Jing’an en Shanghái el 4 de octubre de 2017. (Foto: Chandan Khanna / AFP / Getty Images)

 

En todos los rincones de China, los templos budistas, las estatuas religiosas, los monasterios taoístas y los sitios arqueológicos de inmensa importancia histórica y cultural fueron saqueados y destruidos por completo durante el régimen de Mao.

A pesar de este trastorno traumático y violento de las creencias espirituales, lo divino está profundamente arraigado en el pueblo chino. Esto se demuestra claramente por el hecho de que altos funcionarios del partido, a pesar de las reglas, aun recurren a Budas, Dioses y espíritus en tiempos de necesidad. Emblemática en este sentido es la acusación de “actividades supersticiosas” en la lista de acusaciones imputadas al ex gobernador de Liaoning, Liu Qiang, purgado por el partido tras la investigación de manos limpias de Xi Jinping.

En resumen, los crímenes de corrupción y soborno no son los únicos en ser impugnados: el perfil social en Wechat del Beijing Daily (uno de los diversos órganos de propaganda del PCCh) ha publicado repetidas noticias de funcionarios del partido sujetos a acciones disciplinarias por “creencias supersticiosas”.

Escape del destino

Desde el comienzo de la campaña anticorrupción (iniciada por el XVIII Congreso Nacional del PCCh en 2012), todas las noventa piezas del partido viven con el temor a caer de un día para otro en desgracia, y buscan desesperadamente la protección de las deidades.

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Gu Junshan. (Foto: Captura de pantalla / Chinanews.com)

Cuando, por ejemplo, el ex jefe del Departamento de Logística del Ejército, Gu Junshan, fue detenido e interrogado por corrupción, encontraron una espada de madera de durazno en su bolsillo (de acuerdo a la religión taoísta, un arma contra los demonios). La espada de durazno no tuvo el efecto deseado: Gu Junshan fue condenado a muerte pero le dieron el indulto en 2015.

Sin embargo, circulan muchos otros sorprendentes detalles de la alta dirigencia del PCCh, desesperados y convencidos de que otras fuerzas poderosas tienen el control de su destino. Uno de ellos fue el muy poderoso Zhou Yongkang.

Durante la década de 1990, el infame Zhou Yongkang (el antiguo zar de la Seguridad Nacional que cayó en desgracia) una vez invitó a un monje a leer su rostro, para intentar una especie de análisis fisonómico y predecir su futuro. Las evaluaciones del monje le dijeron que sus perspectivas eran “buenas”, pero que para avanzar en su carrera tenía que construir un cementerio familiar digno de su linaje. Al escuchar esto, Zhou de inmediato le pidió a su hermano hacer lo que el monje había ordenado, contratara a un monje de la ciudad de Wuxi, donde estaban ubicadas las tumbas y llevara a cabo ritos budistas.

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Zhou Yongkang en la sesión de apertura de la Asamblea Popular Nacional (APN) el 5 de marzo de 2012. (Liu Jin / AFP / Getty Images)

Durante la siguiente década, Zhou Yongkang se convirtió efectivamente en el más poderoso de los principales dirigentes del Comité Permanente del Politburó.

Pero en el otoño de 2009, la familia Zhou descubrió que alguien había cavado un agujero en su tumba ancestral, un acto inequívoco de profanación. El alto funcionario del PCCh (a pesar de las estrictas normas de rechazo en las creencias supersticiosas tan anunciadas por el partido) movilizó a las fuerzas policiacas de las provincias de Wuxi, Shanghái y Jiangsu (llegando a implicar al Ministerio de Seguridad Pública) para encontrar al culpable. Todo sin éxito.

En 2012, Zhou Yongkang cayó en desgracia en el caso de los altos funcionarios del PCCh Wang Lijun y Bo Xilai, condenados por crímenes muy graves en los que incluso Zhou estaba involucrado. En 2015, Zhou Yongkang fue condenado a cadena perpetua.

Un aliado de Zhou, suplente del secretario del partido de Sichuan, Li Chuncheng, fue castigado por usar fondos públicos para trasladar una tumba ancestral ubicada en Dujiangyan (norte de China) hasta cerca de la ciudad de Chengdu (suroeste), por sugerencia de un maestro taoísta de feng shui. Usó 10 millones de yuanes en este proyecto (1 millón 600 mil dólares).

Zhou Yongkang estuvo vinculado al ex líder del PCCh, Jiang Zemin (perteneciente a una facción opuesta a la de Xi Jinping), quien fue el primero en buscar el consejo de un conocido maestro de qi-gong llamado Wang Lin, de quien se dice tiene poderes sobrenaturales.

Wang aconsejó a muchos funcionarios de la facción de Jiang cómo mejorar sus fortunas. Wang le dijo una vez al ex ministro de ferrocarriles, Liu Zhijun, que si colocaba una piedra de montaña en su oficina, nunca caería en desgracia. Desafortunadamente, en 2013, fue acusado de soborno y sentenciado a muerte con indulto.

A fin de cuentas, hasta al jefe absoluto del PCCh se le olvida ser ateo

De hecho, incluso el ex líder del PCCh, el implacable Jiang Zemin, estaba aterrado por la retribución, que sabe le espera por los crímenes cometidos. De hecho, Open Magazine de Hong Kong, reporta que en el 2001, Jiang había rogado a la Bodhisattva Ksitigarbha la salvación. Este tirano brutal y sanguinario –conocido por estar privado de todo sentido moral– a pesar de ser el hombre más poderoso de China, se acercó a una monja de Pekín para obtener una copia del “Sutra del Bodhisattva Ksitigarbha”, libro que copió a mano (en el budismo, se considera un acto de mérito y devoción).

Si uno mira el mal que Jiang ha causado, no hay nada de sorprendente en perseguir trucos de todo tipo para comprar la salvación.

Entre sus numerosos crímenes, destaca especialmente el haber querido, organizar y ordenar personalmente en 1999 la persecución de la disciplina espiritual de Falun Gong. Un completo y complejo aparato de persecución que sigue funcionando (Xi Jinping, aunque no está involucrado personalmente, no ha logrado que termine), arrestando y encarcelando ilegalmente a practicantes de Falun Gong sin un juicio. Seres humanos que sufren violencia y tortura de todo tipo, generalmente perdiendo la vida.

Cuando no sufren ese destino, los practicantes de Falun Gong son seleccionados para el tráfico internacional de trasplantes de órganos humanos, muy lucrativo para el poderoso clan de Jiang Zemin. Examinados oportunamente al momento de su arresto, al momento de aparecer un cliente (chino o extranjero) que necesite un nuevo corazón, matan al practicante de un disparo. Si por otro lado, es un riñón o una córnea, tienen la ‘esperanza’ de someterse a la extracción forzada de su órgano sin ser asesinados previamente.

Tratamiento que los seguidores de esta práctica espiritual podrían evitar, con la condición de firmar, al momento del arresto, un documento de ‘arrepentimiento’ y de abjurar de su propia fe. Pero, como lo demuestra la historia del cristianismo primitivo, los que cultivan sinceramente una verdadera creencia espiritual, por lo general no dudan en elegir la tortura y la muerte, en lugar de traicionarse a sí mismos y a Dios.

Este artículo contó con la contribución de Zhang Dun, Emiliano Serra y Lucía Aragón

Artículo en inglés: Atheist Chinese Officials Turn to the Supernatural During Desperate Times

Traducción de Lucía Aragón

China silenciosa en el quincuagésimo aniversario de la Revolución Cultural

Joshua Fatzick, Voice of America news

Hace cincuenta años, el Partido Comunista Chino comenzó la Revolución Cultural, con la promesa de que traería una sociedad más justa, pero en la práctica sólo la llevó a un completo desastre social y económico.

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Un barrendero limpia el suelo enfrente del Mausoleo de Mao en la Plaza Tiananmen en el quincuagésimo aniversario de la Revolución Cultural en Pekín, China el 16 de mayo de 2016. (Foto: Reuters)

Este trascendental aniversario pasó desapercibido y con un aplastante silencio virtual de los medios de comunicación estatales de China.

El 16 de mayo de 1966, el líder del Politburó del Partido Comunista Chino, Mao Zedong, comenzó la campaña con la purga de cuatro altos funcionarios del partido y, el anuncio de que devolvería supuestamente el poder a la clase obrera, poder usurpado por los burgueses.

Lo que sucedió no fue la utopía comunista que Mao planeó sino un periodo brutal de violencia, escasez de alimentos y dificultades económicas, que llevaron a la persecución y muerte de millones de personas.

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En esta foto de archivo tomada el 14 de septiembre de 1966, los jóvenes de la Guardia Roja se manifiestan ondeando copias de escritos del líder del Partido Comunista Mao Zedong, referencias al Pequeño Libro Rojo de Mao y llevan un cartel de Karl Marx. (Foto: AP)

Ahora parece que el gobierno chino prefiere olvidar por completo la Revolución Cultural. No hubo eventos oficiales ese día, ni tampoco se mencionó el aniversario en los periódicos de China continental.

En lugar de eso, los principales titulares de los periódicos de mayor circulación de China estuvieron dedicados a Donald Trump y el ex alcalde de Londres, Boris Johnson, comparaciones entre la UE y la Alemania del Tercer Reich de Hitler, la furia del régimen chino por un reciente informe del Pentágono, y sobre los intentos de la policía por localizar niños desaparecidos.

“Hechos incomodos”

Roderick MacFarquhar, experto en la Revolución Cultural de la Universidad de Harvard, dijo a The Guardian, que el actual dirigente de China, Xi Jinping, busca evitar cualquier “hecho incómodo” sobre la revolución.

“El hecho realmente incómodo, que Xi Jinping en particular no puede digerir es el papel de Mao (en la Revolución Cultural). A Mao, en realidad, le complacía el caos. Le encantaba la idea de una guerra civil… lo último que Xi Jinping quiere hacer es resucitar cualquier cosa que tenga que ver con la Revolución Cultural, ya que es inevitable que afecte la reputación de Mao”, dijo MacFarquhar al periódico británico.

Mao reclutó a jóvenes chinos en su grupo paramilitar de Guardias Rojas para atacar a los cuatro viejos de la sociedad china: Costumbres, cultura, hábitos e ideas.

Estas bandas de estudiantes humillaron y torturaron públicamente a maestros y a otros funcionarios de escuelas, e incluso entregaron a sus propios padres por expresar ideas contrarrevolucionarias. Miles de personas fueron golpeadas hasta morir, o incluso los orillaron al suicidio.

No fue sino hasta 10 años más tarde, cuando Mao murió, que la violencia y las dificultades cambiaron completamente, pero tardó cinco años más, hasta 1981, que el régimen chino reconociera oficialmente que las políticas de Mao “llevaron a la agitación interna y trajo la catástrofe al partido, al estado y a todo el pueblo.”

El legado de Mao sigue siendo un tema que divide a China.

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En esta foto de archivo tomada el 27 de agosto de 1966, una estatua de Buda cubierta de carteles que decían “destruir al viejo mundo”, y “establecer un nuevo mundo”, por un ultrapatriótico Guardia Roja que rechazaba las antiguas tradiciones chinas, en el templo Lin Yin en Hangzhou, China. (Foto: ARCHIVO/ AP)

A pesar de los desastrosos efectos económicos y sociales de sus políticas, las ideas de Mao han resurgido en los últimos años, sobre todo entre los viejos y pobres miembros de la sociedad, que sienten nostalgia por la época en que el estado les proveía y la sociedad era más igualitaria, pasando por alto la muerte y la destrucción.

“O la gente ha olvidado la Revolución Cultural o están cada vez más insatisfecho de las condiciones sociales, pero desde mediados de la década de los 90, este tipo de ideas ha ganado popularidad”, Xu Youyu, quien fuera investigador de la Academia de Ciencias Sociales de China, dijo a The Associated Press.

Riesgo de repetir

Los únicos informes de los medios de comunicación sobre la Revolución Cultural en China salieron de Hong Kong, que es una región semiautónoma con mayores libertades económicas y de expresión comparadas con la parte continental.

La semana pasada, el South China Morning Post publicó un artículo de opinión de Cary Huang, pedía a la nación recordar su pasado, o correr el riesgo de repetirlo.

“Mientras que muchas universidades occidentales imparten cursos y realizan programas de investigación sobre la Revolución Cultural, Pekín prohíbe la discusión pública y el estudio académico del tema, temiendo que al volver al periodo oscuro, y reflexionar sobre el pasado daría lugar a una reevaluación del papel del partido en la China moderna”, escribió Cary.

Cary dijo que las consecuencias políticas de la Revolución Cultural siguen afectando a la política china, y cuestionó que el partido tenga una visión propia ya que el sistema construido por Mao sigue bloqueando los esfuerzos para “adoptar la modernidad.”

“Si el partido teme revelar la verdad sobre su propio pasado y se niega a aprender de él, ¿cómo puede tener una visión clara de la dirección correcta hacia el futuro?”, dijo.

Versión original en inglés: http://m.voanews.com/a/china-marks-50th-anniversary-of-cultural-revolution-with-silence/3331926.html?ltflags=mailer

Cambian al presidente de la agencia China Nueva

El Partido Comunista Chino (PCCh) nombró a un nuevo presidente para dirigir la agencia oficial de noticias Xinhua, Cai Minzhao, subdirector de propaganda del PCCh, en sustitución de Li Congjun, que dejó el cargo por límite de edad.

El Partido Comunista Chino nombra nuevo presidente para dirigir la agencia de noticias Xinhua. (Foto: AFP/ Stan Honda)

El Sr. Cai asumió el cargo el 31 de diciembre por la noche. Cai Mingzhao, subdirector del Departamento de Propaganda del PCCh, también fungió hasta entonces como Director de la Oficina de Información del Consejo de Estado (gobierno).

Miembro del Comité Central, el Sr. Cai nació en 1955, se unió a los 19 años al partido comunista en 1974, dos años antes de la muerte de Mao Zedong y del final de la Revolución Cultural (1966-1976), sirviendo en las filas del Ejército Popular de Liberación (EPL) de 1970 a 1976.

Posteriormente, trabajó durante 23 años como periodista en la agencia de noticias Xinhua, 1978-2001, antes de salir del cargo de Vicepresidente para unirse al Consejo de Estado como subdirector de la Oficina de Información, según su biografía oficial.

Cai Minzhong fue subdirector del Departamento de Propaganda del PCCh, con rango de viceministro, editor del Diario del Pueblo, órgano central del PCCh, y director de Administración de las Ediciones en idiomas extranjeros.

A los 65 años, su predecesor, Li Congjun, también miembro del Comité Central, tuvo que dejar el puesto por límite de edad, dejó de ocupar el cargo de presidente y jefe del partido de la agencia oficial.

El Sr. Li fue presidente de China Nueva desde marzo de 2008.

Fundada por el PCCh en 1931, China Nueva cuenta con más de 7,000 corresponsales, editores, administradores y técnicos.

Cuenta con cinco oficinas regionales en el mundo, Hong Kong, Bruselas, México, Nairobi y El Cairo, una oficina en París, Nueva York y Moscú.

La agencia maneja un virtual monopolio de la información en el mercado interior chino.

La promoción de un mejor gobierno en China en la transición de su dirigencia

David Kilgour

David kilgour, ex miembro del Parlamento canadiense, además de desempeñarse como Secretario de Estado para Asia-Pacífico.(Gary Feuerberg/ Epoch Times)

China ha dado tanto al mundo durante cinco milenios. El respeto que tengo por su pueblo creció durante varias visitas al país; fue un honor representar, por muchos años en el parlamento, a canadienses cuyo origen es el Reino Medio.

Los gobiernos democráticos y sus pueblos, legisladores y sociedad civil deberían estar participando, tan activamente como fuera posible, en la actual transición de dirigentes. Probablemente la democracia con características chinas está más cerca de lo que muchos creen. No debemos olvidar nunca que los valores que buscamos son universales, incluyendo la dignidad en todo, el Estado de Derecho, la democracia multipartidista, la responsabilidad social de las empresas y la necesidad de buenos empleos para todos, incluyendo estadounidenses y canadienses (Un manual útil en el desarrollo de la democracia del Consejo para la Comunidad de Democracias, se puede  visitar en: http://www.diplomatshandbook.org.)

Para ilustrar las dificultades de ese compromiso con Pekín, tomemos el caso de Bo Xilai, a quien muchos gobiernos democráticos y empresarios cortejaron incluso después de que quedó claro que saldría del partido comunista. El primer ministro de Canadá se reunió con él en la ciudad de Chongqing el 11 de febrero, nueve días después de que su ex jefe de policía, Wang Lijun, buscara refugio en el consulado de EE.UU. en Chengdu. Bo y Wang fueron de los más brutales acosadores de practicantes de Falun Gong.

El primer ministro Wen Jiabao, estaba tan preocupado por la conducta de Wang que su pregunta retorica a los miembros del partido salió de una reunión a puerta cerrada el 14 de marzo: “Sin anestesia, la extirpación de órganos de humanos aún con vida y venderlos por dinero ¿puede hacerlo un ser humano?” Wen usó también las muchas demandas legales en 13 países en contra de Bo por su papel en el saqueo de órganos, que lo quitó como ministro de comercio en 2007.

Bo, Wang y otros más estuvieron en la facción del ex presidente Jiang Zemin, que ascendieron porque apoyaron la brutal persecución a Falun Gong que continúa desde mediados de 1999 hasta la actualidad. El Departamento de Estado, por ejemplo, supo de la extirpación de órganos a practicantes de Falun Gong, al menos desde 2006, pero recién en mayo de 2012, reconoció el bien documentado crimen de lesa humanidad en su reporte de derechos humanos. Los gobiernos democráticos deben apoyar a Wen y a los miembros reformistas del partido en esta y una serie de cuestiones de gobernabilidad.

¿Fin de la política maoísta?

Jung Chang y Jon Holliday finalizan la biografía de 2006, Mao, La historia desconocida, diciendo: “Hoy en día, el retrato de Mao y su cadáver aún dominan la Plaza de Tiananmen en el corazón de la capital china. El presente régimen comunista declara ser el heredero de Mao y ferozmente perpetúa su mito”. Muchos historiadores lo incluyen junto con Stalin y Hitler, como los tres peores asesinos de masas del siglo XX. Chang-Holliday dicen: “En total, más de 70 millones de chinos murieron bajo el régimen de Mao en tiempos de paz.”

Los métodos de Mao no perecieron con él en 1976. En 2003, por ejemplo, el partido comunista trató de ocultar el impacto del mortal virus SARS. Sólo cuando un médico envió a medios de comunicación extranjeros la cantidad real de habitantes de Pekín afectados por el SARS, el partido-estado puso en marcha medidas de cuarentena. La misma indiferencia hacia el bien público se repitió en 2008 en el escándalo de la contaminación de productos lácteos Sanlu, que provocó la enfermedad y muerte a cerca de 300,000 bebés chinos. Hay una gran cantidad de otros ejemplos.

El partido comunista sigue usando su fuerza abrumadora para suprimir las voces que abogan por el estado de derecho. Una es la de Gao Zhisheng, abogado nominado tres veces al Premio Nobel de la Paz. Hace una década, fue nombrado uno de los mejores diez abogados de China. La ira del partido se disparó cuando decidió defender a Falun Gong; se inició con la eliminación de su permiso para ejercer la abogacía, un atentado contra su vida, ataque de la policía a su familia y el cese de sus ingresos. Se intensificó cuando Gao respondió con huelgas de hambre a nivel nacional que pedían la dignidad para todos. Uno de sus comunicados describía más de 50 días de tortura en la cárcel.

Los juicios en China son teatro. Los ‘jueces’ por lo general ni siquiera escuchan el testimonio dado en los tribunales. El canadiense Clive Ansley, que ejerció como abogado en Shanghai por 13 años, explica el destino de Gao y muchos otros mediante la observación: “Hay un… dicho entre abogados y jueces chinos que creen realmente en el estado de derecho… (que) ilustra la futilidad de tratar de ‘ayudar a China en la mejora de su ordenamiento jurídico capacitando a los jueces. Se trata de: ‘Los que escuchan el caso no lo juzgan; los que juzgan no escucharon el caso’… Nada de lo que ocurre en el ‘tribunal’ tiene algún impacto en la ‘resolución’.”

Tíbet y el Dalai Lama

Otro ejemplo de mal gobierno es el Tíbet y el Dalai Lama. Como líder espiritual de los tibetanos, ciudadano honorario de Canadá y respetado líder mundial. Su santidad es la mejor esperanza de un nuevo gobierno de Pekín en la solución pacífica de la cuestión del Tíbet. Defiende la autonomía del Tíbet bajo el dominio chino, rechaza la violencia, no favorece la secesión y este año entregó la política a los hombres y mujeres elegidos democráticamente. Cuando Su Santidad habló a una gran audiencia en Ottawa a principios de este año, indicó que sentía que el pueblo chino en general aceptaría un grado de autonomía para el Tíbet, consciente de que es todo lo que se busca. También mencionó la trágica pérdida de vidas, la inmolación de hasta ahora 30 tibetanos.

Medio Natural

Tres décadas de “todo se vale” en la economía han provocado un daño importante al pueblo chino, al medio natural, sus vecinos y al mundo entero. Considere lo siguiente:

  • Cerca de quinientos millones de ciudadanos chinos carecen de agua potable; muchas fábricas siguen vertiendo residuos en la superficie del agua.
  • Un estudio del 2007 del Banco Mundial junto con la Agencia Ambiental de China, encontró que la contaminación ha causado 750,000 muertes prematuras al año.
  • El carbón proporciona ahora cerca de dos tercios de la energía de China, ya quema más que Europa, Japón y Estados Unidos juntos. Las emisiones de las plantas chinas llegan más allá de sus fronteras, sin embargo el partido comunista no ha logrado nada substancial relativo a la protección del agua, aire y suelo. Muchos expertos concluyen que al parecer China no puede llegar a ser ecológica sin un cambio político.

Salud Pública/ Seguridad

En la actualidad, el estado de la salud pública en toda China es muy preocupante. No hay un sistema de salud para la población rural ni está en las nóminas estatales. Bajo el nuevo modelo de privatización, médicos, hospitales y farmacias se convirtieron en ‘centros de lucro’, esperando financiar sus actividades a través de las cuotas de los pacientes. Menos de la quinta parte de los trabajadores chinos tienen pensiones; menos aún están cubiertos por un seguro de desempleo. El partido-estado por su parte se posa en billones de dólares de divisas.

‘Capitalismo Ponzi’

El año pasado, Jonathan Manthorpe, desde hace tiempo observador cercano de China, escribió en el Vancouver Sun:

“Lo que se ve en China son variaciones de lo que se llama el esquema Ponzi. Un

gobierno local, sin un sistema eficaz para incrementar los ingresos fiscales, y…tan plagado de corrupción…vende terrenos en desarrollo para reunir dinero en efectivo… (primero debe deshacerse de los campesinos que viven en el terreno…) Luego la tierra se venderá a una empresa de desarrollo…propiedad del gobierno local. Y, siendo China, donde sobreviven los restos de la economía dirigida, el municipio tiene la facultad de instruir a los bancos que presten el dinero de la venta a la empresa de desarrollo. Por lo que el gobierno local obtiene dinero en efectivo, la compañía propiedad del municipio construye un complejo industrial o residencial, y todo parece bien.”

Un tema relacionado con la burbuja inmobiliaria apareció en el Financial Times. En la ciudad costera de Wenzhou, se van a construir departamentos de lujo a 70,000 yuanes (11,000 dólares) por metro cuadrado, que es aproximadamente el doble del ingreso anual de un ciudadano promedio. Para financiar un departamento de 150 metros cuadrados, en el edificio se consumiría hasta el último centavo que un habitante típico obtendría en 350 años.

Un camino a seguir

En China, hubo 180,000 “incidentes de masas” en 2010, todo, desde huelgas hasta disturbios y manifestaciones, el doble que en 2006. El régimen sigue confiando en la represión y la brutalidad para mantenerse en el poder. Los valores universales deben afirmarse continuamente en las relaciones con Pekín.

Hay lecciones que deben aplicarse en China, desde la resistencia civil no violenta, lo que ha ocurrido en muchas naciones. Cada una fue diferente en términos de boicots, protestas masivas, huelgas y desobediencia civil. En total, los gobernantes autoritarios fueron deslegitimados y abandonados por quienes los apoyaban.

Un interesante pasaje apareció en el New York Times, después de la elección en Taiwán (enero de 2012). Señalaba que la agencia de noticias del partido-estado chino, Xinhua, evitaba palabras como “presidente” y “democracia”, presentando las elecciones sólo como locales. Un empresario chino, al observar las elecciones, sin embargo  señaló: “Es una idea increíble, poder elegir a las personas que nos representen. Creo que la democracia llegará a China. Es sólo cuestión de tiempo.”

Una China democrática, no asesinaría a ciudadanos de Falun Gong en campos de trabajos forzados ni participaría en ningún acto de mala gobernabilidad mencionado anteriormente.

Conclusión

Los gobiernos democráticos y sus comunidades empresariales deben examinar el porqué apoyan la violación de tantos valores universales, en búsqueda de incrementar el comercio con China. Durante años, ha dado como resultado en la subcontratación de puestos de trabajo a China y los continuos aumentos del déficit comercial bilateral. Nuestras comunidades empresariales al invertir más en China, ¿no sienten la necesidad de empleo de sus conciudadanos? Los demás nos centramos en acceder a bienes de consumo más baratos y, esencialmente, ¿hacemos caso omiso a los costos en el medio ambiente humano, social y natural que pagan los ciudadanos chinos para producirlos?

Peter navarro, profesor de la Universidad de California, afirma que en gran medida, los mercados de consumo de todo el mundo han sido “conquistados” por China a través del engaño. Navarro tiene varias propuestas destinadas a garantizar un comercio justo. En concreto, dice que todas las naciones deben:

  • Definir la manipulación de la moneda como un subsidio ilegal a la exportación y agregarla a las otras subvenciones a la hora de calcular las sanciones anti-dumping y derechos compensatorios;
  • Prohibir el uso del trabajo forzado efectivamente, no sólo en el papel como ahora, pagar salarios y condiciones de trabajo decentes para todos;
  • Aplicar las disposiciones para proteger el medio ambiente natural en todos los acuerdos comerciales con el fin de revertir la “carrera hasta tocar fondo del medio ambiente” en China y en todas partes.

El partido-estado en Pekín está haciendo grandes cambios en su personal de alto nivel. Los designados deben buscar la dignidad para todos los chinos si desean alcanzar la prosperidad sostenible de la nación. Su función actual en Siria, Irán, Nepal, Corea del Norte, Sudán, Taiwán, Zimbabue y demás lugares, también requiere de una reforma significativa si el objetivo del nuevo gobierno es la construcción de la armonía internacional con justicia para todos.

El pueblo chino desea las mismas cosas que el resto de nosotros: respeto, educación, seguridad y salud pública, buenos puestos de trabajo, estado de derecho, gobernabilidad democrática y un entorno natural sostenible. Si el partido-estado termina con sus violaciones a la dignidad humana en el país y en el extranjero, comienza a tratar a todos los miembros de la familia humana de una manera justa, el nuevo siglo traerá armonía para China y el mundo.

David Kilgour fue miembro del Parlamento canadiense de 1979-2006, fue Secretario de Estado (Asia-Pacífico) durante 2002 y 2003.También fue nominado al Premio Nobel de la Paz en 2010. Para mayor información, vea: www.david-kilgour.com

Secretos de Zeng Qinghong, 1ª. Parte

Jin Qing, The Epoch Times

Zen Qinghong, el 9 de marzo de 2006 en Pekín (Andrew Wong/ Getty Images)

Su padre, Zeng Shan coludido con los japoneses durante la guerra

Zeng Qinghong, ex burócrata otrora poderoso del Partido Comunista Chino, fue durante un largo periodo fiel colaborador y aliado del ex líder del régimen Jiang Zemin y Bo Xilai, el alto funcionario del partido que fue expulsado. La carrera política de su padre también es poco gloriosa: colaboró con los japoneses durante la guerra civil en China.

La historia de estos dos hombres pone de manifiesto cuán oscuros detalles históricos pueden usarse para desacreditar a los opositores políticos y el juego sutil del poder político en China comunista.

Quién es Zeng Qinghong

Zeng Qinghong, ex vicepresidente de China, de 72 años, se mantuvo ocupado después de perder su trabajo en la víspera del 17º  Congreso Nacional del partido comunista en 2007.

Después de que Jiang Zemin y su camarilla perdieron el poder en el seno del PCCh, Zeng decidió actuar como “cerebro” de la facción de las “manos ensangrentadas” de Jiang, para asegurarse de que esta facción y el mismo no tuvieran que pagar por sus crímenes.

Rumores políticos indicaron que Jiang había intentado reemplazar a Hu por Zeng Qinghong, pero los altos dirigentes del PCCh no lo permitieron.

De acuerdo con una fuente de alto nivel de Pekín, Bo Xilai era el preferido de Jiang como sucesor. Cuando Bo no pudo convertirse en un miembro permanente del Politburó, en el Congreso Nacional de 2007, era una señal de que Bo no podría llegar a ser secretario General del PCCh en el 18º  Congreso Nacional. Entonces, Zeng sugirió a Jiang que debía detener a Li Keqiang, viceprimer ministro y protegido de Hu, para que no se convirtiera en el jefe del PCCh en el 18º  congreso. Zeng sugirió a Jiang encontrar a alguien más para ocupar el puesto de secretario general antes de que Bo lo obtuviera. Zeng recomendó a Xi Jinping, un hombre que creía era poco ambicioso en la política.

Xi reemplazó a Li mientras que Jiang y Zen favorecieron en secreto a Bo Xilai. Xi no era consciente de los verdaderos motivos de Jiang hasta que fue a los Estados Unidos. Según algunas fuentes, los servicios de inteligencia estadounidenses pusieron a Xi al corriente de los planes de Jiang de poner a “Bo después de Xi”.

El padre de Zen Qinghong colaboró con Japón

Zeng Shan se unió al PCCh en 1926. Zeng era el jefe del Nuevo Cuarto Ejercito y trabajó al este de China después del estallido de la guerra sino-japonesa. En numerosas ocasiones, representó al PCCh mediante la firma de tratados secretos con los japoneses.

Después del inicio de la Revolución Cultural, Mao Zedong purgó a decenas de miles de miembros veteranos del PCCh. Zeng Shan logró escapar a la purga, por haber trabajado con los japoneses.

Jin Jiangpin, comentarista político, sugirió que en un artículo publicado en una revista del Estado, la víspera del 17º  Congreso Nacional de 2007 comenzó la caída de Zeng Qinghong.

“Creo que Hu tomó la revista y la aventó a los pies de Zeng Qinghong, diciéndole El Diario del Pueblo de mañana contendrá este artículo. ¿Qué vas a hacer? Zeng renunció inmediatamente. Además, vimos que Zeng anunció su dimisión por el 17º Congreso Nacional”, declaró Jin Jinaping en un blog. El Diario del Pueblo es el portavoz del partido.

La revista Archivos Secretos del Pasado habla regularmente de las hazañas de los miembros del PCCh. El artículo hablaba del pasado de Zeng. Decía que en el año de 1967, los guardias rojos y los insurgentes creían que Zeng era un traidor que había trabajado con los japoneses. Hubo tentativas de humillar y perseguirlo públicamente, pero finalmente lo protegieron de cualquier daño.

De acuerdo con este artículo, Zeng trabajó en el Ministerio de Seguridad Pública. Reconoció la firma de tratados secretos con los japoneses, pero dijo haberlo hecho siguiendo las órdenes del Comité Central del PCCh. Los guardias rojos no le creyeron y presionaron al Ministerio de Seguridad.

El artículo continúa diciendo que un jefe del ministerio de seguridad escribió a Wang Dongxing, director de la Oficina Central del PCCh y a Xie Fuzhia, ministro de Seguridad Pública, para pedirles que se abriera una investigación a raíz de las acusaciones contra Zeng Shan. Autorizaron al jefe de la oficina y a otros cuatro funcionarios a entrar en la sala de los archivos secretos con un documento certificado por Wang y Xie.

Después de varios días de investigación, los cinco hombres encontraron telegramas que probaban que el comité central del PCCh efectivamente ordenó a Zeng Shan firmar tratados secretos con los japoneses. Entre las pruebas se encontraron telegramas que contienen detalles de los tratados. Los telegramas fueron firmados por Mao Zedong, Zhou Enlai, Liu Shaoqi, Ren Bishi y Kang Sheng.

A partir de este informe, no autorizaron a los cinco hombres sacar los documentos de la sala de archivos secretos, por lo que copiaron la información relativa a las afirmaciones de Zeng Shan e informaron a sus superiores.

Kang Sheng, el brazo derecho de Mao, espía en jefe del partido y jefe de seguridad, convirtió rápidamente el descubrimiento de estos cinco hombres en un acto “contrarrevolucionario”, y presionó a Wang y Xie a castigar a estos cinco hombres. Condenaron al jefe de la oficina a ocho años de prisión y lo liberaron después de la muerte de Mao Zedong.

El best-seller Los pequeños príncipes de China escrito por He Pin y Gao Xin publicado en 1992, habla de los orígenes de cuarenta hijos e hijas de altos funcionarios del partido. Añade detalles a esta controversia. Según este libro, el 27 de septiembre de 1967, Zhou Enlai, dio a los iniciados del PCCh, instrucciones especiales para considerar que las actividades de Zeng Shan tuvieron fundamento en las órdenes del Comité Central del PCCh. Se prohibió a los grupos revolucionarios interferir.

En este ambiente de tensiones políticas. Mao conspiró para matar a ciertos veteranos del PCCh, entre ellos Liu Shaoqi, Peng Zhen y He Long. Sin embargo, Mao trató bien a Zeng Shan y lo nombró personalmente, luego del 9º  Congreso Nacional, para continuar en sus funciones como miembro del comité central.

Zeng Shan murió en 1972 de un ataque al corazón. El mismo año, el PCCh renunció a 600 mil millones de dólares en reparaciones de Japón a China. Jin Jianping dijo que el PCCh no se atrevió a reclamar una indemnización porque Japón sabe muchos de los secretos del PCCh.

A diferencia de la mayoría de los ciudadanos de China, durante la Revolución Cultural, Zeng Shan tuvo una vida relativamente fácil. Su hijo Zeng Qinghong, actualmente bastante viejo, tampoco pasa por momentos difíciles.